La derecha debe estar consciente de que si nuevamente sólo vendrá al Gobierno a administrar, gestionar y ordenar, con seguridad volverá a terminar afuera en cuatro años más. Si el sector pretende construir un proyecto político de más larga data, debe estar dispuesto a hacer reformas y arriesgarse, a correr la línea, a abandonar de una vez por todas de las zonas de comfort, a salir a la calle y no devolverse más.
Publicado el 26.03.2017
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Durante los dialogantes años 90, la derecha en Chile se acostumbró a la tarea fácil. Algo más del 30% de los votos, pero casi la mitad de la representatividad en el Poder Legislativo (sistema binominal), sumado a los altos quórum que exigían las leyes relevantes, hicieron que literalmente sin hacer mucho esfuerzo, fuera posible mantener el “barco navegando” y evitar grandes contratiempos. Para colmo, la hoy extinta Concertación entendió las reglas del juego y se contentó con capturar un Estado para sus operadores y simpatizantes. Con el tiempo y de manera natural sus partidos se adjudicaron qué institución les pertenecía “por derecho adquirido” y una nueva clase comenzó a surgir, una burocracia post dictadura, cómoda y que se sentía a gusto con sus acotadas obligaciones. En su cúspide estaban nuestros parlamentarios, quienes sin cargo de conciencia alguno se reelegían con facilidad, siendo una verdadera “corte” de este reinado burócrata.

Pero la Concertación se agotó bastante antes de lo que hubiesen querido sus miembros, y la elección de Sebastián Piñera (ayudado por un renegado MEO que vino a protestar de su propia cuna concertacionista) desató la preocupación y el caos para muchos “servidores públicos” que llevaban más de veinte años cobijados en los suaves y fecundos brazos de la administración estatal. Por otro lado, la derecha se enfrentó a una realidad desconocida y ajena, de la cual la inmensa mayoría de sus miembros no tenía comprensión alguna, no en materia de conocimientos técnicos o profesionales, sino del lenguaje propio acuñado en la administración del Estado, con sus tiempos, mañas, códigos y símbolos. De ahí lo difícil de la instalación del Gobierno de Piñera y sus deficiencias políticas, que a pesar de ello, terminó mostrando buenos niveles de gestión, empleabilidad y crecimiento económico, por lo demás las tareas que le son más naturales a la derecha.

El problema es que la plebe y burgueses nos aburrimos de la corte de burócratas, y con posterioridad al año 2010 comienza en Chile un clamor por que la política “salga del living a la calle”, y ha sido desde la ciudadanía que se ha forzado a una mayor transparencia en su financiamiento, refichajes, operadores, funciones, negocios, conflictos de interés, etc. Pero así como es importante que la política deje de conformarse con mantener el “barco navegando”, también lo es que apueste por lo original, novedoso y audaz, por las reformas, porque Chile y su democracia sobrevivieron a la transición gracias al diálogo y la paz social, pero ahora eso no es suficiente.

Efectivamente, la Nueva Mayoría fracasó en dar ese paso, pues además se necesitaba no descuidar las ganancias que ya habíamos construido. No sirve desnudar un santo para vestir otro, sino lograr una cadena de sucesos que edifiquen una mejor calidad de vida para todos. La Nueva Mayoría no heredó de la Concertación los niveles de excelencia, parsimonia y capacidad de diálogo. Muy por el contrario, se obnubiló con una retroexcavadora pobre, por momentos populista y alterada, que terminó por minar sus posibilidades objetivas de estar algo más de cuatro años en el poder, quitándoles el balón de oxigeno a los antiguos burócratas post dictadura.

A su vez, la derecha le tomó el gusto al Estado y se dio cuenta de que hay vida más allá de las municipalidades, buena vida. Al mismo tiempo le llegó por rebote la oportunidad de volver rápidamente a La Moneda de la mano de Sebastián Piñera una vez más. Pero el sector debe estar consciente de que si nuevamente sólo vendrá a administrar, gestionar y ordenar, con seguridad volverá a terminar afuera en cuatro años más. Si la derecha pretende construir un proyecto político de más larga data, debe estar dispuesta a hacer reformas y arriesgarse, a correr la línea, a abandonar de una vez por todas de las zonas de comfort, a salir a la calle y no devolverse más.

 

Jorge Andrés Pomar R., director Patrimonio Republicano y conductor de Radio Agricultura

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI /AGENCIAUNO