No requiere ser un experto en políticas públicas, o eximio economista, para entender que la relación simbiótica entre paz social y crecimiento económico es muy estrecha. 
Publicado el 30.05.2016
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De un tiempo a esta parte ha comenzado a emerger con fuerza por parte del Gobierno el tema de la “Paz Social”, ya sea como uno de sus objetivos prioritarios, o como un costo para explicar el evidente deterioro en bienestar púbico que ha significado la implementación de su programa de reformas igualitarias.

Sorteando el evidente parecido que tiene el término con la manida respuesta de las Miss Universo al preguntárseles cuál es su más importante deseo para el mundo; paz mundial. El anhelo más esencial de cualquier ser humano es la paz social, quién podría siquiera negarlo. Maduro, Kim, Castro, Mao, Stalin, Pol Pot, Honecker estuvieron por la paz social, el problema, y el error pueril de muchos gobiernos a lo largo de historia, es que el objetivo no es el problema en sí, el dilema es cómo conseguirla de la mejor forma posible.

No requiere ser un experto en políticas públicas, o eximio economista, para entender que la relación simbiótica entre paz social y crecimiento económico es muy estrecha. Es más, cuando los países entran en crisis económicas, los estallidos sociales no demoran en aparecer, como es el caso en la actualidad de Venezuela, Brasil o como lo fueron el caso de Grecia hace un par de años. Por lo tanto si el Gobierno está genuinamente preocupado de la paz social, y no es sólo una excusa esgrimida para esconder su conspicuo y evidente fracaso en el manejo económico, entonces su plan de acción debería conducir a proveer de soluciones concretas para retornar lo antes posible el crecimiento económico chileno a la senda que nunca debió abandonar –esto es crecer a lo menos un 3.5% anual–.

Sostener a diestra y siniestra que el objetivo ahora sí es el crecimiento económico, y dado el ingente nivel de desconfianza entre los diferentes agentes que participan en el quehacer diario del país, es baladí si no viene acompañado de una corrección concreta y costosa al plan de reforma del Gobierno, que no solo tienen el problema de una desprolija implementación, sino que además el de fundarse en un diagnóstico erróneo.

El Gobierno cuenta con muchas alternativas para emitir la señales que les permitan a empresarios y consumidores recuperar la confianza en el crecimiento económico, y así comenzar a gastar y reacelerar el paupérrimo crecimiento económico. Para empezar comenzaría por reformar la reformada Reforma Tributaria, por una que contenga incentivos claros pro inversión y pro ahorro. En segundo lugar, aprovecharía la ocasión para discutir una reforma laboral consensuada y de cara a lo que será la economía del futuro, no mirando hacia la era industrial. Tercero, el ruido del proceso constituyente, aunque aún no muy visible, incrementará la incertidumbre, por lo tanto consensuar un arreglo a la carta fundamental pareciera mucho más lógico que cambiarla. Por último, legislar para que los costos de las protestas y los desmanes callejeros, tanto públicos como privados, sean asumidos por quienes las organizan, sean o no autorizadas por la autoridad.  Todo lo anterior con el mérito adicional de que incrementaría la aprobación del Gobierno y los políticos. ¿Por qué no hacerlo entonces?

La incapacidad de responder la pregunta anterior es lo más preocupante a mi entender. Es que este cambio de relato, el de la paz social, emerge justo cuando al interior de la coalición política que apoya el Gobierno, la Nueva Mayoría (NM), muestra signos evidentes de quiebre en cuanto al cómo conseguir el crecimiento económico, y lo que es más imperativo para ellos aún, cómo continuar en el poder después de las elecciones municipales, cuyos resultados se anticipan adversos. Aquí aparecen dos almas nuevas dentro de este conglomerado, y que no es otra que una lucha abyecta entre quienes creen en la alternancia de poder, y que éste debe permanecer como exclusividad ciudadana, y los que creen que el pueblo es una manada servil e ignota dispuesta a ser conducida por seres superiores e iluminados.

En definitiva, no sé aún si el relato de la paz social, es una disculpa esgrimida para ocultar la vergonzosa realidad de la peor desaceleración económica desde el fin de la dictadura, o es más bien el nuevo objetivo superior del Gobierno, y la excusa para acelerar y profundizar su plan igualitario de realismo sin renuncia.

 

Manuel Bengolea, Estadístico de la PUC y MBA de Columbia, NY.

 

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO