El anuncio del ministro es un buen resultado, pero está lejos del sitial que alguna vez tuvimos como uno de los países con el mejor desempeño de nuestras finanzas públicas.
Publicado el 06.10.2016
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La alegría y los festejos de los jugadores bolivianos cuando terminó el partido por las clasificatorias al mundial de Rusia hace poco más de un mes, en que lograron empatar sin goles con Chile, el campeón de América, me recordó al Chile de mi niñez. En los años 70, “jugar como nunca y perder como siempre” era la tónica de cualquier confrontación internacional de la selección chilena. Hoy es muy distinto. Nos hemos acostumbrado a jugar de igual a igual con cualquier equipo del mundo y a ganar, como lo hicimos contra España (campeón del mundo) en el mundial de Brasil y dos veces contra Argentina en la final de la Copa América.

La algarabía con que recibimos los anuncios del ministro de Hacienda de un crecimiento acotado del gasto público para el 2017, me recordó mucho a los jugadores bolivianos. Lo que ocurre aquí es justo a la inversa de lo que ha pasado con nuestra selección de fútbol. Durante más de 25 años, Chile tuvo una política fiscal responsable. Ese comportamiento nos permitió tener superávit fiscal en la mayoría de los años, pagar completamente nuestra deuda pública, acumular plata en los fondos soberanos para los años de vacas flacas y subir nuestra clasificación de riesgo desde BBB- hasta AA-, la mejor de todos los países emergentes. En términos de responsabilidad fiscal, Chile subió con gran esfuerzo desde los potreros de la tercera a primera división a pelear el título del país con mejor manejo de las finanzas públicas en la primera división.

Lamentablemente, el 2014 y 2015, durante el actual gobierno y siendo Alberto Arenas el ministro de Hacienda, nuestro país abandonó una tradición de más de un cuarto de siglo y volvió a ser un país bananero en cuanto al manejo se sus finanzas públicas. Como resultado de lo anterior, el déficit fiscal ya alcanza cerca de US$ 10 mil millones al año y la deuda pública ha subido hasta un nivel en que ya es superior a los fondos soberanos y cercana al 21% del PIB.

El anuncio del ministro Valdés y la Presidenta Bachelet de que el gasto público subirá un 2,7% el próximo año, nos evitó caer al descenso. De hecho, de no haber sido por ese anuncio, muy probablemente las clasificadoras de riesgo internacionales nos habrían bajado la nota. La alegría es justificable por la misma razón que festejaron los bolivianos. No es que hayamos hecho una gran hazaña, es simplemente que en materia de responsabilidad fiscal, después de 25 años de ganar, en los últimos tres años nos habíamos acostumbrado a perder.

De hecho, aun con un crecimiento más bien modesto del gasto para el próximo año, las cuentas fiscales siguen bastante delicadas. El déficit fiscal 2017 será de aproximadamente 3,3%, muy similar al del 2016. La deuda pública seguirá creciendo y las holguras del gobierno para financiar nuevas iniciativas son negativas. Es decir, la plata ni siquiera alcanza para financiar los gastos ya comprometidos por las leyes y compromisos adquiridos por el gobierno hasta ahora. Nuevamente, el presupuesto de gasto fiscal para el 2017 es como el empate de Bolivia contra Chile. Un buen resultado para ellos, pero están muy lejos de clasificar el mundial. El anuncio del ministro es un buen resultado, pero está lejos del sitial que alguna vez tuvimos como uno de los países con el mejor desempeño de nuestras finanzas públicas.

 

José Ramón Valente, Foro Líbero.

 

 

 

FOTO:PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO

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