Faltan buenos servidores públicos y sobran militantes. Es para indignarse, y compartir la campaña #NoalCuoteo.
Publicado el 25.07.2016
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Somos cada vez más los chilenos que estamos hartos del cuoteo político. Estamos realmente aburridos de que las empresas e instituciones del Estado funcionen mal porque son dirigidas por camaradas y compañeros que han hecho carrera en la maquinaria partidista, pero no cuentan ni con las competencias técnicas ni con los estudios necesarios para afrontar los acuciantes problemas que nos aquejan en tantos ámbitos.

Seguimos con indignación los abusos que han esquilmado Gendarmería —dirigida ahora por un geógrafo del PPD— convirtiéndola en la caja repartidora de promociones express, sueldos millonarios, licencias médicas interminables y suculentas pensiones para personas conectadas política y familiarmente con la elite del Congreso, lo que ha permitido, como ya se sabe, que la ex señora de Osvaldo Andrade (PS) se retire cobrando un cheque mensual que es 25 veces superior al promedio que recibiría cualquier jubilado en Chile.

Estamos dolidos por la crisis del Sename, que se ha ensañado con los más necesitados y vulnerables de nuestro país: los niños pobres. Una crisis que se agravó por la destitución del anterior director —Hugo Herrera— y por la molestia de la DC, no por los 186 niños muertos en los hogares de este servicio en los últimos 12 años, sino porque la dirección del organismo ya no está a cargo de un hombre de sus filas. Leyó bien: en los hogares del Sename muere 1 niño al mes, como media, sin que hasta ahora sepamos ni los motivos ni las responsabilidades, porque todo este escándalo se ha mantenido bajo el más absoluto secretismo, pero la Falange está molesta porque la nueva directora de ese organismo no es DC.

Somos cada vez más los chilenos que estamos irritados porque el directorio de Televisión Nacional se lo han repartido entre correligionarios y confidentes del presidente de turno, sin tener más conocimientos sobre televisión que los que se requieren para manejar el control remoto, lo que explica el escandaloso despilfarro de 26 mil millones de pesos en un solo año. No contento con eso, el actual directorio de TVN ha pedido un salvataje de US$100 millones con la excusa de modernizar la estación y lanzar un canal cultural, pero sin comprometerse a mejorar la gestión ni tocar los altísimos salarios de rostros y ejecutivos que no responden ante nadie por las magras cifras financieras y de rating. Como los directores de TVN son políticos ante todo, siguen participando activamente en sus reuniones partisanas para definir los candidatos de la próxima elección municipal, comprometiendo así la tan necesaria independencia que se le debería exigir al “canal de todos los chilenos”.

Muchos compatriotas estamos hartos, además, porque los organismos fiscalizadores del Estado no son autónomos y dependen políticamente de La Moneda, lo que explica por qué el Servicio de Impuestos Internos es tan inflexible con los pequeños comerciantes que alguna vez no dan boleta, pero tan laxo a la hora de perseguir a los políticos involucrados en delitos tributarios, a los que se les dan tantas facilidades para “rectificar”.

También estamos cansados de que el control de la delincuencia y la violencia esté en manos de funcionarios y subsecretarios que han pasado por universidades que ni siquiera están acreditadas y que demuestran tan baja cualificación y expertise en labores de prevención e inteligencia, lo que explica por qué han fracasado estrepitosamente en combatir el problema que más nos preocupa y atemoriza, excusándose bajo la premisa de que el miedo de los chilenos se debe a una “percepción de inseguridad”, a pesar de que la última Encuesta Nacional de Victimización demostró categóricamente que la criminalidad alcanzó al 26,4% de los hogares el año pasado, retrocediendo todo lo que se había ganado en esta materia desde 2011. Lo anterior también explica cómo un operador político muy bien emparentado puede saltar del Sernac a Estadio Seguro, sin demostrar ninguna capacidad para controlar a los barristas más violentos, los que, a plena luz del día y a cara descubierta, revientan los partidos cuando quieren, como ocurrió en la escandalosa final entre Santiago Wanderers y Colo Colo, que terminó varias semanas después con todos los forofos en libertad porque los abogados del Estado no siguieron adelante con los procesos judiciales en su contra.

Somos cada vez más los chilenos que estamos cabreados porque nuestras embajadas se han convertido en trofeos para pagar favores y no para promover a los  funcionarios de carrera. Embajadores, agregados culturales, agregados de prensa y hasta agregados deportivos literalmente inventados por esta administración, se han hecho cargo de nuestros consulados en el exterior sin saber de diplomacia pública ni de marketing internacional ni de cómo promover nuestra imagen externa, pues no han sido nombrados con criterios técnicos ni profesionales.

Estamos fatigados también de ver cómo los políticos se cuotean los directorios y los cargos de Codelco, Enap y el Banco del Estado, sin saber de minería, ni de energía, ni de finanzas, y sin responder con sus puestos por las millonarias pérdidas anuales, la reiterada contaminación de Quintero y otras ciudades, y los enjundiosos bonos ofrecidos a sus sindicatos, los que, como siempre, corren por cuenta de todos los contribuyentes.

Nuestra calidad de vida se deteriora cada día por la criminalidad, la contaminación ambiental, las continuas fallas del Metro y la locomoción pública, las listas de espera,  la falta de consultorios y recintos hospitalarios, la inexistencia de médicos especialistas en regiones, y el descontrolado endeudamiento de la salud pública, todo lo cual ocurre, en buena parte, porque no hay profesionales ni técnicos de excelencia a cargo de solucionar los graves problemas que afrontan esos servicios cruciales para el normal funcionamiento del país. Faltan buenos servidores públicos y sobran militantes. Es para indignarse, y compartir la campaña #NoalCuoteo.

 

Ricardo Leiva, doctor en Comunicación de la Universidad de Navarra.

 

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESOCBAR/AGENCIAUNO