Necesitamos una ola que nos traiga cambios para mejor, dentro de lo cual no cabe la intolerancia ni la igualdad a rajatabla. Necesitamos equidad considerando las diferencias naturales entre sexos que son insoslayables.
Publicado el 03.06.2018
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La ola feminista, al igual que esas olas furiosas del mar chileno, arrasó porque ha logrado instalar su agenda en los medios y ese es un triunfo. Pero hay que tener en cuenta que los grupos extremos suelen mover agendas apalancadas en el dolor de muchas situaciones reales y la emocionalidad nos puede jugar una mala pasada que luego lamentemos. Dichos grupos se van legitimando cuando son asertivos en la oportunidad para irrumpir de manera llamativa con sus demandas, lo que no quiere decir que tengamos que validarles todo.

Hay una serie de asuntos mezclados bajo este tema, porque una cosa es denunciar abusos y otra muy diferente imponer un trato de prácticamente delincuentes a nuestros compañeros hombres. Como siempre, el sentido común nos dice que los puntos medios suelen ser los mejores consejeros. Tratar al sexo opuesto como enemigo nos hace mal a todos.

Es bueno observar bien e informarnos a cabalidad para entender y luego tener una opinión propia y crítica al respecto. Por ejemplo, no es aceptable que los hombres abusen de las mujeres, en términos generales; pero tampoco lo es considerar que todos los hombres son unos abusadores y que necesitemos normar las relaciones hombre–mujer para evitar abusos de su parte.

Respecto de la tan mencionada y manoseada cultura patriarcal, una nueva forma de decir que somos una cultura machista -lo que ya sabemos es cierto- hay que considerar que la construimos todos los días entre todos y en Chile las mujeres somos las criamos a nuestros hijos, dándole continuidad. Deberíamos partir por corregir eso, por el bien de todos. Luego, juzgar y hacer una separación entre justos y pecadores que demarca una línea divisoria entre mujeres víctimas y hombres victimarios probablemente no es justo, ni nos conduce a nada muy provechoso.

Así es como esta denominada Tercera Ola Feminista, necesaria y en muchos casos justa, debería conducirnos a hacer avances al respecto y no a extremos que puedan causar mayores daños o daños colaterales. Necesitamos una ola que nos traiga cambios para mejor, dentro de lo cual no cabe la intolerancia ni la igualdad a rajatabla. Necesitamos equidad considerando las diferencias naturales entre sexos que son insoslayables. Por lo anterior, una sana Ola Femenina, más que feminista fanática, nos puede incluir a todos en esta sociedad diversa donde la mujer necesita, urgentemente, encontrar su lugar correspondiente de una vez y para siempre.

Mónica Reyes R., profesora y Máster en Historia

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO