Dada la contingencia económica, podemos adelantar que los resultados no serán los más alentadores para este gobierno.
Publicado el 29.08.2016
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A semanas de cumplirse el plazo para que se termine el período de levantamiento y procesamiento de datos, la encuesta CASEN nuevamente parece indicar que tendrá un atraso en la publicación de resultados. Ya hay voces que están levantando las alarmas sin tener una clara respuesta de parte del Ministerio de Desarrollo Social, lo que está generando una sensación de incertidumbre.

Esta encuesta usualmente es enviada en alguna fecha cercana a los meses de julio. Sin embargo, ya entrando a septiembre, aún no tenemos claridad de cuándo será presentada. El diputado Felipe Kast ha enviado dos oficios al ministro Barraza y la respuesta ha sido igual de ambigua. En ella, se señala que el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile –entidad que se adjudicó la licitación- está actualmente en etapa de “codificación y validación de datos”, señalando que la difusión de los datos “será durante el segundo semestre”. De comprometerse con alguna fecha, nada.

La encuesta CASEN es la segunda encuesta más importante de nuestro país, después del Censo. Apunta a identificar qué cambios se observan luego del seguimiento en indicadores asociados a ingresos, educación, salud, vivienda, entre otros, lo que permite generar una completa radiografía de la realidad social del país, permitiendo identificar cambios significativos y con ello, evaluando qué políticas públicas funcionan y cuáles no. Este proceso es de primer nivel en cuanto a lo técnico y pone a disposición de cualquier investigador las bases de datos con sus resultados, por lo que es muy transparente, lo que, a su vez, genera un mecanismo de control a la política social que es muy destacable.

En esta edición 2015, se han incorporado innovaciones que permitirán medir nuevos datos relevantes como son el tiempo promedio a algún servicio relevante o duración en los tiempos de viaje entre trabajo y hogar, nivel de participación en organizaciones y otros con el fin de poder incorporar la dimensión “entorno y redes”. Avanzar en mejorar este indicador es fundamental para ampliar el concepto de pobreza más allá del nivel de ingresos. Sin embargo, son estas mismas innovaciones las que reviven los fantasmas del atraso observado para la publicación de datos 2013 y que terminó con una vergonzosa presentación un día sábado, la que expuso el prestigio de este instrumento por los mantos de dudas que sembraba tal cronograma.

Dada la contingencia económica, podemos adelantar que los resultados no serán los más alentadores para este gobierno. Los datos que podemos adelantar de la recientemente presentada Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE, muestran que la diferencia entre el ingreso per cápita y por hogar promedio del 10% más rico y el 10% más pobre, se ha mantenido estancada desde 2014. A esto hay que sumarle la menor creación de empleos, períodos con inflación y mayor creación de empleos precarios e informales. Datos que en su conjunto hacen peligrar la batalla por disminuir la pobreza y amenazan también con hacer que la promesa de la desigualdad no se quede en más que eso, una promesa.

Es de esperar que estas sensaciones de incertidumbre se queden solo en eso, y no se transformen en un nuevo precedente que habla del deterioro en la gestión de las políticas públicas de nuestro país. Lograr instrumentos de excelencia que permitan tomar decisiones informadas, que permitan realizar evaluaciones de impacto para así generar políticas que tengan un cambio real en la vida de las personas y que dejemos de ver la política como una caja pagadora de favores, sin controles ni contrapeso, es el único modo de avanzar en una política social acorde a los múltiples desafíos que aún están pendientes.

El Estado debe estar al servicio de las personas y sus comunidades, no dejemos que por ineficiencias políticas se deteriore una institucionalidad que ha logrado mostrar resultados de primer nivel cuando se utilizan los instrumentos técnicos que están a disposición. El insumo que aporta la encuesta CASEN es fundamental para las próximas elecciones ya que sirve de barómetro de cumplimiento de las promesas. Es bueno que exista un contrapeso al mal hábito de prometer y sembrar esperanzas para ver que luego no se es capaz de cumplir. Si se avanza por el camino de las señales equivocadas, se amenaza con borrar con el codo todos los avances realizados en los últimos años en políticas sociales.

Es cierto que últimamente nos hemos acostumbrado a tener problemas de países desarrollados –cambios constitucionales, discusiones de derechos sociales, discriminación-, lo que podría llevar a algunos a creer que esta discusión es bizantina. Sin embargo, este error de prioridades, que se funda en la complacencia, no puede llevarnos a desentendernos de la importancia que hay en utilizar todos los medios para lograr erradicar la pobreza y disminuir las brechas sociales. No nos olvidemos nunca, que los pobres no pueden esperar.

 

Cristóbal Ruiz-Tagle C., Director de estudios IdeaPaís.

 

 

FOTO: OSVALDO VILLARROEL / AGENCIAUNO