La ranita sabiduría, la más vieja de la especie país, la que contaba con más experiencia, reunió a sus congéneres y les advirtió: ya confiamos una vez; los resultados los conocéis.
Publicado el 11.09.2016
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Érase una vez una ranita de la especie país, que atravesaba de una orilla a otra de un famoso río llamado desarrollo. El río era muy turbulento y costaba mucho conseguir atravesarlo, porque se requerían muchas fuerzas para llegar a su otro margen. La mayoría de las veces, la ranita conseguía nadar hasta una isla en la mitad del río, y desde allí miraba con ilusión y esperanza poder disfrutar algún día de todos los beneficios que el otro margen del famoso desarrollo ofrecía.

La ranita primero atravesaba sola, hasta que de pronto unos escorpiones intentaron hacer lo mismo. Como no les resultó, le pidieron a la ranita que los atravesara, pero como ella conocía la amenaza que representaban, siempre les decía que no. No obstante, un buen día muchas ranitas se juntaron y decidieron que era tiempo de confiar en los escorpiones y ayudarlos a cruzar, porque estos prometieron no picar a la ranita país, pues, si lo hacían, ellos morirían también.

Así se hizo y, poco a poco, la ranita fue confiando en sus pasajeros. Con el pasar de los años, nadie cuestionaba la sinceridad de los mismos, que cruzaban hasta la isla con la ranita, sin que esta mostrara preocupación alguna. La isla se llenó de optimismo y de quienes querían alcanzar la otra orilla. Estaban muy cerca de poder lograrlo, pero como el desarrollo era un río muy turbulento y traicionero, a la menor equivocación, sabían que quienes intentaran cruzarlo, se podían hundir.

Mientras se preparaban para dar el gran salto, pasó algo inesperado. Un buen día, un viejo escorpión conocido de la ranita, le dijo que lo atravesara en su lomo. Esta, confiada, porque ya lo había llevado antes, lo subió. Y, oh sorpresa, en medio del famoso desarrollo, el escorpión, desvistiéndose de sus ropajes de confianza, picó a la ranita, hiriéndola mortalmente. Al preguntarle incrédula por qué ahora, éste le dijo, porque es lo que siempre había querido hacer, pero no me dejaban.

Como era de esperar, la isla se empezó a deteriorar, porque ya nadie confiaba en nadie. La ranita que atravesaba el río desaparecida, no había cómo alcanzar el otro margen que tantos beneficios traería. Hasta que un día, en medio de la debacle, un antiguo escorpión, que gozaba de gran ascendiente entre todos, pues lo conocían de antes, se ofreció a superar la crisis, porque él decía saber cómo recuperar la confianza.

Bastó que eso pasara para que muchas ranitas se relajaran, aplaudieran y vieran en él la mejor opción para volver a la normalidad. Y así se empezó a construir una nueva leyenda, una que traería de vuelta el camino hacia la misma prosperidad de antaño, sin mayores sobresaltos, porque en ese escorpión se podía confiar.

Pero entonces, al ver lo que estaba ocurriendo, la ranita sabiduría, la más vieja de la especie país, la que contaba con más experiencia, reunió a sus congéneres y les advirtió: ya confiamos una vez; los resultados los conocéis. No pequemos de ingenuos; cuidado, no vaya a ser que el escorpión nos pique de nuevo.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas.

 

 

FOTO: VICTOR BAUTISTA / FLICKR.