Se ha buscado ideologizar a través de posverdades, porque así se logra esconder lo crudo de la realidad que muestran la biología y la lingüística. Crear una "nuevalengua", como en la novela 1984 de George Orwell. Así que nunca olvide: usted puede matar por ley, y está en su derecho, pero eso no quita que esté asesinando. Respetemos el lenguaje. No asesinemos el verbo asesinar.
Publicado el 04.07.2018
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La pesadilla fue horrible: padres e hijos se asesinaban unos a otros porque se estorbaban. Sangre, mucha sangre y desechos humanos. Al despertar, caí en la cuenta que la pesadilla era realidad. Sí, porque si al comienzo de los tiempos en las cavernas se mataban por un pedazo de carne, mantener el fuego, o liderazgo, hoy, en pleno siglo XXI te pueden matar por ser un humano no deseado.

Esa es la eutanasia y el aborto: hijos matando padres, y padres matando hijos, y de forma legal. Escribo de esto porque dentro de una década, tal vez menos, mi apuesta es que en Chile tendremos aborto legal libre y eutanasia.

Pero aquí no quiero hablar de lo valórico, sino que de lo biológico y lingüístico. Cuando un corazón late, eso es vida, se quiera entender o no. La gente que está a favor de estas formas de matar tiene que tener claro que, si bien son métodos legales y no deben temer a represalias, no pueden esconderse bajo discursos eufemísticos para anestesiar conciencias. Se debe aceptar que se está matando de manera legal.

En el caso hipotético de que yo tuviera una hija de 15 años, y es violada, y queda esperando guagua, tengo claro que no me cerraría al aborto, pero tengo claro también que, de hacérselo, sabría que estoy asesinando a un nieto. Me tendría que acostumbrar a vivir con esa culpa, porque habría un bien superior -subjetivo- que sería no truncar la vida de mi hija a los quince.

Lo mismo con mi padre. Supongamos que está enfermo, postrado, inconsciente, pero su corazón quiere seguir latiendo. Los gastos de su mantención son altos y tengo que ocuparme de él. Mi padre ya no sirve. De hecho me estorba. Es un padre no deseado. Decido matarlo, aunque él no me lo reclame, pero me digo “es por su bien, para que descanse”.
Tampoco me cierro cien por ciento a hacerlo si me ocurriera, pero sí tengo claro que estoy matando a un ser humano.

“Lo maté porque él me pidió”, es un tercer caso de asesinato legal en varios países del mundo. Ok, él lo pidió, pero no por eso deja de latir un corazón, no por eso se mata a un ser vivo racional.

En estos tres casos la muerte la produce la intervención de un tercero sobre alguien que no se puede proteger físicamente. ¿Por qué elegimos al más vulnerable para “vaporizarlo”, como diría George Orwell? Está claro, porque no alegan y no se pueden defender. Digamos las cosas como son. Seamos adultos y no miremos para el lado. Todos esos discursos de que el cuerpo es mío, que yo hago lo que quiero con él, al tacho. Si quieres hacer lo que quieres con tu cuerpo, suicídate, pero el aborto, insisto, le quita la vida a un otro.

Aquí todo se ha buscado ideologizar a través de posverdades, porque así se logra esconder lo crudo de la realidad que muestra la biología y la lingüística. Entonces surgen palabras como “cavernarios”, “progres”, “derechos reproductivos”, “interrupción voluntaria del embarazo”, “ayudar a morir a una persona”, etc., es decir, una nuevalengua como en la novela 1984 de Orwell: “Lo que hacemos es destruirlas, decenas, cientos de palabras al día. Estamos podando el idioma. Ni una sola de las palabras en la undécima edición se quedará anticuada antes de 2050″…”¿No ves que el objetivo final de la nuevalengua es reducir el alcance del pensamiento? Al final conseguiremos que el crimen del pensamiento sea literalmente imposible, porque no habrá palabras con las que expresarlo”.

Y así es, con el tiempo, algunos, claramente entrenados, quieren hacer desaparecer palabras o frases como “derechos del que está por nacer”, como “esperar guagua”; “aborto”, “el ser humano tiene derechos desde el momento de su concepción” “la vida debe terminar de forma natural”, “sexo” (en vez de género), etc. Y ojo, “la mentira pasada a la historia se convierte en verdad. Quien controla el pasado -decía la consigna del Partido- controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado”. Orwell tienen toda la razón, nos estamos auto engañando todos los días con discursos eufemísticos que buscan adoctrinar conciencias al estilo del Gran Hermano. Y en una generación más ya no se hablará de aborto o niños asesinados en el vientre materno, ni tampoco de muerte natural. Todo planeado. Así que nunca olvide: usted puede matar por ley, y está en su derecho, pero eso no quita que esté asesinando. Respetemos el lenguaje, respetemos la biología. No asesinemos el verbo asesinar.

Rosario Moreno, periodista y Licenciada en Historia UC