A las personas mayores les permite mantenerse insertos en la sociedad, seguir entregando su experiencia y sabiduría, mejorar pensiones insuficientes y mantenerse activos por mucho más tiempo.
Publicado el 19.07.2015
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Nos estamos volviendo viejos. Según la última actualización de proyecciones de población presentada por el INE, al 2020 Chile tendrá la mayor esperanza de vida del mundo junto a América del Norte. Hoy somos el segundo país más envejecido de Latinoamérica, y se espera que en menos de 10 años llevemos la delantera.

Este fenómeno afecta todos los ámbitos de la vida, sobre todo los que tienen que ver con lo social y económico. Diversos estudios señalan que en diez años más habrá un millón de jubilados adicionales en Chile, lo que se traduce en un crecimiento de 47% en una década. Tomando la tasa de ocupación promedio al 2014, esto se traduce en que se abrirán 680 mil nuevos puestos de trabajo que el mercado debería ser capaz de cubrir. Sin embargo, considerando las tasas de creación de empleo actuales e índices de natalidad cada vez más bajos, se estima que se podrá cubrir sólo un tercio de las vacantes que dejarán las personas que se jubilen en 2025.

Esta realidad nos obliga a tomar con urgencia medidas de corto, mediano y largo plazo en muchos ámbitos. Y dado que esta semana entró al Senado la reforma laboral, quizás es el momento preciso para introducir cambios en beneficio de aquellos que están excluidos, como son los jóvenes, las mujeres y especialmente los adultos mayores.

Una buena reforma laboral debiese al menos considerar:

  • Flexibilidad laboral (horario, lugar de trabajo, entre otros).
  • Mecanismos de incentivo a las empresas para fomentar la participación activa de los adultos mayores en el mercado laboral, ya sea de orden tributario, legal, etc.
  • Capacitación a los adultos mayores en diversos ámbitos, sobre todo en lo que tiene que ver con servicios, comercio y áreas productivas. Hoy la mayoría de los cursos que se entregan son exclusivamente para personas menores de 60 años.
  • Eliminar las barreras de entrada al mercado laboral de los adultos mayores que reciben la Pensión Básica Solidaria. Hoy, si una persona mayor percibe este tipo de pensión (actualmente de $84.000) e ingresa al mercado laboral formal, podría perder el puntaje de focalización exigible para mantener el goce de la pensión, lo que desincentiva la búsqueda de trabajo e incentiva la realización de trabajos informales y de condiciones muy precarias.

Los beneficios del ingreso de las personas mayores al mercado laboral son innumerables. A las personas mayores les permite mantenerse insertos en la sociedad, seguir entregando su experiencia y sabiduría, mejorar pensiones insuficientes y mantenerse activos por mucho más tiempo. Al país le entrega recurso humano de calidad, que actúa con compromiso, seriedad y mucha responsabilidad.

El tema es urgente, las personas mayores de hoy y las que lo seremos en muy poco tiempo no podemos esperar.

 

Consuelo Moreno, Fundación Oportunidad Mayor.

 

 

FOTO:MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO