El atentado en el Metro confirmó que cualquier evento que escape del programa genera desconcierto y reabre heridas al interior de la Nueva Mayoría.
Publicado el 24.09.2014
Comparte:

Hace seis meses, de la mano de Michelle Bachelet, irrumpía en La Moneda un programa de gobierno como pocos se han visto en materia de ambición desde que fue recuperada la democracia en nuestro país.

Junto a la feliz pareja, entraba a Palacio una coalición cuya existencia se resume hasta el día de hoy en seguir reverencialmente los pasos de la Presidenta y limar cualquier aspereza consultando algún pasaje del texto programático.

Ante las críticas provenientes de la sociedad civil, la oposición e incluso desde el propio oficialismo, Bachelet o cualquiera de sus ministros suelen comparecer ante la opinión pública y referirse al programa como la luz al final del camino.

En ese escenario la propia Presidenta se refirió en abril al asunto, señalando que los programas de gobierno “no son una Biblia”, pero confirmó inmediatamente que todas las reformas serán llevadas a cabo tal como ahí se indica.

En el marco de una campaña electoral democrática, el programa de gobierno que presente una candidatura –más aún si tiene posibilidades ciertas de alzarse con el triunfo– debe considerar el territorio y el momento que se vive y ajustar las medidas concretas a ese escenario. Además –y esto es lo que se suele omitir o al menos descuidar– debe contar con una idea central y una narrativa dinámica que permitan cierta flexibilidad y apertura ante cualquier imponderable.

El presidente del gobierno español José María Aznar no supo hacerlo el 2004 tras los atentados de Atocha y terminó por perder La Moncloa. Sebastián Piñera hizo lo que pudo el 2010 tras el 27F y fue en parte esa rigidez “tantáutica” lo que le impidió echar a andar el soñado “gobierno de los mejores”.

De igual modo, el programa de la Nueva Mayoría no parece haber sido redactado con el espíritu de poder ser leído a todo evento durante los cuatro años del segundo gobierno de Bachelet. El terremoto del Norte Grande y los incendios de Valparaíso ya mostraron la obstinada rigidez de sus renglones y dejaron caer juicios de apostasía a quienes osaron sugerir que los esfuerzos se volcaran en su totalidad a la reconstrucción de las zonas afectadas.

El atentado terrorista en el Metro de Santiago el pasado 8 de septiembre sólo vino a terminar de confirmar que cualquier asunto público que escape del programa genera desconcierto y reabre heridas especialmente entre quienes firmaron ciegamente el documento. Ni siquiera la detención de tres sospechosos durante las Fiestas Patrias logró que en estos días de fiesta – tan propicios para hacer anuncios – la agenda nacional abordara los temas que urgen al oficialismo.

Pese a que en el Te Deum ecuménico Ezzatti puso sobre la mesa el abanico de temas que urge abordar, La Moneda sólo supo reaccionar hablando de terrorismo, no sin antes sentenciar con un cosmético “el mensaje del cardenal no se contrapone al programa del gobierno”.

La Nueva Mayoría parece más fiel a un puñado de promesas que a cualquier idea de fondo, lo que explica que cuando se habla de seguridad nacional frente a una intimidación terrorista las opiniones se contrapongan al punto de acaparar la agenda política en desmedro de aquellos temas que, hasta hace algunos días, parecían tener prioridad absoluta. La rigidez del ideario oficialista parece por momentos ir en contra del día a día.

El desafío para La Moneda, aunque especialmente para la persona de la Presidenta, radica en lograr hacer de la narrativa de su programa –eso que algunos, aunque se nos tilde de siúticos, solemos llamar storytelling– una verdadera carta de navegación, que indique con claridad el camino a seguir, pero que a la vez tenga la apertura que permita ajustes cuando en el camino hay, por ejemplo, un iceberg. Un programa de ese cariz termina por convencer hasta al más díscolo de los miembros de la tripulación.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública, Académico Universidad de los Andes.

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO