Quienes hemos sido muy críticos de la reforma, debemos reconocer que, al menos en este punto, los cambios apuntaron en la dirección correcta.
Publicado el 11.04.2016
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Esta semana la opinión pública conoció la noticia de los denominados Panama Papers, y con ello, aparecieron en los medios de comunicación y en las conversaciones de café, una serie de términos con los cuales el grueso de la población no tiene mucha relación. Conceptos tales como sociedades offshore, tributación internacional, rentas pasivas, sistema devengado o percibido, crédito contra impuesto en Chile, etc., irrumpieron con fuerza. De la misma manera, apareció en medio de todo la tan comentada reforma tributaria, que a este respecto contiene importantes innovaciones en la materia. Quienes hemos sido muy críticos de la reforma, debemos reconocer que, el menos en este punto, los cambios apuntaron en la dirección correcta.

A riesgo de ser simplista, debemos comenzar por explicar nuestro sistema tributario en lo que refiere a los impuestos que se pagan por las utilidades o ganancias que reciben las personas, sean naturales o jurídicas. En el primer caso, las personas naturales domiciliadas o residentes en Chile pagamos impuesto global complementario, cuya tasa va desde el 0% al 40%, dependiendo de los ingresos anuales de cada uno. Esta tasa máxima, a partir del año 2017, bajará al 35%. Nuevamente, destacamos esto como otro de los puntos altos de la reforma.

Por su parte, las personas jurídicas (sociedades) pagan el impuesto llamado de Primera Categoría, cuya tasa es fija y que este año es del 22,5%. Recordemos que la reforma aumentó la tasa original del 20% al 25% para quienes opten por el sistema de renta atribuida, y al 27% para quienes opten por el sistema parcialmente integrado. Este aumento es paulatino, y estará en plena vigencia para las rentas del 2017, cuyo impuesto se paga en abril de 2018.

Hay acá un primer punto muy relevante de entender: mientras las utilidades no sean retiradas por sus dueños, la empresa sólo habrá pagado impuesto de primera categoría. Y, sólo una vez que los socios la retiren total o parcialmente, pagarán el impuesto global complementario o adicional, al cual se le otorga como crédito lo pagado por la empresa en el nivel de Primera Categoría. La razón de ello es evitar que se tribute dos veces por la misma fuente.

Si una empresa vende 400 y gasta 300, su utilidad será de $100 y sobre ello se aplicará el 22,5% de impuesto de primera categoría. Y si el dueño retira los $77,5 que quedaron en caja, para su uso o consumo personal, deberá pagar impuesto global complementario, y al resultado del monto a pagar, se le pueden imputar los $22,5 ya pagados. Por eso es que se habla de impuestos que generan un crédito para otros impuestos.

Por otro lado, nuestra ley distingue entre las utilidades devengadas o percibidas. Las primeras son aquellas a las cuales tengo derecho, aun cuando no las tenga materialmente en mi poder (ej. La empresa vende 100 en diciembre, con condiciones de pago a 60 días. La renta está devengada, aun cuando no se ha percibido). Las sociedades tributan sobre base devengada, y las personas tributamos sobre base percibida. Así, si yo no he retirado las utilidades de la sociedad, éstas no las he percibido y por lo tanto no tengo que pagar impuesto. O si he dado una boleta de honorarios que no me han pagado, tampoco debo pagar impuesto por esa “ganancia”.

Las sociedades offshore son aquellas sociedades constituidas en distintas jurisdicciones que otorgan importantes exenciones de impuestos para las actividades que se hacen fuera de sus fronteras (de ahí su nombre). Así, si yo constituyo una sociedad en Panamá, y esta sociedad hace negocios en Brasil o Alemania, las utilidades que reciba la sociedad no van a pagar impuestos en Panamá. Y si relacionamos esto con lo señalado precedentemente, yo como chileno no voy a pagar por esas utilidades porque pertenecen a una sociedad extranjera, y porque además yo no he retirado esos dineros, es decir, no los he percibido.

La Ley Nro. 19.247, de septiembre de 1993, incorporó a nuestra Ley de la Renta un párrafo denominado “de las normas relativas a la doble tributación internacional”. Estas normas, contenidas en las distintas letras del artículo 41, establecieron una serie de reglas destinadas a determinar los impuestos soportados en el extranjero que podrán ser deducidos de los impuestos a la renta en Chile, distinguiendo entre aquellos países con los cuales tenemos tratado para evitar la doble tributación y los que no.

La Ley Nro. 20.780, publicada el 29 de septiembre de 2014, y que contiene la reforma tributaria, en su artículo 1 número 25) sustituyó por completo los artículos 41A, 41B, 41C, y 41D de la LIR. Y en lo relevante a nuestro efecto, incorporó una nueva normativa en el art. 41G, en cuya virtud las inversiones de chilenos en el extranjero que generen rentas pasivas, como dividendos, retiros, repartos, ganancias de capital provenientes de la enajenación de inmuebles o de cesión del uso de marcas, patentes u otros, tributarán sobre base devengada y no sobre base percibida. De esta suerte, para estos inversionistas será indistinto que traigan o no estas rentas a Chile, ya que para efectos nuestros, se considerarán devengadas, y por tanto, afectas a impuesto a la renta. De esta forma, los chilenos ya no podrán postergar la tributación de las utilidades generadas por estas sociedades.

La norma obliga a tributar sobre base devengada a todas aquellas sociedades “controladas” por contribuyentes constituidos, domiciliados o residentes en Chile, estableciendo en la misma norma los criterios para determinar cuando estas sociedades son controladas, y que dicen relación con poseer una participación superior al 50% o bien tener la capacidad de influir decisivamente en la administración de la sociedad. Sin embargo, la misma ley señala que se entenderán “controladas” todas aquellas sociedades domiciliadas o residentes en países de baja o nula tributación (paraísos fiscales), sin atender a ninguna otra circunstancia.

Este artículo igualmente establece la posibilidad de utilizar como crédito los impuestos pagados en el exterior por las rentas pasivas, limitando este uso a las rentas de un sólo país. De esta forma, si una empresa chilena es parte de una sociedad del Reino Unido, y esa sociedad a su vez genera rentas en una sociedad domiciliada en Francia, la sociedad chilena sólo podrá utilizar como crédito los impuestos pagados en Reino Unido.

Estas normas se enmarcan en el cumplimiento del compromiso de los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) de incorporar en sus normativas internas las CFC Rules (Controlled Foreign Corporation que significa Sociedades Extranjeras Controladas) que buscan precisamente la total transparencia tributaria internacional.

Como pocas veces, nuestra ley se adelantó a los hechos.

 

Álvaro Moraga Fritz, abogado, socio de Moraga & Cia. y académico de la Universidad Adolfo Ibañez.

 

FOTO DISEÑO: SANDRO BAEZA/AGENCIA UNO