Lo que falta es responder a una pregunta sencilla pero central: ¿Cómo todo este esfuerzo transformador/reformador afectará la cotidianeidad de las personas? ¿Tendremos mejores escuelas, menores abusos, mayores oportunidades? Como hasta el momento no se han respondido estas preguntas, la gente se inquieta.
Publicado el 05.12.2014
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Si hay algo evidente que señala la encuesta CEP y otros tantos estudios de opinión es la disconformidad social con el sistema político. Vivimos un proceso simultáneo y relacionado de desconfianza, desafección y desalineación de la sociedad respecto del sistema político. La población desconfía mayoritariamente de los partidos y de las instituciones representativas (Congreso Nacional), la gente se muestra poco interesada en la política y la ciudadanía no se siente identificada en el eje izquierda-derecha. Polarización de las elites y desafección ciudadana.

No se trata de una ciudadanía enajenada viviendo en una burbuja de consumo y trabajo. Muy por el contrario, cuando se le pregunta a las personas a qué área de política el Gobierno debiese dedicar su mejor esfuerzo, los encuestados destacan educación (50%), delincuencia (48%) y salud (45%). Si se consulta sobre las prioridades que los gobiernos debiesen tener para los próximos 10 años, la principal mención no es ni crecimiento económico (13%), ni más orden público (14%), sino que mayor igualdad de oportunidades entre las personas (32%). Equivocada o no, existe una percepción muy asentada de que la educación es el principal instrumento para resolver la desigualdad. Otros estudios han demostrado que importantes segmentos de la sociedad aspiran a tener más Estado en ámbitos donde se sienten más vulnerables (previsión, compra de remedios, atención de salud, crédito), pero al mismo tiempo valoran la iniciativa privada en otros sectores (educación particularmente).

Mientras el debate político-académico ha centrado su atención en la polaridad Estado vs. mercado, en la sociedad parecen compatibles: quiero un mercado que me permita desarrollar mis potencialidades, pero al mismo tiempo un Estado que me proteja cuando estoy desempleado, endeudado, enfermo, en edad de jubilarme o cuando enfrento abusos.

Y el debate político no está respondiendo a estas demandas. Es por esta razón que lo que pierde el Gobierno de respaldo popular no se transfiere a nadie. Así como el Gobierno y la Nueva Mayoría disminuyen en aprobación, también lo hace la Alianza. Un tercio de los simpatizantes de la propia Alianza desaprueban la forma en que lo han hecho, y esta desaprobación alcanza un 38% entre quienes no se identifican con ninguna coalición. Bachelet ha perdido apoyo significativo entre las mujeres y probablemente entre los sectores medio-bajos, pero aquello no es capturado por ningún sector político.

Lo anterior refleja que el debate sobre las reformas no ha estado a la altura de las expectativas ciudadanas. Se gasta mucho tiempo político en conflictos coyunturales intrascendentes para gran parte de la población. Los actores políticos parecen más preocupados de defender intereses sectoriales específicos que de avanzar soluciones a los temas de preocupación ciudadana. En el año 2011, el movimiento estudiantil logró capitalizar políticamente una demanda ciudadana centrada en los abusos de poder, la discriminación, el acceso y la calidad de la educación.

Pero hoy, ni los actores sociales ni menos los actores políticos parecen conectados con tales preocupaciones. No es que temas de lucro, selección y/o copago deban sacarse de la agenda. Lo que falta es responder a una pregunta sencilla pero central: ¿Cómo todo este esfuerzo transformador/reformador afectará la cotidianeidad de las personas? ¿Tendremos mejores escuelas, menores abusos, mayores oportunidades? Como hasta el momento no se han respondido estas preguntas, la gente se inquieta. La recomendación del día para aliancistas y nuevomayoristas es “paren el circo”, pues el tiempo político de este gobierno se acaba.

 

Claudio Fuentes, Director Escuela de Ciencia Política Universidad Diego Portales.

 

 

FOTO: JONAZ GOMEZ/SANTIAGO