Las coincidencias son demasiado evidentes como para no pensar que, tal como ocurrió con Piñera, Macri pueda transformarse sólo en un paréntesis que, por bueno que sea, apenas logre acomodarse ya tener que comenzar la retirada.
Publicado el 26.11.2015
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Argentina está de fiesta. Y no es para menos. Tras 12 años ininterrumpidos de kircknerismo, el liberal Mauricio Macri conquistó la Casa Rosada dejando al peronismo fuera del Ejecutivo trasandino.

En medio de la fiesta -que desde luego salpicó hacia este lado de la cordillera a parte del espectro político- el ex Presidente Sebastián Piñera twitteó desde su cuenta una “foto del recuerdo”. En ella, el ex Presidente sostiene una camiseta de Boca Juniors mientras el futuro Mandatario argentino, hace lo propio con una de Colo-Colo.

Esta coincidencia en el fanatismo por el equipo popular de cada uno de los países hace despertar un análisis que bien hubiera querido tener el 17 de enero de 2010 el comando de Sebastián Piñera, luego de acabar con 20 años de gobierno ininterrumpido de la Concertación.

Y es que las coincidencias son demasiado evidentes como para no pensar que, tal como ocurrió con Piñera, Macri pueda transformarse sólo en un paréntesis que, por bueno que sea, apenas logre acomodarse ya tener que comenzar la retirada.

¿Qué lecciones podría dársele a Macri teniendo en mente a ese Piñera electo de 2010? De manera rápida, al menos tres:

La primera, ser auténtico. La tentación de Piñera por bacheletisarse fue demasiado seductora y consentir a ella fue posiblemente su primer gran error. Macri, salta a la vista, poca atracción puede tener en querer kirchnerisarse, pero ese ejercicio de autenticidad debe hacerlo explícito apenas asuma.

La maquinaria comunicacional del Ejecutivo trasandino está demasiado adherida -para bien o para mal- al ADN del pueblo como para no querer hacer uso de ella. Las cadenas televisivas, la publicidad omnipresente y el slogan callejero son ninfas de las que Macri debe huir y, en su lugar, buscar otros medios -conferencias de prensa tradicionales, por ejemplo- para dar a conocer a la ciudadanía que las cosas se están haciendo distinto y mejor.

La segunda lección, moverse rápido y en el fondo. El confeti debe acabarse y dar paso a un gobierno que se vuelque en la solución técnica y precisa de los problemas más urgentes -corrupción, inseguridad, cepo cambiario, relaciones con Venezuela, entre otros-, pero además, procurar movilizar las fuerzas políticas aliadas para que concreten pactos y alianzas con un clima sindical y legislativo radicalmente adverso. Al “gobierno de los mejores” que Macri parece querer replicar en Argentina, debe acompañársele con el “gobierno de los que saben”, que fue precisamente lo que durante un buen tiempo faltó en el gobierno de Piñera. Los jóvenes tecnócratas deben ir de la mano de los sabuesos políticos. Puede que haya dudas respecto a lo que hará Cristina de ahora en adelante, pero es un hecho que Máximo y La Cámpora procurarán hacer lo que mejor hacen: radicalizar la efervescencia social.

Por último, otra lección que podría servirle a Macri del Piñera de 2010 es, desde ya, ir perfilando con un ritmo pausado pero constante a quien debería ser su sucesor. El peor de los escenarios para quienes ganaron en las urnas ayer es el de limpiar, ordenar y reconstruir, para luego devolver el mando a la suciedad, el desorden y la destrucción.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública y Académico Universidad de los Andes.

 

FOTO: INSTAGRAM SEBASTIÁN PIÑERA