Necesitamos construir las empresas del mañana donde exista espacio tanto para las madres como para los padres.
Publicado el 19.09.2016
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Mucho se habla de cómo las mujeres pueden llegar a altos cargos, pero poco sobre lo importante que es empoderar a los hombres en el hogar. Resulta que el primer objetivo es casi imposible si el segundo factor no existe. En Chile, sorprende que apenas el 0,2% de los hombres utilice su permiso de posnatal. Ustedes se preguntarán: ¿Eso existe? Sí. Los padres pueden tomarse seis semanas de posnatal mientras la madre vuelve a su trabajo. Pero muy pocos lo usan. En 2014, se hizo uso de tan sólo 209 subsidios de posnatal para padres, de un universo total de 102 mil posibles.

Se podrían esgrimir diversas razones para explicar este fenómeno. Y si bien es efectivo que hay desconocimiento del beneficio y trabas económicas o laborales, quizás la más crítica es que existen enormes barreras culturales. ¡Imaginen la sorpresa del jefe que se entera que un trabajador hombre se tomará el posnatal! Probablemente, la mayoría de los nuevos padres creen que acogerse al beneficio los podría perjudicar en sus aspiraciones profesionales. Un amigo me contó que si salía temprano de la oficina para ir a buscar a su hijo al jardín infantil automáticamente era visto como poco comprometido con la empresa. Cuando un padre hace uso de permisos para cuidar a un hijo se expone a bromas molestas de sus compañeros. El “macabeo”, lo denominarán algunos. Estas acciones incluso pueden afectar la percepción que sus jefes tienen de él, reduciendo sus oportunidades de ser ascendido o de tener un aumento de sueldo.

Las mujeres a veces nos sentimos discriminadas en ambientes laborales masculinos. Por ejemplo, cuando no nos invitan a ese almuerzo del Club de Toby o a la pichanga de media semana, que son precisamente las instancias donde se generan vínculos profesionales más profundos entre compañeros de trabajo de distintos niveles. Los hombres que se hacen cargo de sus hijos más allá de lo culturalmente aceptado, también sufren discriminación. Aquellos que dejan sus trabajos para dedicarse al cuidado de sus hijos –conocidos como “stay-at-home dad”- sufren el ninguneo de su círculo social. A diferencia de la mujer que dejó de trabajar por sus hijos, el hombre que toma esa decisión y opta por privilegiar el desarrollo profesional de su mujer es enjuiciado severamente.

La primera responsabilidad de generar un cambio está en las propias mujeres. Si queremos más oportunidades en el trabajo y una mayor corresponsabilidad con nuestras parejas, empoderemos a los hombres en el hogar. En promedio, las chilenas dedicamos tres veces más tiempo que los hombres a las tareas de la casa, incluyendo el cuidado de nuestros familiares y las tareas domésticas. “Maternal gatekeeping” le llama la sicología a la conducta de esas mujeres que prefieren que sus hombres no hagan las tareas del hogar porque lo hacen mal o “no tan bien” como lo harían ellas.

La segunda responsabilidad pasa por las organizaciones. A nivel de jefaturas, la flexibilidad laboral en temas de cuidado de niños o adultos mayores debe correr para ambos géneros. Francia es un símbolo en el tema de políticas pro familia. Son el país con la tasa de natalidad más alta de Europa y donde tanto los padres como las madres tienen beneficios reconocidos laboralmente y respaldados a nivel cultural. Viviendo allá, me llamaba la atención la cantidad de padres acarreando a sus hijos en coches, a media tarde, de vuelta de las salas cuna y jardines infantiles. Incluso en las empresas con horarios más exigentes, los jefes sabían que hombres y mujeres, sin distinción, debían salir a buscar a sus hijos y que no podían contar con ellos para reuniones de última hora.

Para hacer este cambio de mentalidad cultural necesitamos empresas comprometidas con sus trabajadores, sean hombres o mujeres, para que ambos tengan flexibilidad laboral. Necesitamos construir las empresas del mañana donde exista espacio tanto para las madres como para los padres. Y como mujeres, si queremos tener las mismas oportunidades en el mundo laboral, apoyemos a nuestras parejas a tener una función activa en el hogar. Partamos, literalmente, por casa.

 

Gracia Dalgalarrando, Profesora Innovación Social UDD.

 

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO