Todos quedaron anonadados por el Frente Amplio y su resultado en la primera vuelta, pero pocos repararon a decir que su crecimiento fue a costa de la Concertación 2.0 (Nueva Mayoría) y que, por lo tanto, la izquierda no había crecido tanto. Muchos se apuraron a buscar en ese resultado —y el que Piñera obtuviera menos de un 40% en primera vuelta— la constatación de que el diagnóstico del gobierno de Bachelet era el correcto. Pero el 55% dice totalmente lo contrario.
Publicado el 18.12.2017
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Ganó Sebastián Piñera, ganó la derecha, con un 54,5% de los votos. Dejó en el camino de su triunfo heridos de muerte a varios supuestos  –verdaderos lugares comunes– del análisis político tradicional.

Para empezar, cualquier analista político repetía como mantra que mientras más personas voten, más posibilidades de triunfo para Alejandro Guillier. En otras palabras, la izquierda es mayoría en Chile y la derecha, en cambio, resiente la verdadera democracia (quizás por sus orígenes dictatoriales, se apuraban en agregar). Pero se equivocaron, con más de siete millones de sufragios el triunfo fue aplastante, mucho más de lo que cualquier hubiera pensado en su peor pesadilla: Piñera obtuvo mayor número de votos que Bachelet hace cuatro años.

Por otra parte, hizo una campaña sin renegar de muchos valores tradicionales de derecha; por el contrario, hizo hincapié en ellos. Importante en su discurso fue proyectar el valor de la familia en la vida política, la vida como un valor fundamental en la democracia y la libertad unida a la responsabilidad. Un ejemplo de esto último fue que no torció su mano a la presión sobre la legalización de la marihuana o que dejó claro que, en su visión, el matrimonio es entre un hombre y una mujer. En contra de sus propias pitonisas que la tildaron de cavernaria, la derecha ha comprendido que lo mejor es defender sus propias ideas: discutir en política por convicción, y sin vergüenza, de todos los temas.

Todos quedaron anonadados por el Frente Amplio y su resultado en la primera vuelta, pero pocos repararon a decir que su crecimiento fue a costa de la Concertación 2.0 (Nueva Mayoría) y que, por lo tanto, la izquierda no había crecido tanto. Muchos se apuraron a buscar en ese resultado —y el que Piñera obtuviera menos de un 40% en primera vuelta— la constatación de que el diagnóstico del gobierno de Bachelet era el correcto. Así, el FA venía a ser la natural proyección del actual gobierno, y el triunfo de Piñera, si es que aquello llegaba a ocurrir, sería por poquísimos votos. ¿Significa, entonces, este resultado que Carlos Peña tiene razón y no hay un descontento tan profundo con el modelo? Puede ser, pero lo que sí es seguro es que el FA aún debe recorrer un largo camino para instalar su diagnóstico, porque el 55% dice totalmente lo contrario.

Otros videntes temieron la proliferación de distintas vertientes: prefieren que se hable de la derecha, y no las derechas. Pero luego de una larga campaña, que incluyó una primaria con tres contendores y dos candidatos a la primera vuelta presidencial, se ha entendido que la consolidación de distintas visiones –y figuras– fortalece al sector.

A pesar de la muerte de varios oráculos, la instalación del gobierno deberá lidiar con otros varios. Muchos buscarán volver a una “verdadera” derecha: esa que no teme negar la desigualdad como un problema o que busca reducir el Estado al mínimo. El éxito del futuro gobierno se juega, en gran parte, en la efectividad para actualizarse en esos discursos añejos. En comprender que la solidaridad es el valor que mejor podrá articular su relato y que le permitirá contestar, desde la sociedad civil y promoviendo el genuino rol del Estado, al estatismo de izquierda. Al final, en entender que su horizonte político no puede ser el desarrollo sin una traducción política, sin una mirada comunitaria en que propugne que todos puedan acceder a él y una sociedad que va más allá del acceso a bienes materiales. En definitiva, recordar los otros aspectos y tradiciones del discurso de derechas: esa derecha con sentido social y valores profundos.

 

Antonio Correa, director ejecutivo de IdeaPaís

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO/AGENCIAUNO