La ética de las convicciones que está tras las posturas de Walker, Martínez o Aylwin, sucumbe en definitiva ante lo que se ha dado en llamar la ética de las responsabilidades, que privilegia los intereses de los partidarios antes que sus convicciones.
Publicado el 02.03.2017
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La Presidenta Michelle Bachelet pidió dejar atrás las peleas pequeñas, en referencia a las públicas diferencias entre el Partido Comunista y la Democracia Cristiana luego de la decisión del Gobierno de Cuba de prohibir la entrada al país de Mariana Aylwin para recibir, en representación de su padre, el Premio Osvaldo Payá, que pretendía entregarle una organización disidente en la isla.

¿Tiene razón la Presidenta al referirse en esos términos a las diferencias entre dos de los partidos más importantes de la Nueva Mayoría?

Aparentemente no. Las diferencias entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista parecen ser de fondo. Durante todo el transcurso de este Gobierno, la DC ha expresado discrepancias importantes con el PC en varias materias. Una de ellas ha estado en el área de la reforma educacional, donde su ex presidente, el senador Ignacio Walker, ha sido crítico de varias de las iniciativas que afectan el funcionamiento de la educación particular, las que en cambio, han sido impulsadas con gran disciplina y eficacia por los parlamentarios comunistas desde la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados.

De hecho, Gutemberg Martínez, un histórico de la DC, manifestó hace ya un tiempo que la Nueva Mayoría era una alianza electoral con fecha de vencimiento y no una alianza política, aludiendo a las diferencias de fondo que hay entre su colectividad y los sectores más izquierdistas de la coalición representados por el Partido Comunista.

Quien ha tenido en el último tiempo la voz cantante en esta materia ha sido la ex ministra de Educación Mariana Aylwin. Como vocera del grupo interno Progresismo con Progreso, ella ha sido partidaria de un perfilamiento propio de la Democracia Cristiana, que la haga recuperar ante la ciudadanía su identidad de partido de centro. Atribuye precisamente a este desperfilamiento de su partido la importante baja de votación que ha sufrido en los últimos años. Su planteamiento más concreto ha sido que la DC debe llevar su propio candidato a la primera vuelta de las próximas elecciones presidenciales.

Pero la ética de las convicciones que está tras las posturas de Walker, Martínez o Aylwin, sucumbe en definitiva ante lo que se ha dado en llamar la ética de las responsabilidades, que privilegia los intereses de los partidarios antes que sus convicciones.

En efecto, todas estas manifestaciones de independencia de la Democracia Cristiana, muy claras en el discurso de algunos, no se han traducida en acciones políticas concretas. De hecho, el senador Walker votó a favor de cada una de las disposiciones importantes de la reforma educacional, borrando con el codo lo que escribió con la mano.

Los planteamientos de Gutemberg Martínez, así como los de Mariana Aylwin, en definitiva, han quedado en nada por la simple razón de que no tienen la mayoría interna en el partido para hacer prevalecer sus posiciones. En su oportunidad fue el senador Jorge Pizarro, estrecho aliado de la Presidenta Bachelet, quien se impuso en la interna del partido situando la pertenencia a la Nueva Mayoría como característica distintiva de la DC. Caído políticamente el senador Pizarro después del caso SQM, ha surgido Carolina Goic como presidenta del partido y ahora último como precandidata presidencial.

Contrariamente a lo que opinó en su oportunidad Mariana Aylwin, Goic se muestra partidaria de participar en las primarias de la Nueva Mayoría y no en la primera vuelta presidencial. Su planteamiento de independencia respecto al Partido Comunista tras el episodio de la frustrada visita de la ex ministra a Cuba es simplemente un saludo a la bandera, por no decir un tongo, y carece de contenido práctico.

Una vez más, la Democracia Cristiana se apronta a realizar una negociación política en que privilegiará los cupos parlamentarios y las posiciones en un eventual nuevo Gobierno de la Nueva Mayoría, frente a un proyecto propio que la perfile como un partido de centro con identidad propia. Las pegas son más fuertes. Sin embargo esta vez, quienes ostentan el control del partido y creen tener la sartén por el mango, pueden quedarse con el puro mango.

No está tan perdida entonces la Presidenta Bachelet cuando afirma que ésta entre la Democracia y el Partido Comunista, no deja de ser una pelea pequeña.

 

Luis Larraín, #ForoLíbero

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO

 

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