Recomponer un espectro político sólido, plural, representativo y basado en propuestas más que en el carisma del caudillo de turno —para así dejar en el pasado las alianzas instrumentales—, es uno de los desafíos importantes de PPK.
Publicado el 11.06.2016
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No cabe duda de que esta segunda vuelta presidencial peruana ya quedó en la historia como una de las más infartantes y estrechas de los últimos años en Sudamérica. Después de todo, hubo que esperar cuatro largos y tensos días para saber si finalmente Keiko Fujimori o Pedro Pablo Kuczynski —también conocido como PPK— se transformaba en el nuevo residente del Palacio Pizarro.

En estos comicios cada papeleta importó, al punto que la victoria de Kuczynski se materializó gracias a una diferencia de apenas 41.964 votos más que los obtenidos por Fujimori. Un triunfo claramente ajustado para PPK, que lo deja en una compleja posición, considerando los desafíos que deberá enfrentar en su próximo mandato.

Un triunfo así de estrecho ofrece poco margen de movimiento para el nuevo gobierno. Porque lejos de un éxito aplastante, producto de la mínima diferencia de votos, a futuro Kuczynski deberá lidiar constantemente con el “fantasma” de su contrincante. Algo que la propia Keiko, con toda seguridad, le estará recordando a cada paso.

Además, Fuerza Popular controla 73 de las 130 bancas del Congreso, lo que significa que el fujimorismo tendrá un peso incuestionable en el futuro legislativo. Y esto podría convertirse en una barrera que dificulte la gestión política de PPK.

Por eso resulta tan importante que Peruanos por el Kambio —que cuenta con apenas 18 bancas— tenga la capacidad de construir alianzas con otras fuerzas políticas. En ese sentido, un acercamiento con la coalición de izquierda Frente Amplio, cuya candidata fue Verónica Mendoza, podría ser una opción. Sobre todo, considerando que ellos tienen 20 escaños en el Parlamento.

Estos comicios demostraron con absoluta claridad lo polarizado que está el país, ya que más allá de las ideas-fuerza de cada uno, la verdad es que esta contienda electoral —al igual que varias de las anteriores— se dio entre el fujimorismo y el antifujimorismo.

Una de las improntas que dejó el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000) fue precisamente la destrucción del sistema de partidos peruano. Desde entonces, hemos visto un constante debilitamiento de la institucionalidad democrática del país, en favor de una creciente fortaleza del populismo. Y ante lo cual referentes históricos como el APRA han perdido terreno e influencia, como lo demostraron los bajísimos porcentajes obtenidos por los ex mandatarios Alejandro Toledo y Alan García en los últimos comicios.

Recomponer un espectro político sólido, plural, representativo y basado en propuestas más que en el carisma del caudillo de turno —para así dejar en el pasado las alianzas instrumentales—, es uno de los desafíos importantes de PPK.

Otro aspecto que deberá concentrar la atención de su gobierno es la economía. Perú ha registrado un importante crecimiento en los últimos años, que tanto la ciudadanía como los grandes inversionistas esperan que se mantenga o, incluso, mejore. Por lo tanto, la elección de las autoridades a cargo de esta área debería estar enfocada en no poner en riesgo este aspecto del desarrollo como país.

Asimismo, el tema de la seguridad también debiera ser prioritario para el gobierno de Kuczynski. El aumento del narcotráfico se ha convertido en un tema que inquieta a países vecinos —como Chile— y ciertamente también a Estados Unidos. Y todos estarán atentos al anuncio de medidas concretas en esta área.

Por último, Sendero Luminoso parece haber comenzado a recuperar el terreno perdido durante años; algo que afectaría directamente a la ciudadanía y la imagen de estabilidad que ha mostrado Perú. Por eso, PPK debería actuar con particular rapidez ante este tema, con el objeto de extirpar esta amenaza del pasado, antes de que se vuelva más fuerte.

Las elecciones fueron difíciles y complejas, pero finalmente Kuczynski es el nuevo Presidente de Perú. Ahora queda por ver cuál será el orden de sus prioridades y el rumbo que le dará al país.

 

Alberto Rojas M., director Observatorio de Asuntos Internacionales, Facultad de Comunicaciones y Humanidades Universidad Finis Terrae.

 

 

 

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