Para el resto de los chilenos que viven con pensiones indignas, que tienen parientes pensionados a quienes deben apoyar o que tendrán pensiones insuficientes, la legalidad de la pensión que recibe Myriam Olate no hace nada para apaciguar la percepción de injusticia y abuso.
Publicado el 08.07.2016
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Si bien los escándalos de financiamiento irregular de la política, corrupción, tráfico de influencias, colusión y abuso han estado a la orden del día en Chile en los últimos meses, es fácil de entender por qué la noticia sobre la abultada pensión que recibe Myriam Olate, la esposa del diputado Osvaldo Andrade, después de 21 años de trabajo burocrático en Gendarmería, ha generado tanta polémica y tanto rechazo.  Ya que la mayoría de los chilenos jubilados recibe pensiones paupérrimas y todos los trabajadores chilenos temen que sus pensiones no les alcanzarán para una jubilación digna, el trato groseramente privilegiado que recibió Olate, usando resquicios legales, alimenta la principal causa del descontento que existe en la sociedad chilena.

Porque los poderosos de siempre nunca pierden y el resto de los chilenos es recurrentemente víctima de abusos y discrecionalidad, la gente está molesta. Porque mientras Andrade se alzaba como defensor de los marginados y paladín contra el abuso, su propia familia se beneficiaba de las reglas desiguales e injustas que abundan en Chile.  Andrade representa hoy todo lo que la gente rechaza de la elite política y de un sistema que promete igualdad pero que repetidamente demuestra que beneficia mucho más a unos pocos privilegiados mientras el resto se debe rascar con sus propias uñas.

En medio de los escándalos, el ex presidente del PS fustigó activamente a los políticos involucrados.  Con la ironía que le caracteriza, Andrade no se frenó en sus críticas a quienes usaron boletas ideológicamente falsas para financiar campañas y a los que recibieron pagos para participar en campañas a través del mismo sistema.  Recordando que él siempre participó en campañas sin recibir pagos, Andrade llegó a decir “A mí jamás me pagaron por eso. Cómo se le ocurre”. El diputado que se hacía el sorprendido cuando los periodistas le preguntaban si había utilizado un mecanismo ampliamente usado para financiar campañas en los periodos de pre-campaña, no trepidó en ubicarse en la superioridad moral para criticar a sus pares.

Pero resultó que Andrade tenía buenas razones para no escupir al cielo.  Si bien nada de lo que hizo su esposa es ilegal, abusar de un sistema de pensiones mal diseñado que buscaba proteger a funcionarios de gendarmería cuyo trabajo los tuvo en posiciones de alto riesgo, constituye un acto ética y moralmente inaceptable para alguien que dice abrazar la bandera de la igualdad y que milita en un partido que dice querer combatir los abusos de los poderosos de siempre. Lo de Olate no es ilegal, pero vaya que es reprochable para alguien que dice valorar el servicio público.

Además, parece razonable suponer que la esposa de Andrade consiguió su trabajo en Gendarmería producto de sus contactos políticos y militancia.  Si bien Myriam Olate puede haber tenido las credenciales necesarias, decenas de otras personas con credenciales similares o incluso mejores nunca tuvieron la oportunidad de competir por un cargo presumiblemente técnico que se asignó con criterio estrictamente político.  Luego, el problema de Olate no es que haya usado un mecanismo mal diseñado para conseguir una excelente pensión—después de todo, en una sociedad capitalista, todos tenemos el derecho a enriquecernos cuando nos damos cuenta que hay reglamentos que nos favorecen–.  El problema de Olate es que la oportunidad que tuvo para recibir esa abultada pensión es resultado de su militancia en un partido que dice combatir la desigualdad. De ahí que la defensa que hizo Andrade de los actos de su esposa es tramposa y engañosa.  La legalidad del acto final de Olate no hace desaparecer la red de pitutos y tráfico de influencia que le permitió a la esposa del ex presidente del PS llegar a ocupar el puesto que tuvo en Gendarmería.

De más está decir que, para el resto de los chilenos que viven con pensiones indignas, que tienen parientes pensionados a quienes deben apoyar o que tendrán pensiones insuficientes, la legalidad de la pensión que recibe Olate no hace nada para apaciguar la percepción de injusticia y abuso.  Cuando la mayoría de los pensionados recibe pagos mensuales que son menos del 10% de lo que recibe Olate, es difícil refugiarse en la legalidad para defender la desigualdad que este trato desigual viene a desnudar (como si ya no tuviéramos suficiente evidencia de que Chile es un país desigual).

El himno del Partido Socialista chileno comienza con la promesa de que “contra el presente vergonzante el Socialismo surge ya”. El caso de Myriam Olate y de su esposo, el presidente de la Cámara de Diputados y ex presidente del PS, Osvaldo Andrade, hacen pensar que el socialismo, después de surgir, se terminó sintiendo cómodo con el presente vergonzante y se sumó a los abusos que dice querer combatir. Peor aún, con su actitud, los compañeros Olate y Andrade hicieron cualquier cosa menos honrar el compromiso de que el PS “dará a los que luchan, digno ejemplo de acción contra el mal”.

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

 

 

 

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