Sebastián Piñera ha sorteado bien cada etapa del camino hasta aquí, pero la próxima elección está totalmente abierta. La “buena” noticia es que este Gobierno ha hecho todo tan mal, que se está instalando un sentimiento de urgencia en la centroderecha que puede aportar el caudal de votos de base para que la campaña sume los sufragios del Chile moderado e independiente.
Publicado el 12.08.2017
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El proyecto que hoy encarna primeramente Alejandro Guillier es nefasto para nuestro Chile, ya estancado y herido en sus valores más tradicionales (trabajo duro, recompensa al esfuerzo, respeto por el otro y orden como presupuesto de vida en comunidad), y aún puede hacer muchísimo más daño. La alternativa a Sebastián Piñera ya no es más de lo mismo, sino la exacerbación del chavismo light de Bachelet, ejecutado por la ex Concertación: un ente amorfo que hoy contiene proyectos, sueños y liderazgos irreconciliables. Ni hablar del Frente Amplio y la periodista Beatriz Sánchez.

El país necesita a Piñera como próximo Presidente no sólo por lo que está en juego, sino también porque -como candidato- puede ganar.

La mejor demostración de que nada está aún resuelto es que hoy el ex Presidente se enfrenta a un molino de viento (Guillier), a quien la centroizquierda institucional desprecia y teme en la misma medida. El presidente de la Cámara, diputado Fidel Espinoza, calificando al nuevo comando del senador como “patético” es, apenas, la punta de iceberg. Eso no es nada comparado con lo que dicen sobre la campaña oficialista senadores, diputados y dirigentes DC y PPD (y algunos PS) en privado.

No nos engañemos por las declaraciones de Andrés Zaldívar de hace unos días, ellos no se han resignado a perder el poder. El hecho de que el periodista siga corriendo es la mejor demostración de cuán desesperados están y de qué son capaces con tal de aferrarse al botín fiscal. El día que efectivamente la izquierda perciba con certeza que perderá la próxima presidencial, ese día bajará a Guillier y ni las gracias le darán. Si eso no ha ocurrido aún es porque están dispuestos a pelearla con dientes y uñas, hasta los descuentos.

Mientras tanto Piñera, experto en la eficiencia electoral de obtener la mayor de cantidad de votos con el menor “gasto”, teje redes de alcaldes (que tienen sus máquinas aceitadas) y suma los aparatos de los parlamentarios afines, pero la izquierda y lo que queda de la DC lo arrinconan con la agenda. Pasamos un par de meses hablando de la gratuidad universitaria; recién nos pusieron en tierra de la despenalización del aborto; la naturaleza nos manda al terreno de las fallas de las empresas privadas de servicios públicos; TVN nos pone frente a las narices la situación de los uniformados que, recibiendo pensiones mejores que la mayoría de los chilenos, siguen trabajando en las mismas instituciones en las que se “retiraron”; y ahora, la propuesta de un sistema estatista e igualitarista de pensiones mal encaminado nos sitúa ante un debate en que oponerse es fácilmente traducido como opuesto a la “solidaridad”. Que un obrero que gana el sueldo mínimo aporte en el mismo porcentaje que un profesional exitoso, es tan injusto como que el Estado pague por igual por la educación universitaria de los hijos de las familias más ricas del país, pero ése es otro tema.

Nos acercamos al 18 de septiembre, los diarios se solazan con las pequeñas diferencias entre los partidos de Chile Vamos por algunos cupos parlamentarios. La ex Concertación pasa colada, porque ni siquiera llegaron a intentar la lista única. El casi anuncio de Gobierno —casi desmentido por la vocera— del cierre de Punta Peuco exacerba el rechazo de la derecha militarista a Piñera y lo pone contra las cuerdas, porque pierde, diga lo que diga… y hasta si calla.

De esta trampa comunicacional Piñera no saldrá con la eficiencia de un Moreno, la sabiduría de un Larroulet, la excelencia de un Mendoza ni el currículum del doctor Paris. Puede que sea el momento de hacer entrar, con protagonismo, a los líderes y referentes de los partidos de su coalición. Porque las elecciones las ganan los candidatos, pero las pierden los partidos, y porque los partidos son a las elecciones lo que los remos al canotaje.

Piñera ha sorteado bien cada etapa del camino hasta aquí, pero la próxima elección está totalmente abierta. La “buena” noticia es que este Gobierno ha hecho todo tan mal que se está instalando un sentimiento de urgencia en la centroderecha que puede aportar el caudal de votos de base para que la campaña sume los sufragios del Chile moderado e independiente.

En la primaria se contó con una ayuda insospechada, pues los discursos de Sánchez y, sobre todo, de Alberto Mayol, eran ajenos a la realidad y tan “románticos” que para muchos se sintió como viajar en el tiempo y votar por Alessandri en la elección de 1970. Cuando el antagonismo principal lo tengan Guillier y Goic, esa polarización que empujó al electorado de centroderecha a concurrir a votar el 2 de julio simplemente no estará.

En conclusión, terminada la definición de las listas parlamentarias, los dirigentes de Chile Vamos deben tomar sus lugares en el campo de batalla y Piñera aún debe encontrar la forma de anular la operación comunicacional del Gobierno.

 

José Ignacio Pinochet Olave, abogado y presidente del Tribunal Supremo de Renovación Nacional

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO