Ni Moreira, ni Von Baer, ni la directiva de la UDI han pedido perdón, malgastando tres instancias en las que, se suponía, lo pedirían.
Publicado el 15.01.2015
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Si hay una cosa que se puede aprender de estos últimos días de todo lo que envuelve al caso Penta y el financiamiento político es que pedir perdón debe ser también parte de toda estrategia comunicacional de un político y un partido.

En un escenario mundial en el que se cruzan la desafección de los ciudadanos, la idea de que por transparencia hay que comunicarlo todo y en el que las redes sociales no perdonan a quien parpadee de más, una organización no puede darse el lujo de no tener una estrategia comunicacional del perdón.

A todas luces la clase política chilena se aproxima a pasos agigantados a la necesidad de pedir perdón a la ciudadanía por todos los deslices –por llamarlos de algún modo– que ha cometido. Ahora es el turno de la UDI, pero no parece precipitado pensar que, en especial en lo que a financiamiento electoral respecta, ya será el tiempo de otros.

El gremialismo, a este respecto, ha dado un muy mal ejemplo, reafirmando la idea de que ese lado del espectro político no logra entender el real valor de la comunicación.

En los últimos días, tres instancias se han asomado como intentos públicos por ganar la indulgencia de parte de la opinión pública y las tres, en mayor o menor grado, han fracasado.

Iván Moreira fue el primero en saltar al agua, antes incluso que la directiva de su propio partido del que él es vicepresidente, lo que desde luego incrementó las críticas al interior de la UDI. En la ocasión, el senador reconoció que se equivocó, pero todo envuelto en frases en las que recordaba que él no tenía “padrinos políticos” ni le debía nada a nadie y que todo lo que ha ganado ha sido con el sudor de su frente. Algo así como un “perdón, pero sepa usted que…”.

Luego fue el turno de la directiva de la UDI, la que en la voz de Ernesto Silva pidió “disculpas”, recordando los nobles principios partidarios y exigiendo que también se investigara a otros sectores políticos. Un “perdón, pero ojo que hay más…”.

Finalmente, vino Ena von Baer, quien, más allá de la torpeza de hablar de un “error involuntario”, terminó dando una declaración que más parecía, como la misma senadora dijo, “un mensaje de tranquilidad y optimismo” que otra cosa. Un “perdón, pero no le pongamos tanto color…”.

En definitiva, ni Moreira, ni Von Baer, ni la directiva del partido han pedido perdón, malgastando tres instancias en las que, se suponía, lo pedirían. Podrán aclararlo quienes conozcan la totalidad de las declaraciones, pero incluso podría afirmarse que en ninguna de las tres declaraciones se mencionó siquiera la palabra “perdón”.

Ni hablar del manejo de la escenografía en las mencionadas conferencias: tanto la sospecha de que la escenografía habitual fue modificada para que en la declaración de Moreira no se exhibiera el logo institucional, hasta la desorganización que rodeaba a von Baer y que sólo lograba distraerla y hacerla sonreír nerviosa, reflejan un descuido que roza la negligencia.

Y es que pedirle al ofendido que olvide el agravio cometido no es fácil, menos en una profesión en la que se sabe que el ego tiene que estar sobre la media.

Bien lo sabe el presidente del gobierno español Mariano Rajoy, quien, envuelto en asuntos de la misma órbita de los de nuestros políticos, ha tenido que pedir perdón en al menos tres ocasiones, al igual que distintas autoridades del Partido Popular. Los españoles están lejos de perdonarlos, pero es que más difícil que pedir perdón es perdonar y eso los políticos deben saberlo.

De tener una estrategia medianamente coherente y considerando que el 2016 hay elecciones municipales, la UDI debería comprender que este año que recién comienza debería utilizarlo única y exclusivamente en pedir perdón. Perdón, sin peros.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública y Académico Universidad de los Andes.

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL /AGENCIAUNO