La receta del 2009 parece querer repetirse este año ¿Será buena receta? ¿Nos dará el impulso que nos sacará de la desaceleración económica? En mi opinión no. Y creo que hay varias razones.
Publicado el 10.10.2014
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La idea de una política fiscal expansiva ha sido la tónica de la presentación en el congreso del presupuesto para el año 2015. Claro, como estamos en un escenario de desaceleración –hoy las proyecciones hablan de un magro 2% de crecimiento o menos-, el Gobierno busca dar un giro expandiendo el gasto público y ha anunciado un crecimiento de éste  de casi 10% real. Para que el lector tenga una referencia le doy algunas cifras: en promedio, durante el gobierno de Sebastián Piñera el gasto público se expandió al 4.6% real, cifra igual a la del gobierno de Ricardo Lagos, muy similar a la del gobierno de Patricio Aylwyn (4.9%) y de Eduardo Frei (6%). De ahí que el crecimiento del gasto para 2015 es prácticamente el doble de lo que usualmente estábamos acostumbrados y sólo es comparable con el primer gobierno de Bachelet, cuando producto de la crisis internacional de 2009 y de la expansividad de los años 2006 a 2008, se expandió el gasto público cerca del 10% real (promedio 2006-2009).

La receta del 2009 parece querer repetirse este año ¿Será buena receta? ¿Nos dará el impulso que nos sacará de la desaceleración económica? En mi opinión no. Y creo que hay varias razones. En primer lugar, recordemos que el sector público es sólo cerca de un 23% de la economía chilena y el resto corresponde al sector privado, es decir el 77%. De ahí que lo lógico es que la salida de la desaceleración sea impulsada por el sector privado. De hecho, si queremos que el impulso sea duradero, el camino es entregarle incentivos al sector privado para que invierta y sea el motor que mantenga el crecimiento en el futuro.

En segundo lugar, el contexto es muy distinto. En ese momento estábamos frente a la crisis internacional de mayor magnitud en los últimos 80 años. De hecho, el año 2009, las economías avanzadas cayeron 3.4% y Latinoamérica lo hizo en 1.3%, algo muy distinto a lo que se proyecta para 2015, donde ambos bloques estarían creciendo más de 2%. Por lo tanto hoy no hay crisis internacional, sino por el contrario, la economía internacional paulatinamente se está recuperando y acelerándose. Nuestra desaceleración es por lo tanto de origen interno y posiblemente muy influida por la incertidumbre del debate de reformas en todo ámbito que están en discusión. Es difícil que el gasto público sea la respuesta para ese diagnóstico. La receta parece ir mucho más en la línea de diseñar políticas públicas consensuadas que promuevan el crecimiento económico.

En tercer lugar, los diseños de la política fiscal son muy distintos. En 2009, parte importante del impulso fiscal fue por medio de disminuir impuestos transitoriamente a las personas y empresas, para que fuera el sector privado el que reimpulsara la economía. Además hubo un componente de gasto público muy importante, pero parte de este gasto público permitió financiar transferencias a los privados (bonos) para que fueran estos últimos los que los gastaran. En ese sentido, el paquete fiscal de 2009 tuvo conceptualmente un eje mucho más incentivador del sector privado, elemento que lamentablemente hoy está bastante ausente.

Además, como explicaba antes, el diseño tuvo una parte que era no permanente y que estaba relacionada con la disminución transitoria de impuestos. Por lo tanto después de un tiempo, esto se revertía automáticamente. Esto es importante porque permitía revertir parte del impulso fiscal. A pesar de esto, en 2009 también había elementos irreversibles relacionados con la expansión del gasto público. Esto último es justamente lo que se hace hoy. De ahí que el presupuesto 2015 es de aumento de gasto permanente. La consecuencia: tanto éste como futuros gobiernos deberán incorporarlos en sus futuros ejercicios, lo que presiona al alza el gasto público en los próximos años y presiona hacia mayores déficit fiscales, algo que se acrecentará en la medida en que el país disminuya su tasa de crecimiento y la recaudación del cobre siga disminuyendo como fracción del PIB.

Pero no nos perdamos, es verdad que el paquete de 2009 puede parecer mejor diseñado y algo más justificado que en 2015, pero la efectividad del paquete fiscal de 2009 para sacarnos de la crisis económica es aún muy dudosa. De hecho, note que en 2009 Chile hizo crecer su gasto público en cerca de 16% real, casi tres veces el promedio de Latinoamérica que lo hizo en 6%. Pero a pesar de ese inmenso impulso, Chile tuvo una caída en su PIB (-1%) de magnitud muy similar al promedio de Latinoamérica (-1.3%). No se ve entonces el impulso del gasto público reflejado en disminuir la caída de la economía.

A esto hay que sumarle que las decisiones de política fiscal de 2009 llevaron a Chile a un déficit estructural de 3.1% del PIB en ese año. Este déficit se fue paulatinamente cerrando entre 2010 y 2013, pero se ha vuelto a ampliar en 2014 y 2015, y de acuerdo a las proyecciones de la Dirección de Presupuestos se mantendrían déficit estructurales a lo menos hasta 2018, completando así 10 años de déficit estructurales. Esto ilustra lo difícil que es revertir la expansividad de la política fiscal. En esta materia sí hay que ser prudente, porque el financiamiento de estos déficit requiere aumentar el endeudamiento neto del fisco que sólo este año habría aumentado de 1.3% del PIB a 3.7%, es decir en algo más de 6.000 millones de dólares. Mantener déficit fiscales los próximos años seguirá aumentando el endeudamiento neto, pero este último en algún momento deberá ser pagado, lo que posiblemente nos obligará a realizar algún ajuste de gasto. Así, los aumentos de gasto público, que para algunos pueden parecer dulces en el corto plazo, pueden ser dolorosos y  amargos en el mediano y largo plazo.

 

Rodrigo Cerda, Investigador Clapes-UC.

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO