Obama prefiere lo práctico. Tanto en Argentina como en Cuba. Mirar hacia adelante y apoyar dos procesos disímiles que tienen como denominador común la búsqueda de un mejor horizonte para sus pueblos.
Publicado el 03.04.2016
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“Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas”.

Jorge Luis Borges.

La segunda parte del periplo americano de Obama fue Argentina. Considerada muy exitosa, esta visita de menos de 48 horas fue diseñada tiempo después de la de Cuba: fue un añadido de última hora. Sin embargo, sirvió para balancear lo meramente conjetural con lo concreto y específico. Pues hay un consenso en que los primeros cien días del gobierno de Macri han sido muy exitosos. Un giro en 180 grados que ha significado cambiar las expectativas de un país y de una región.

Obama no solo prometió apoyo al proceso de reinserción internacional de Argentina. Comenzando con su acceso a los mercados financieros internacionales, que aún están pendientes de un arreglo con los “fondos buitre” y demás representantes de Wall Street, sino que también estimular el desarrollo de un nuevo flujo de inversiones hacia la nación transandina. Proyectos en carpeta hay muchos, en los más variados ámbitos del quehacer económico: desde agricultura y minería hasta algunas áreas de alta tecnología, en las cuales existen algunas ventajas comparativas evidentes.

Servirán estos pasos de aviso para otros países de la región, entre ellos Chile: el mercado financiero busca inversiones en países con reglas claras y buenas perspectivas. Además, se busca realizar un trabajo de equipo, lo que es de una lógica clara en un mundo completamente globalizado.

El interés por el proceso argentino viene dado por la regresión de la ola populista en América Latina: Argentina, Venezuela y Bolivia han sufrido reveses en las urnas. Brasil y Ecuador atraviesan por problemas de diversa índole. En cierta manera, estas eran todas situaciones donde la interconexión global estaba fallando: la globalización es un proceso inclusivo, donde el impulso por excluir inmediatamente muta el proceso en algo imperfecto, donde comienzan a acumularse los problemas. Malas políticas, el valor falso de lo retórico versus realidades. Las necesidades apremiantes y urgentes versus los impulsos estigmatizadores de ideologismos caducos.

Washington es, al final del día, la cuna del pragmatismo. Aunque no siempre lo demuestre en forma práctica con sus movidas en el tablero de ajedrez global. El mercado, en su acepción más amplia y global, es lo que les interesa estimular y preservar. Se entiende que con economías sanas e interconectadas se disminuyen las tentaciones populistas y aislacionistas que han estado tan presentes en la agenda política de América Latina. No solo por los quebraderos de cabeza que estas originan, sino también por el perjuicio económico que ellas conllevan, tanto para los países en forma individual como para la región como un colectivo.

Es posible que jamás se llegue a cuantificar el costo que significó para la región (y para otras latitudes también) la exportación de la revolución cubana. Donde todos fueron intentos fallidos. Y en los cuales, a la evidencia nos remitimos, el impulso final de los países siempre fue en sentido opuesto a la teoría política ofrecida.

Pero Obama prefiere lo práctico. Tanto en Argentina como en Cuba. Mirar hacia adelante y apoyar dos procesos disímiles que tienen como denominador común la búsqueda de un mejor horizonte para sus pueblos. Enfrentar los problemas y dificultades de una manera conjunta, habiendo, como requisito previo, superado los resquemores del pasado, y habiendo absorbido los errores que la historia hizo patentes.

Y por último, la evidencia que aporta Argentina en el sentido de que una real cooperación, en que exista un real beneficio mutuo, se consigue entre dos socios que tengan una comunidad de conceptos, intereses y prácticas que sea plenamente compartida. El trabajo en equipo se potencia con una actitud positiva y una mirada del presente y proyección al futuro que comparta conceptos básicos. A partir de este trabajo emergerá, muy probablemente, el liderazgo regional de Argentina, un país  cuyo actual gobierno ha entendido que la única vía hacia adelante es la de una labor de equipo que por un lado entienda las necesidades internas de su pueblo y, por el otro, comprenda cuál es el horizonte regional y global en el cual se enmarca su accionar político, social y económico.

Con todo, razones para estar optimistas.

 

Enrique Subercaseaux, ex diplomático y gestor cultural.