Cada limitación legal a la influencia del dinero en la política tendrá como inmediata consecuencia la búsqueda de nuevas fisuras para lograr esa influencia.
Publicado el 24.02.2016
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En «El Líbero», Patricio Navia escribe sobre mi libro «Poderoso Caballero: el pe$o del dinero en la política chilena». Junto con agradecer los elogios de Navia a la calidad de la investigación, quiero contestar sus críticas a algunas conclusiones del libro.

En particular, Navia califica de «prédica voluntarista», mi frase sobre que «hay que cerrar las puertas al poder del dinero en la política». «En todas las democracias del mundo, el dinero juega un rol clave en las campañas y en la política», dice su columna.

Eso es cierto. Eliminar del todo la influencia del dinero en la política no es posible. Pero ello no impide que sea un objetivo deseable en una democracia. Tampoco existen en ningún país del mundo la completa igualdad de oportunidades entre todos sus niños, o la absoluta ausencia de discriminaciones arbitrarias contra ciertos grupos sociales y raciales. Pero ello no impide que podamos ponernos esas metas como objetivos ideales, y avanzar mediante pasos sucesivos e incrementales hacia ellos.

La limitación del poder del dinero sobre la democracia es un trabajo constante y siempre incompleto. Así lo digo, por lo demás, en la página 335 de «Poderoso Caballero»: «la presión del poder económico sobre el poder político es un flujo constante. Estas reformas son un dique que intenta contener el natural paso del agua por una bajada de río. La presión constante del agua termina por abrir pequeñas fisuras, aquí y allá, que si no son reparadas a tiempo terminan por derrumbar la represa».

Cada limitación legal a la influencia del dinero en la política tendrá como inmediata consecuencia la búsqueda de nuevas fisuras para lograr esa influencia. Algunos dirán que entonces no cabe más que resignarse a esa realidad. Mi opinión, en cambio, es que una democracia vigorosa debe reaccionar mediante constantes perfeccionamientos para tapar esas fisuras. Así lo han hecho por lo demás, con sucesivos éxitos y fracasos, las democracias del mundo. Estados Unidos es un buen ejemplo de esos avances (Ley Tillman de 1907, Ley Clayton de 1914, creación de la FEC en 1975, Ley McCain-Feingold de 2002), y también de esos retrocesos (Caso Citizens United, de 2010).

Tanto o más importante que la letra de la ley, en ese aspecto, son las herramientas que se entreguen para la implementación de esas normas. Así lo aprendimos, a los porrazos, de las actuales leyes de financiamiento de la política. Una norma que prohiba las donaciones de empresas a campañas, sin entregar a los fiscalizadores las facultades, los recursos y la autonomía para perseguir las violaciones a la ley, es un remedio peor que la enfermedad.

Pero, precisamente porque estoy de acuerdo con Navia en que el poder del dinero siempre presionará a la democracia, es que en «Poderoso Caballero» llevo la discusión un paso más allá. «Siempre ha sido fácil convertir a la riqueza desigualmente distribuida en poder político», dice Robert Mutch. Y eso nos pone frente a un debate que nuestra democracia ha eludido hasta ahora: la concentración de la riqueza no es sólo un tema económico y social. Es –fundamentalmente- un problema político.

Como explico en «Poderoso Caballero», en Chile esa concentración alcanza niveles extremos: el 0,1% de la población se lleva el 19,5% del ingreso (p. 28. Fuente: Banco Mundial), y las cinco mayores fortunas acumulan ingresos iguales a los de cinco millones de chilenos (p. 28. Fuente: Ramón López).

En Chile, la concentración del poder económico en pocas manos no ha sido simplemente un proceso espontáneo, sino que ha sido fomentado por decisiones políticas, de autoridades muchas veces influenciadas por ese poder económico. El libro explica esas historias en detalle: reglas tributarias ad-hoc, presiones políticas sobre los reguladores, impunidad para delitos corporativos, regalo de rentas a carteles de incumbentes, etc.

¿Queremos romper ese círculo vicioso en que el dinero se concentra cada vez más, y aprovecha ese poder para escribir las reglas del juego a su favor, contra la libre competencia y el interés general de los chilenos? Ese es el tema del fondo que se expone en mi investigación.

En días en que los chilenos debatimos cómo regular la influencia del dinero en la política, «Poderoso Caballero» entrega elementos para que los lectores puedan comprender quiénes están dispuestos a construir un dique más alto y fuerte: es decir, quiénes están dispuestos a ceder poder en pos de una democracia más sana. Y quiénes, en cambio, no lo harán excusándose en que ese es un ideal imposible.

 

Daniel Matamala, Periodista / Journalist Anchor CNN Prime, CNN Chile. MA in Journalism, Columbia University.