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Publicado el 06 de mayo, 2015

Pizarro, la DC y el jaque a Peñailillo

Si la DC logra desafiar tono y agenda crecientemente populista de la Presidenta y gabinete político, obligará a Bachelet a redefinir estrategia y estructura de gobierno.
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El caso SQM ha impactado negativamente no sólo en el presidente de la Democracia Cristiana, Jorge Pizarro (de acuerdo a Encuesta Plaza Pública Cadem, es el más afectado en imagen pública después de la UDI, la presidenta y el mismísimo Ponce-Lerou). También ha puesto en una situación incómoda al resto de su colectividad que lo ha apoyado de forma mayoritaria e incorruptible para asumir la conducción del partido.

El apoyo partidista a Pizarro tiene una expresión e interpretación evidente. Hay una mayoría de prominentes dirigentes, empezando por el mismo Pizarro, que minimizaron efectos de caso Penta-SQM, se rindieron a presiones internas, aceptaron en algunos casos una lógica de moneda de cambio (entregarle a Pizarro la Presidencia y dejar vía libre a  la opción presidencial de Ignacio Walker), y pensaron que los coletazos no llegarían al partido (o podrían ser controlados radicando problema en un artilugio para financiar campañas y  luego adherir a una gran propuesta nacional para regularlo). Operaron de forma paternalista, poco estratégica y sobre supuestos que desconocen el nuevo contexto social en que opera la actividad política y estímulos que mueven a resto de sus actores. Entienden la comunicación con la ciudadanía y grupos de interés, como un proceso de una vía, que opera como una aguja hipodérmica que inyecta cierta información, manipula conciencias o modela realidades a su antojo.

Sin embargo, esto que hoy parece un atolladero, puede transformarse, bien encausado estratégicamente, en un escenario positivo para el falangismo. ¿Cómo?

Por un lado, el problema de Pizarro ha sido asumido como propio por todo su partido y dirigencia. Expresiones díscolas como las de Chahín, no tienen cabida en un problema y apuesta colectiva validada masivamente en el falangismo. Esta nueva disyuntiva (como en su minuto lo fue la “retroexcavadora”) refuerza espíritu de enfrentar la crisis desde la unión. Mas aún cuando en La Moneda y la oficina de Peñailillo, se ha puesto en marcha una nueva maquinaría de deslegitimación que afecta directamente a la DC, enraízada ahora en una falsa  polémica de la “nueva y vieja guardia” y en cierta evidencia de “acuerdos bajo cuerda” que busca cambiar el foco mediático y acusaciones en contra la propia Presidenta y Peñailillo hacia sectores de la Nueva Mayoría adversos a agenda “reformista”.

Si este es el escenario, una renuncia de Pizarro significaría hundir a la DC, a su presidencia y a su carta presidencial (hoy en un 2% de aprobación entre los electores de centro-izquierda, muy lejano al 33% de ME-O, el 14% de Allende o el 10% del outsider Guillier), en el mismo nivel de descrédito mediático y ciudadano que la UDI o Velasco (vía Penta) o la Presidencia (vía Caval y SQM). Implicaría además sucumbir a la táctica añeja y burda articulada de forma desesperada desde sectores del gobierno que se sostiene en la desconfianza (en sus aliados y calidad de sus propios argumentos), el rencor y el maniqueísmo.

¿Qué hacer entonces? Por un lado, salir de la retórica y dinámica asfixiante de la probidad (donde ya todos son perdedores, aunque algunos pueden hundirse más que otros). Esto es, cambiar el eje discursivo y pasar nuevamente a la ofensiva siguiendo una estrategia mayor, delineada hace algún tiempo por Ignacio Walker. Aquella que se define y obliga al gobierno a actuar en clave auténticamente inclusiva, responsable, respetuosa de la institucionalidad vigente y diversidad de opiniones presentes en el oficialismo (y no sólo desde el slogan y el titular reformista que son pretexto de inclusividad e igualdad, arrasa con quienes osen disentir). Por otro lado, implica seguir una estrategia que ha sido exitosa en construir identidad, y que reconoce la historia, principios y posición propia frente a los dilemas y políticas en juego. Si hoy la Presidenta ha anunciado la puesta en marcha de un proceso constituyente aún poco claro para reformar nuestra carta fundamental, cuyo objetivo de corto plazo es superar la discusión entorno a medidas de probidad (y sus implicados en la Moneda), entonces la directiva de Pizarro debe salir a desestimar de forma pública (pero sutil) este anuncio. Primero, porque no se debe mezclar una propuesta de ese tipo con resultados de la Comisión Engel. Segundo, porque el cause natural para reformar la carta fundamental, refrendado por la misma Bachelet a través de su constitucionalista estrella, Francisco Zúñiga, había sido hasta ahora el Parlamento (pretender otra cosa es validar tesis conspiratorias ancladas en oficina de Peñailillo y sería deslegitimar públicamente a ese poder). Tercero, porque para una mayoría ciudadana la reforma a la Constitución vía asamblea constituyente no es clara ni prioritaria. Y cuarto, porque el mecanismo para dar salida a la actual crisis institucional acelerada desde el Ejecutivo es a partir de un qué y cómo se plasma la agenda de gobierno.

Si la DC logra desafiar el tono y la agenda crecientemente populista de la Presidenta y su gabinete político, entonces conseguirá no sólo generar una cohesión interna y sacudirse excesiva atención que pesa sobre calidad moral de su presidente. Más importante, obligará a Bachelet a redefinir su estrategia y estructura de gobierno, que hoy se debate entre un continuar con táctica divisionista y artificial o construir una estrategia inclusiva y dialogante con el principal partido de la Nueva Mayoría y eje de cualquier pretensión reformista (si opta por esto último, y así debe hacerlo si quiere aprobar las reformas y terminar de forma decorosa su gobierno, entonces la salida de Peñailillo y su vocero Elizalde serían inminentes). Por último, logrará revalidar ante la ciudadanía el rol y liderazgo político que le compete a la DC y su nueva carta presidencial (por ahora, Ignacio Walker), en el avance de una agenda social más inclusiva y dialogante.

 

Juan Cristóbal Portales, director Magister Comunicación Estratégica Universidad Adolfo Ibáñez.

 

FOTO: JORGE FUICA/AGENCIAUNO

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