Surge una nueva demanda social y todo un entramado se despliega; se huele el temor en ciertos grupos y un concepto nuevo aparece como necesario y como medio de solución: la Educación Previsional.
Publicado el 02.08.2016
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Las pensiones se tomaron la agenda. Eso hemos escuchado toda esta última semana tras la masiva marcha que movilizó a miles de chilenos el domingo 24 de julio y que a muchos nos ha hecho recordar lo ocurrido en 2006 con los pingüinos.

No pretendo en este espacio hacer un análisis sociológico del fenómeno ni esgrimir argumentos en favor o en contra de las AFP, ni de los posibles modelos que se han propuesto para sustituirlo. La visión que me gustaría incorporar al debate y que me parece de la máxima importancia es la que tiene que ver con la arista humana del sistema y que es, en mi opinión, el punto de encuentro con lo vivido con los estudiantes años atrás. El factor común tiene que ver con un tema de justicia social. Tal como ocurrió en 2006, los chilenos sentimos que nos están vulnerando en lo más básico de nuestra dignidad humana y que la estructura del sistema no se está ocupando de algo tan fundamental como es el bienestar de un grupo de la población que, según todas las estadísticas, está aumentando exponencialmente. Y peor aún, en el caso chileno, la discusión en torno a las pensiones ha generado una grieta más en la ya devastada y agotada sensación de inequidad y falta de solidaridad que existe en el país.

La buena noticia -o “a mal de muchos consuelo de tontos”, como rezaría el humor negro- es que no estamos solos en esta discusión. Este es un tema global, tanto o más que el mismísimo cambio climático. Por supuesto, al igual que ocurrió con el cambio climático hace 20 años, es una preocupación de unos pocos. E inquieta ver cómo ni siquiera está considerado en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos como meta global para el 2030 y acordados por 193 países firmantes –entre ellos Chile- en conjunto con la ONU, los cuales están llamados a ser nuestra hoja de ruta hacia una nueva forma de crecimiento y justicia social.

Mientras tanto, el INE nos dice que hacia 2025 la proyección de adultos mayores en Chile –una de las más altas del mundo, por cierto- es que habrá un adulto mayor de 60 años por cada menor de 15, y para el 2050, 1,7 adulto mayor por cada menor de 15 años, es decir, con el paso de los años la situación se va a ir haciendo más crítica.

No cabe duda que no podemos esperar hasta entonces para reaccionar. Y por lo mismo conmueve, pero también acongoja que sea la ciudadanía la que ponga el tema en la agenda. Síntoma claro de que la sintonía con los gobernantes no está funcionando. Porque como todos lo constatamos, la marcha masiva irrumpió de forma inesperada, aunque por años ha prevalecido el desencanto y desconocimiento en torno a las pensiones y a todo su sistema asociado.

Tal vez se podría especular que esto es parte de una ignorancia gestionada por ciertas partes interesadas, de la cual hemos tenido que comenzar a salir solos, al darnos cuenta que el sistema no nos acompaña en el deseo de prosperidad para todos; que el desarrollo, desde la perspectiva humana no considera a todos y menos a los más viejos.

Un ejemplo concreto de esta ignorancia gestionada es la propuesta de AFP Habitat y otros, respecto a elevar el porcentaje de cotización a 15%, estableciendo que una de las posibles grandes soluciones es que sea asumido de forma absoluta por el empleador el costo total del alza. Parece bueno, pero si nos adentramos en la idea constatamos que ese valor sería asumido sólo durante el primer año de la medida -de carácter obligatorio-, pues tal vez tampoco parece sostenible que las empresas logren mantener ese nivel de aumento en sus costos, sin que afecte a los propios empleados, es decir, a nosotros. Entonces lo más probable es que este costo merme el sueldo bruto de las personas al año siguiente de dicha obligación, cuando las remuneraciones sean reajustadas.

Entonces, seguimos jugando a “pelotear” el problema y se sigue validando el modelo de manipulación de la información que no hace más que confirmar que los chilenos estamos siendo educados en la ignorancia en los temas de dignidad humana.

Surge una nueva demanda social y todo un entramado se despliega; se huele el temor en ciertos grupos y un concepto nuevo aparece como necesario y como medio de solución: la Educación Previsional. Un término que desde PROhumana venimos acuñando hace 12 años, a través de la metodología de nuestro Ranking de Sustentabilidad Empresarial y que en cada versión aparece como una de las dimensiones menos desarrolladas por las empresas. Aún así, seguimos viendo cómo éstas se mantienen poco activas al respecto y sus programas de Educación Previsional experimentan mínimos o nulos avances.

¿En qué consiste este concepto? Simplemente en dar a conocer de forma transparente y fidedigna cómo funciona el sistema de pensiones y permitir que las personas puedan tomar decisiones informadas y conscientes. ¿Y quiénes deberían ser los responsables de implementar este tipo de educación? Sin duda que uno de los primeros es el Estado, responsable de velar por el cumplimiento de la mencionada justicia social, pero también los que comandan el sistema previsional, pues al estar a su mando ejercen un rol vinculante en cuanto a su aporte para que esta justicia social se logre.

Han pasado sólo ocho días desde la citada marcha en contra de las AFP y ya parece que no exista nada más. Hoy mismo escuchaba en un programa de radio que los incipientes comandos de los posibles candidatos presidenciales ya han dado prioridad a este tema, convocando a expertos y técnicos para elaborar propuestas de cara a sus campañas. En un primer análisis, esto es bueno. Pero si sopesamos, volvemos a encontrarnos con ese actuar reactivo, alejado de la reflexión y de la visión a largo plazo, que busca finalmente acallar a las multitudes y dar soluciones rápidas y, por cierto, muy populistas.

Algo similar a lo que ha ocurrido con la educación, por cierto… Y siguen las similitudes con los pingüinos. Que tras tantas batallas y tantos debates, hoy enfrenta un escenario que no deja a nadie conforme.

Ojalá la experiencia se tenga en cuenta y la “catástrofe pedagógica” ocurrida con la educación les permita a quienes están llamados a modificar el sistema, ser capaces de evidenciar lo que se está haciendo de manera incorrecta y bajo esta ignorancia gestionada, para así detenerse, analizar y continuar, reflexionando sobre aquello que no se está considerando y que es lo que finalmente no nos permite evolucionar integralmente como país y lograr una consistencia de valores y acciones articulados de país desarrollado.

 

Soledad Teixidó, Presidenta Ejecutiva PROhumana.

 

 

 

FOTO:YVO SALINAS/AGENCIAUNO