Él y algunos asesores suyos advierten que su discurso en primera vuelta debe virar hacia la conquista del “voto de centro” porque, dicen, el ex Presidente ya tendría tiene asegurado el voto “duro de derecha”. Me parece un error. El llamado “voto de centro” que la politología identifica con sectores ideológicamente moderados, es hoy más seguro para Piñera que el voto “duro” de derecha.
Publicado el 16.07.2017
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Ningún analista serio niega que Sebastián Piñera tenga la primera opción de ganar nuevamente la elección presidencial. Algunos advierten, incluso, que dada la movilización desplegada por Chile Vamos en las primarias, la holgada mayoría que en ellas obtuvo el ex Presidente y el “peso específico” de sus principales adversarios, la meta podría lograrla en primera vuelta.

El senador socialista Carlos Montes, político estudioso y respetado, refuta esta posibilidad: “Chile –dice- no es de derecha (…) Hubo un Presidente de derecha (Piñera), pero fue una excepción en una larga historia”, asegura con más deseos que reflexión. Nuestra historia más cercana respalda estas afirmaciones, pero el presente las contradice. Y no porque la mayoría del país abrace con entusiasmo el ideario de derecha, sino por el desencanto abrumador de esa mayoría con la gestión política, económica y social del actual Gobierno, certeza que el senador Montes es renuente en admitir, acaso por incumbencia en estos resultados.

La izquierda -toda ella, sin excepción, desde DC a comunistas, el Frente Amplio y los llamados “movimientos sociales”- terminaron por aburrir a la ciudadanía y a una parte significativa de sus parciales que apostataron de consignas y proclamas que alguna vez les fueron útiles tomarse para calles y escuelas, pero inservibles para generar crecimiento, progreso y futuro. En definitiva, para trabajar en su propio beneficio y no en su propio perjuicio.

Esa izquierda está muy sorprendida, no sabe qué les pasó. Intentaré sacarlos de la duda. Les pasó por encima el sentido más natural y sublime del ser humano: ser feliz. Los superó la voluntad indómita de hombres y mujeres que desean protegerse del Estado y no quieren un Estado protegido por ellos, los que producen y pagan impuestos. Los venció su incapacidad de crear riqueza, y de administrar bienes y servicios que no han generado ni saben cómo hacerlo, pero buscan apropiárselos, sin méritos, ni títulos.

Los derrotó la soberbia de imponer reformas avaladas por mayorías parlamentarias obtenidas en 2013 al alero de una candidata popular, no a un programa de Gobierno que pocos leyeron.

Los destrozó su envidia, su afán de reducir pobres eliminando ricos, bajar de los patines a quienes los tienen para igualarlos en precariedad con los que no los tienen. Los noqueó una majadería retórica que promueve “derechos sociales” y vulnera derechos y libertades individuales.

Los derribó, en fin, la retroexcavadora, su propósito de socavar los pilares de un modelo socioeconómico que ha sacado a 2 millones de chilenos de la extrema pobreza, cifra muy parecida a los votos que la izquierda ha perdido y llora con desconsuelo.

Espero haberles ayudado a entender la causa de su estupor, pero no tengo esperanzas de que recapaciten. Como dijo el filósofo Amiel: “No niego las ventajas de la democracia, pero no me hago ilusiones de tales ventajas mientras abunde la soberbia y escasee la sabiduría”.

Volvamos a Piñera. Él y algunos asesores suyos advierten que su discurso en primera vuelta debe virar hacia la conquista del “voto de centro” porque, dicen, el ex Presidente ya tendría tiene asegurado el voto “duro de derecha”. Me parece un error. El llamado “voto de centro” que la politología identifica con sectores ideológicamente moderados, es hoy más seguro para Piñera que el voto “duro” de derecha.

La candidatura de José Antonio Kast -con tres o cuatro enunciados diferenciadores que Piñera debe incorporar- dibuja un escenario de primera vuelta con aristas similares a la primaria del sector: un candidato ampliamente favorito que convoca el voto de derecha, el de “centro” y el “duro”. Si este discurso incorpora el “factor JAK” y el sector acude masivamente a votar, el balotaje será innecesario. Chile habrá elegido Presidente de la República el 19 de noviembre próximo, sin balotaje.

 

Alfonso Ríos Larrain

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO