Como el primer gobierno de la Nueva Mayoría es básicamente olímpico, al día siguiente de la publicación de la entrevista a Eyzaguirre todo siguió como si nada hubiera ocurrido.
Publicado el 11.09.2015
Comparte:

Los cambios de humor, de rumbo y de hojas de ruta que nos ha informado la Presidenta Bachelet en los últimos cuatro meses; y el cuadro de ministros y parlamentarios que son, al mismo tiempo, oficialistas y oposición, no son normales en ninguna de las democracias a las que aspiramos parecernos, ni siquiera en las que gobernaron Chile entre 1990 y marzo de 2014.

Primero, la Presidenta Bachelet reemplazaba en mayo a su gabinete, la señal de cambio más profunda que haya dado mandatario alguno en los últimos años: todo el comité político fuera.

Dos meses después vino el discurso del realismo sin renuncia. La Presidenta Bachelet cambiaba aparentemente el rumbo de su gobierno, congelaba varias reformas y reconocía que Chile atravesaba por una situación económica compleja. La DC se levantaba triunfante: la mano del ministro Burgos estaba “meciendo la cuna”, llegaba el momento de la moderación.

Un mes después, Bachelet cambiaba de idea. En un esperado cónclave de la Nueva Mayoría, nuestra Presidenta de la República volvía a pasearse orgullosa por El Programa, reafirmaba sus reformas y abría nuevas y aún más profundas incertidumbres: la nueva Constitución iba, pero le antecedía un “proceso constituyente” (que hasta hoy no sabemos qué es exactamente); la gratuidad de la educación superior iba, pero quedaban fuera los alumnos de universidades privadas, institutos profesionales y CFT; y la situación económica, que tanto le preocupaba tres semanas antes, se reducía ahora a un “fondo de infraestructura”, que tampoco parecía tener demasiada urgencia. El PC salía del Estadio El Llano bailando vals, el aire olía nuevamente a “transformaciones” y a “procesos”.

Seis días después de ese cónclave, La Tercera publicaba una entrevista en la que Bachelet, además de reafirmar que el rumbo era el de siempre (o sea el de antes del cambio de gabinete y antes del realismo sin renuncia), desautorizaba a sus ministros del Interior y de Hacienda, que se habían pasado semanas tranquilizando el ambiente, intentando subsanar el daño producido a las confianzas políticas y económicas durante todo el 2014. Ella, sin darse por enterada de la gravísima crisis por la que atravesaba su gobierno desde hacía ya demasiados meses, les mandaba a decir a Burgos y Valdés, sin anestesia, que se les había olvidado el “sin renuncia” y que un cambio de rumbo no estaba en sus planes.

¿La guinda de la torta? Tal vez el hecho político más extraño al que hayamos asistido en los últimos años: el impúdico mea culpa el domingo pasado del ministro Secretario General de la Presidencia, reconociendo no simples errores del gobierno –del que forma parte desde el día uno, por si alguien lo olvidó-, sino la equivocación en los temas más gruesos, en el corazón mismo de aquello que inspira el segundo mandato y el discurso de la Presidenta Bachelet: demasiadas reformas, ideologización de la discusión sobre la “igualdad” y desvalorización de lo realizado por la Concertación.

Probablemente usted pensó que los caminos posibles tras esa entrevista eran solo dos: se le pediría la renuncia al ministro Eyzaguirre ese mismo día o se daría a conocer una nueva y -ahora sí- definitiva hoja de ruta que, de manera coherente con ese mea culpa, señalara las prioridades en las que se concentrarían los esfuerzos del gobierno hasta marzo de 2018.

Como el primer gobierno de la Nueva Mayoría es básicamente olímpico, al día siguiente de la publicación de esa entrevista todo siguió como si nada hubiera ocurrido: se anunció el enésimo cronograma para la reforma educacional (la misma que el día antes Eyzaguirre acusaba de haber generado crispación, de excesiva y de tener errores técnicos); la Presidenta Bachelet se mostró conforme por el IMACEC de julio (2,5%), sin proponer ni metas en crecimiento y empleo, ni tampoco expresar preocupación por la crisis que está afectando al país; y se mantienen el misterio del proceso constituyente y el del futuro de la reforma laboral.

Para la Nueva Mayoría el 2014 fue el año de la refundación de Chile: otra educación, otro sistema electoral, otra Constitución, otra salud, otro todo. La retroexcavadora arrasó incluso con la paciencia de los chilenos, que ya en octubre comenzaron a rechazar mayoritariamente la conducción presidencial y su plan de las reformas (rechazo que va ya en el mes número 11 y que el lunes pasado llegó a 70% en CADEM).

Y el año 2015 está siendo hasta ahora el año de la vuelta olímpica por La Moneda. No sabemos cuántas vueltas alcanzarán a dar en los tres meses y medio que quedan de año, cuántas hojas de ruta y cuantos giros de rumbo vamos a conocer en las próximas semanas. Peor aún, como buena parte del oficialismo a ratos es también oposición, tampoco sabemos con exactitud quién es el responsable de llevar y de mantener encendida la antorcha.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

Ingresa tu correo para recibir la columna de Isabel Plá