Tenemos dos caminos: que nos sigan preguntando qué nos pasó a los chilenos o volver a ser el ejemplo de cómo hacer las cosas bien. La diferencia va a estar en a quién le confiaremos los destinos del país.
Publicado el 25.09.2016
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En la última elección presidencial, una mayoría de ciudadanos le brindó el mandato a la actual Presidenta, a pesar que sus respuestas más relevantes durante su campaña fueran dos: el silencio y ¡paso!

Y entre paso y paso, en la segunda vuelta la elección se resolvió a su favor y hoy estamos en lo que estamos, por no haber sido lo suficientemente demandantes para exigir las respuestas que dieran a conocer lo que realmente pensaba en ese entonces la candidata Michelle Bachelet.

Lamentablemente, parece que los chilenos somos medios lentos para aprender, porque ahora que la contienda por la elección presidencial se tomó la agenda política sin pedirle permiso a nadie, estamos de nuevo ante un posible papabile, el que, no teniendo una gran figuración pública como parlamentario, ni tampoco habiendo destacado por plantear ideas que permitieran ilustrarnos sobre su visión de país, está en la pole position de la popularidad.  

Y como en las encuestas semanales lo destacan como el más competitivo ante don Sebastián, qué mejor que seguir así, dándole como bombo en fiesta a uno de los miembros más destacados de su sector, pero no mucho más que eso, porque ¿para qué desgastarse opinando, si no hace falta?

Chile no aguanta otro desastre como el actual Gobierno. Se lo escuché decir a un destacado político, que no es de derecha precisamente, en un programa radial hace unos días. Yo comparto su opinión, porque en la próxima elección presidencial estará definitivamente en juego el futuro de Chile.

Es por esto que debemos recapacitar sobre la actual experiencia y entender que lo que el país necesita como futuro Presidente no es alguien que otra vez guarde silencio o diga paso ante preguntas que le resulten incómodas, sino a quien nos ofrezca un proyecto de futuro que nos haga soñar de nuevo; un Presidente que tenga capacidad de liderazgo, visión más allá del corto plazo e ideas claras y modernas sobre cómo reconducir a Chile hacia el desarrollo. Son las mínimas condiciones personales que debemos exigirle a un candidato y que no tienen nada que ver con ser simpático o ser un rostro conocido gracias a su exposición en los medios.

Hasta hace muy poco, Chile era un ejemplo de cómo hacer las cosas bien. En los dos años y medio del actual gobierno, pasamos a ser el ejemplo de cómo hacer las cosas mal, lo que ha llevado al mundo a preguntarse qué nos pasó a los chilenos.  La respuesta a eso la conocemos todos.

Es por esto que resulta tan importante reflexionar profundamente sobre la próxima elección presidencial. Tenemos dos caminos: que nos sigan preguntando qué nos pasó a los chilenos o volver a ser el ejemplo de cómo hacer las cosas bien. La diferencia va a estar en a quién le confiaremos los destinos del país. Por eso, debemos preguntarnos: ¿otra vez alguien que diga paso? ¡NO! Chile merece más.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas.

 

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI /AGENCIAUNO