Al aplicar un sistema de reparto hoy en día en Chile se debe tener en cuenta la realidad demográfica del país. De acuerdo a cifras entregadas del INE, la población continuará envejeciendo por lo que los jóvenes disminuirán y tendrán que destinar una mayor proporción de su sueldo para financiar a los pensionados.
Publicado el 27.07.2016
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Durante la marcha del pasado domingo en contra de las AFP, miles de personas repitieron variadas consignas. Bajas pensiones, altas utilidades para las administradoras de fondos o que el sistema es ilegítimo fueron algunas de ellas. El movimiento “NO+AFP” logró alinear a todos los sectores políticos en un mismo objetivo: la proposición de acciones concretas para mejorar las jubilaciones de los chilenos.

Teniendo en cuenta lo anterior, es importante enfocar este debate, desmitificando algunos argumentos meramente ideológicos, y centrando la discusión en lo que realmente preocupa a todos los chilenos: cómo mejorar las actuales y futuras pensiones.

Un primer aspecto interesante de abordar es el concepto “NO+AFP”. Los dirigentes de este movimiento han señalado reiteradamente que su intención es volver al sistema de reparto, que imperaba en Chile previo a la Reforma de 1980. En una definición muy general, el sistema de reparto es aquel donde los trabajadores activos y el Estado (en la medida de lo posible) financian la pensión de los pasivos. De esta forma, al aplicar un sistema de reparto hoy en día en Chile se debe tener en cuenta la realidad demográfica del país. De acuerdo a las cifras entregadas por el INE, la población chilena continuará envejeciendo progresivamente por lo que los jóvenes (fuerza laboral activa) disminuirán y tendrán que destinar una mayor proporción de su sueldo para financiar a los pensionados (pasivos).

Sumado a lo anterior, dadas las exigencias que el sistema plantea para poder acceder a la pensión (promedio de 15 años de cotizaciones en las distintas Cajas), afecta en forma negativa a quienes han debido lidiar con la cesantía y precariedad laboral, ya que ni siquiera podrían recibir los aportes efectivamente realizados al sistema, los cuales sólo contribuirían a acrecentar artificialmente la pensión de los trabajadores con mayor estabilidad laboral. Finalmente, el sistema de reparto, al recibir aportes del Estado para el pago de las pensiones, depende de forma excesiva del poder e influencia política, convirtiéndose en un botín para la propaganda de los gobiernos de turno. Sería interesante conocer la opinión de los chilenos frente a la opción de que un gobierno como el actual, con los escándalos por todos conocidos, administre sus pensiones.

Comprendiendo lo inapropiado de implementar este sistema en nuestro país, es importante abordar el cómo mejoramos las bajas pensiones. Existe consenso entre los expertos respecto a la necesidad de actualizar los parámetros del sistema: aumentar la edad de jubilación de hombres y mujeres, elevar la tasa de cotización y la obligatoriedad de cotización de los trabajadores independientes son, entre otras, exigencias que este sistema de pensiones debe tener en consideración.

Por todo lo anterior, el sistema de capitalización individual, con las actualizaciones necesarias, y complementado con el pilar solidario, es el único que premia el esfuerzo en el ahorro de cada persona, sin realizar discriminaciones arbitrarias al momento de entregar las pensiones. Sin embargo, es sumamente importante tener presente que un buen sistema de capitalización individual siempre debe tener como sustento un mercado laboral dinámico, que ofrezca amplias oportunidades de trabajo y entregue buenos salarios. Por ende, así como es imperativo realizar un ajuste al sistema actual de pensiones, debemos cuidar el mercado del trabajo, a través de medidas pro crecimiento y pro empleo, todo lo contrario a lo que la Presidenta Bachelet ha realizado.

 

Diego Vicuña, asesor legislativo Fundación Jaime Guzmán.

 

 

FOTO:YVO SALINAS/AGENCIAUNO