Ningún candidato presidencial debería prometer que su objetivo es ordenar al país porque nadie está en capacidad de lograrlo. Igualmente, no obstante, ningún candidato presidencial puede decir que no desea efectivamente el ordenamiento de su país.
Publicado el 17.09.2016
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Muchos resultaron sorprendidos cuando vieron a Alejandro Guillier criticar a Ricardo Lagos. Dijo que «el mayor error es decir, “señores, el país está descarrilado, es la peor crisis, estoy disponible” […] Bernardo O’Higgins apareció en el horizonte [….] soy el salvador de la patria» y luego señaló que los liderazgos como el de Lagos son propios del siglo XX. La sorpresa fue porque era raro ver a quien se sabía que estaba a favor de un liderazgo de Lagos, criticarlo (de hecho, se decía que él no seguiría en carrera si Lagos se lanzaba, situación que hasta ahora no se ha visto). Pero también sorprende porque Guillier presenta un carácter no muy crítico, ni belicoso. Cuando se le ve criticando a otro candidato es como si se viera a un borrego enojado.

Pero, en términos críticos, cuando Guillier relaciona a Lagos con Bernardo O’Higgins nos hace un buen favor. Nos señala que todo individuo que quiere llegar al poder tiene ansias de arreglarlo todo con su mera voluntad. Sin embargo, el senador olvida algo importante: la situación en la que está sumido el país propicia el surgimiento de liderazgos que se autorrefieran como salvadores de la patria y Guillier no está exento de esa posibilidad.

El poder presidencial es algo muy suculento, especialmente cuando la política está profundamente personalizada. Los jóvenes buscan líderes y gurúes que les den respuesta a sus argumentos mientras los viejos sueñan con que emerja un liderazgo que otorgue orden al convulsionado ambiente. Lamentablemente para todos nosotros, pareciera que la opinión pública está ansiosa de un O’Higgins que llegue a salvar el país. La celebración de las fiestas patrias sirve como un paréntesis de catarsis de «unión nacional» y comenzamos a rememorar los «padres» que forjaron la república. Comenzamos a recordar a Portales o a Balmaceda y vemos sus estampitas como si fueran santos, como si ellos hubieran sido los alfareros que modelaron la nación contemporánea. Pareciera que nos unimos detrás de líderes y olvidamos la expresión genuina de la sociedad civil, buscando emerger a partir de sus propias dinámicas y necesidades.

Lo mismo podemos observar cuando Guillier asume que el liderazgo de Lagos se quedó en el siglo XX. Otra pulsión que denotan los candidatos es la de asumir que ellos son el comienzo de la historia. Aparte de lo que podemos alegar de Lagos, sabemos que el senador independiente lo critica asumiendo que él sí es un liderazgo del siglo XXI. No obstante, seamos sinceros: durante toda la historia, los liderazgos en Chile han tenido la misma característica, esto es, como veníamos diciendo, un profundo interés por arreglar al país.

Ningún candidato presidencial debería prometer que su objetivo es ordenar al país porque nadie está en capacidad de lograrlo. Igualmente, no obstante, ningún candidato presidencial puede decir que no desea efectivamente el ordenamiento de su país. Esta paradoja hará que cualquier nuevo candidato, por el solo hecho de serlo, acabe replicando lo que sus contendores son: perseguidores del poder.

 

Jean Masoliver Aguirre, Cientista político Fundación para el Progreso.

 

 

 

FOTO: FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO.