De la pila de libros que va creciendo en mi casa, entre regalos, unas pocas compras y el hábito de biblioteca municipal que mantengo ininterrumpidamente desde hace 34 años, seleccioné cuatro para mi maleta de vacaciones.
Publicado el 12.02.2016
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Vamos a dejar la política en el closet por unos días para hablar de cosas más gratificantes: las vacaciones y el tiempo inagotable que nos regala a quienes disfrutamos del placer de leer.

En libros aplico el mismo criterio que en la moda: los rankings de los más leídos e incluso la crítica son referencias, pero elijo lo que me da la gana y, sobre todo, lo que me han comentado mis amigos buenos lectores. Descarto gurús de última hora y las vacas sagradas que en los últimos años están naciendo con tanta rapidez en Chile y pontificando desde unos pedestales algo rascas.

De la pila de libros que va creciendo en mi casa, entre regalos, unas pocas compras y el hábito de biblioteca municipal que mantengo ininterrumpidamente desde hace 34 años, seleccioné cuatro para mi maleta de vacaciones.

Empecé el primero de la selección el fin de semana y lo llevo a todas partes, porque los elogios previos se quedaron cortos. “El hombre que amaba a los perros”, del cubano Leonardo Padura, es un imperdible si a usted le gusta la buena literatura, si quiere mirar con lupa, además, uno de los momentos “estelares” del socialismo real del siglo XX, desde el terror, la culpa, la infinita soledad de sus protagonistas: León Trotsky; Ramón Mercader, su asesino español; y el encantador Iván, el relator, que me parece es el espejo de miles de cubanos que hoy rondarán los 60 años, con un equipaje casi sin fondo de frustraciones que solo la inteligencia y el amor por la vida les ha permitido superar en parte. Y es un imperdible, sobre todo, si detesta las historias oficiales y busca siempre fuentes de inspiración para desafiarlas.

Presumo que el final me sorprenderá, más allá del destino fatal que todos ya conocemos, la novela va revelando una verdad algo más sofisticada y suelta de a poco las claves de la oscuridad que fue rodeando al fundador del Ejército Rojo y lo condenó al repudio comunista universal y, por cierto, a la muerte. Una recomendación: el libro de Padura se lee todavía mejor si antes leyó “Liová”, del argentino Marcos Aguinis.

El segundo libro es “Adiós a los Padres”, un regalo que me trajo mi jefe de México esta semana (uno de los mejores lectores que he conocido y todavía no llega a los 40 años) y mi segundo de Héctor Aguilar Camín. Llega a mis manos en un momento muy particular, hace un mes perdí a mi madre y aunque mi papá murió hace casi 20 años, recién ahora lo estoy despidiendo definitivamente (a muchos de ustedes les pasará que, mientras uno de los padres vive, el otro sigue presente y cuando ese también se va, recién entonces se fueron ambos).

También es un momento especial para quienes nos hemos comprometido con la política desde muy jóvenes: si en la vida íntima es sano reencontrarnos con el niño que fuimos y que siempre nos acompaña –y esa es la invitación de Aguilar Camín en Adiós a los Padres-, en política quisiera ser “hija” otra vez, volver por un momento a la energía original, admirar a mis mayores (en liderazgo o en experiencia) sin juzgar y actuar sin medir, con la misma pasión que me impulsó hace 28 años a militar en un partido político, a salirme del montón de jóvenes que se dedicaban a otras cosas y, sobre todo, a creer que es posible dedicarse a esto con el único propósito de contribuir a un Chile mejor y a una vida justa para todos.

El tercer libro es Los bienes de este mundo de Irene Nemirovsky, de quien leí hace algunos años La suite francesa (espero el estreno de la película, la novela es extraordinaria) y me enamoré de su pluma y coraje, los que lamentablemente no la salvaron de las garras del Holocausto. Viene muy recomendado por las bibliotecarias de la corporación de la que soy socia.

El cuarto libro seleccionado: Los cipreses creen en Dios, de José María Gironella. Toda una vida tengo pendiente leer esta novela, cuya protagonista es una familia de clase media en la España de la Segunda República, la misma de la que mi papá me habló tantas veces, desde la memoria de un niño catalán de 6 años, su edad cuando partió la Guerra Civil. Últimamente he visto también varias series españolas ambientadas en la primera mitad del siglo XX, recomiendo especialmente La Señora y la primera temporada de Amar en Tiempos Revueltos, ambas gratis en tve.es.

Veamos cómo me va con esta selección. Nos encontramos acá la primera semana de marzo, aunque no habrá tiempo ni espacio para comentar libros, con la vida real ya tendremos suficiente.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO

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