Rescatar la poesía, en una época de materialismo y exitismo, de cultura rápida y desechable, es doblemente importante. Por una parte, porque pone las cosas en su justa dimensión y sitúa la belleza de las letras por sobre la frialdad de los números, hace regresar el misterio de las cosas profundas y permanentes, desafiando lo meramente transitorio. Por otra parte, porque renueva la amistad permanente entre Chile y España, y lo hace a través de la literatura, específicamente de la poesía, que ha sido por siglos un punto de encuentro entre ambas culturas.
Publicado el 16.12.2017
Comparte:

El 10 de diciembre de 1945 la poetisa chilena Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura, lo que distinguía  las letras de habla hispana y ciertamente al continente americano. Exactamente veintiséis años después le correspondió recibir el mismo reconocimiento a otro chileno, Pablo Neruda. Esto, ciertamente, era una gran distinción para el país y también para América Latina, que ha visto a otros escritores recibir el mismo galardón en otros momentos: el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el mexicano Octavio Paz, el colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa.

Las letras castellanas también han sido bien representadas por España, que ha tenido a diversos escritores premiados con el Nobel de Literatura: José Echegaray (1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956), Vicente Aleixandre (1977) y Camilo José Cela (1989). Sabemos, como se ha dicho en ocasiones, que otros personajes podrían engrosar estas listas, partiendo por el gran Jorge Luis Borges, quien fue dejado de lado injustamente por el jurado del Premio Nobel.

Traigo al recuerdo estas distinciones porque este lunes 11 de diciembre se presentó en la Real Academia Española, en Madrid, la obra Antología Poética Hispano Chilena del Siglo XX, publicada por Editorial Vitruvio. En la ocasión estuvieron presentes el embajador de Chile Jorge Tagle Canelo, así como Emilio Gilolmo y María Ángeles Osorio, presidente y directora de la de la Fundación Chile-España, entidad que patrocinó la iniciativa.

El trabajo, publicado en dos tomos, ha sido compilado por el escritor español Jorge Justo Padrón y ya se había presentado en Chile en 2016, en la Pontificia Universidad Católica de Chile, en el contexto de la actividad “Futuro en Español”. La obra es una iniciativa valiosa y necesaria, realmente imponente. Son dos grandes volúmenes, uno dedicado a cuarenta poetas españoles y el otro a cuarenta poetas chilenos, todos del siglo XX, vivos y muertos. Así resume el autor de la Antología el sentido de esta obra: “La poesía de todos los tiempos y culturas se plantea una primordial e implícita cuestión: el sentido de la vida, nuestro paso por el mundo. Sólo en parte la poesía puede ofrecer claves de entendimiento metafísico, territorio que corresponde al ámbito individual de las creencias. Lo hace desde el más misterioso de los instintos humanos: su instinto estético”.

Ahí radica, precisamente, la grandeza de esta obra. Rescatar la poesía, en una época de materialismo y exitismo, de cultura rápida y desechable, es doblemente importante. Por una parte, porque pone las cosas en su justa dimensión y sitúa la belleza de las letras por sobre la frialdad de los números, hace regresar el misterio de las cosas profundas y permanentes, desafiando lo meramente transitorio. Por otra parte, porque renueva la amistad permanente entre Chile y España, y lo hace a través de la literatura, específicamente de la poesía, que ha sido por siglos un punto de encuentro entre ambas culturas, como recuerdan las emotivas páginas de La Araucana, de Alonso de Ercilla, una obra del siglo XVI. Así comienza esa obra:

No las damas, amor, no gentilezas 
de caballeros canto enamorados;
ni las muestras, regalos y ternezas
de amorosos efectos y cuidados;
mas el valor, los hechos, las proezas
de aquellos españoles esforzados,
que a la cerviz de Arauco no domada
pusieron duro yugo por la espada.

La poesía española es relativamente conocida en Chile, muchos de sus autores más renombrados incluso aparecen en los programas de estudios en la enseñanza primaria y secundaria. Recuerdo con emoción haber leído en el colegio los versos dolorosos de Miguel Hernández en Elegía, y años después conocí con alegría su casa en Orihuela, en Alicante (en la Comunidad de Valencia) en una visita que hicimos junto al poeta chileno Raúl Zurita, con quien terminamos recitando junto a la famosa higuera. Muchos han conocido a Antonio Machado a través de sus letras directamente, o bien por medio de la música de Joan Manuel Serrat; Federico García Lorca era lectura obligada en la enseñanza escolar, además de ser un personaje recurrente en la poesía y las Memorias de Pablo Neruda. Todos ellos, y otros tantos -Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Rafael Alberti, Caballero Bonald, entre otros- forman parte de la selección de escritores españoles que podemos leer en la Antología. Los primeros versos que aparecen son de Machado y son una excelente invitación a seguir leyendo:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, 
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Chile no se queda atrás, pues también es tierra de poetas. El tomo respectivo comienza con Gabriela Mistral, con algunos de sus poemas más reconocidos, y ciertamente siguen algunos autores muy famosos en España, como Vicente Huidobro y el infaltable Neruda. Pero a ellos se suman muchos otros, como dos que han recibido un gran reconocimiento, como son el Premio Cervantes, Gonzalo Rojas, y el centenario Nicanor Parra. A ellos se suman otras figuras que, con esta obra, obtienen una justa apreciación de su trayectoria.

La presentación de la Antología Poética Hispano Chilena del Siglo XX es una gran noticia y muestra la vitalidad permanente de la relación cultural entre Chile y España. Adicionalmente, permite volver a leer a aquellos que nunca debemos dejar, si queremos conservar una vida donde la belleza ocupe el lugar que le corresponde, junto a las cosas sencillas y la luminosa claridad de la literatura. La Fundación Chile-España, en su presentación, decidió reproducir unos versos de Huidobro, de su Arte Poética (1916), que vale la pena reproducir:

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
hacedla florecer en el poema.

Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.

El poeta es un pequeño Dios.

Sin duda exageraba el gran poeta, pero también es claro que sus palabras, como hace un siglo, continúan siendo inspiradoras.

Alejandro San Francisco, historiador, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Universidad San Sebastián, director de Formación del Instituto Res Publica (columna publicada en El Imparcial, de España)