El país clama por hacer la pérdida y cambiar el rumbo, pero quienes están al mando del buque quieren doblar la apuesta y seguir adelante con el mismo programa que ya ha fracasado.
Publicado el 14.01.2016
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En el mundo de las finanzas hay inversionistas que se “juegan” grandes sumas de dinero a una apuesta particular. Puede ser la acción de una empresa, la moneda de un país, el precio de un commodity como el petróleo o el oro, etc. Cuando las cosas no se dan como le habría gustado al inversionista, por ejemplo cuando las acciones de la empresa que compró bajan en vez de subir, se observan dos tipos de comportamiento: los que hacen la pérdida y buscan una nueva alternativa de inversión y los que doblan la apuesta.

Quienes doblan sus apuestas lo hacen por dos razones principales: por convicción o por tozudez. Quienes actúan por convicción están convencidos de que su análisis es correcto, que la acción o la moneda en que invirtieron tiene que subir y que es cosa de tiempo para que el mercado reconozca el valor correcto de dichas inversiones. Los que doblan la apuesta por tozudez son como aquel jugador de ruleta que apuesta a su número preferido y sigue apostando a él una y otra vez, cada vez con más fichas con la esperanza de darle con el palo al gato. No es que estén tan convencidos de su inversión, pero se ven atrapados en un espiral sin salida en que ya han perdido tanto que doblan la apuesta para ver si pueden recuperar algo o al menos mantenerse en el juego.

A la Nueva Mayoría (NM) todo le ha salido mal. Hizo una gran apuesta por un programa de reformas refundacionales que supuestamente debían provocar un antes y un después en la calidad de vida de los chilenos y producir un país más justo y más próspero. La apuesta era arriesgada toda vez que las experiencias anteriores en Chile y en el mundo con el tipo de reformas que quería implementar la NM eran todas malas. El programa de gobierno de Michelle Bachelet era como apostar a un caballo perdedor con la esperanza que esta vez sí que correría más rápido que todos los demás. Además, varios analistas advertían respecto de las nefastas consecuencias de dicho programa, aunque también algunos lo apoyaban. Igual que los inversionistas que se enamoran de sus ideas, la NM prefirió ignorar y desacreditar a los primeros y rodearse sólo de aquellos que le decían que su programa sería exitoso.

Hoy nos encontramos en una situación en la que para la mayoría de los chilenos está claro que el gobierno de Michelle Bachelet ha sido un fracaso. Así al menos lo muestran las encuestas que le dan una aprobación de tan sólo un 24%. Las razones del descontento están claras, el gobierno de la Nueva Mayoría no ha producido, ni se espera que produzca, ninguna de las cosas buenas que prometió. No hay visos de una revolución en la calidad de la educación que vaya a dar más oportunidades a los menos favorecidos y que vaya a potenciar el desarrollo de nuestro país en el largo plazo. No hay evidencia de que la desigualdad esté disminuyendo. Los mayores recursos que obtendría el Estado y supuestamente se utilizarían para este fin han sido más que compensados con los menores recursos que el Estado ha obtenido producto del bajo crecimiento económico. La reforma laboral, que supuestamente mejoraría las relaciones entre empleados y trabajadores, ha producido más conflictividad, más huelgas y más conflictos y eso que aún no se ha despachado en el Congreso. El empleo y los salarios crecen mucho menos que antes y las cosas están más caras producto del alza del dólar y el aumento del costo de los servicios. Por esta misma razón, es muy probable que la pobreza en Chile haya dejado de caer y en el año pueda incluso aumentar.

La NM y el gobierno se encuentran hoy en la misma encrucijada que los inversionistas que describíamos antes: ¿hacer la pérdida o doblar la apuesta? En el mundo financiero, los inversionistas responsables han aprendido que siempre es mejor hacer la pérdida. Pero en el mundo de la política me temo que el caso sea diferente. Efectivamente la conducta que observamos al interior de la Nueva Mayoría coincide con la del inversionista que quiere redoblar la apuesta. La Presidenta y su círculo íntimo probablemente lo hacen por convicción, creen genuinamente que hay que darle más tiempo a las reformas para que muestren su potencial. Hay otros como la DC que actúan sin convicción, pero sin otra alternativa más que seguir jugando. Probablemente piensan que si siguen aportando al programa de la NM en algún minuto -¿próxima elección?- les puede tocar el número premiado. Salirse hoy del juego sería reconocer una pérdida que no están en condiciones de asumir.

El problema con todo esto es que, a diferencia de las decisiones que toma el inversionista con su propia plata, las decisiones de la NM afectan a todo el país y no tan sólo a ellos mismos. El país clama por hacer la pérdida y cambiar el rumbo, pero quienes están al mando del buque quieren doblar la apuesta y seguir adelante con el mismo programa que ya ha fracasado hoy como ya lo ha hecho en el pasado.

Quienes trabajamos en el mundo de las finanzas sabemos que la mayor parte de las veces quienes doblan sus apuestas en malas inversiones terminan sobre endeudados y muchas veces quebrados. El gobierno anunció recientemente la emisión de deuda por más de US$ 8 mil millones y el hoyo de las finanzas públicas de este gobierno podría llegar a más de US$ 10 mil millones en 2016. Producto de la tozudez de la NM, ¿terminará Chile como los inversionistas que doblan sus apuestas?

 

José Ramón Valente, Foro Líbero.

 

 

FOTO:FRANCISCO LONGA/AGENCIAUNO

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