Para la derecha, la división siempre ha sido sinónimo de derrota. Y hoy, cuando existe una mayoría que se siente decepcionada de la izquierda, sería imperdonable que se priorice el interés individual, por legítimo que este sea, por sobre el bien común.
Publicado el 11.06.2016
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En estas semanas florecen los candidatos presidenciales en la centroderecha. Esto es una buena noticia en la medida que cada uno de ellos entienda que su aporte no solo se mide en cómo le va individualmente, sino en cuanto es capaz de generar valor para su sector y las ideas y principios que promueve.

Esto es importante de considerar, sobre todo cuando varios de estos candidatos presidenciales se dedican a coquetear de manera irresponsable con la posibilidad de ir directamente a primera vuelta, desconociendo que hoy las primarias legales son un buen mecanismo para definir quién será el candidato con mayor apoyo entre los ciudadanos. Sobre todo si se piensa que todavía falta más de un año para las primarias presidenciales, tiempo necesario y suficiente para que cada uno de ellos contribuya con sus ideas y propuestas, recorra Chile convocando a miles a trabajar por sus campañas, y pueda también ser un aporte real para los candidatos a concejal y alcalde que compiten en octubre, y cuyos resultados pueden ser decisivos para abrir la posibilidad de volver a ser gobierno en 2018.

Todos estos candidatos presidenciales -como José Antonio Kast, Manuel José Ossandón, Alberto Espina, Francisco Chahuán y Sebastián Piñera- tienen derecho a que sean sus méritos y esfuerzo los que determinen sus posibilidades de liderar a todo un sector para ser alternativa de gobierno. El mínimo sentido de responsabilidad en ellos hará que sean consecuentes con la demanda del país de contar con una alternativa sólida frente al fracaso del mal gobierno de la Nueva Mayoría.

Tienen derecho a fiscalizar y denunciar los errores y abusos de un gobierno de izquierda que se olvidó de los chilenos para ser capturado por minorías de izquierda que solo priorizan su ideología y no las urgencias sociales que cotidianamente sufren las familias de cada rincón de nuestro país, como el mal manejo de la economía, el creciente desempleo, la delincuencia, la salud y un largo etcétera.

Tienen derecho a ser voceros de esa gran mayoría de chilenos que rechaza a este gobierno y sus malas reformas, pero no a quedarse solo en la crítica. Deben ser capaces de construir alternativa, pero no de buscar diferenciarse solo sobre la base de la descalificación. Los electores esperan soluciones a sus problemas y nuestras ideas -las ideas de la libertad, de la solidaridad y del respeto a la dignidad de la persona- deben materializarse en políticas públicas que siempre prioricen a los que más necesitan.

A lo único que no tiene derecho es a hacernos perder por sus personalismos, a creer que son solo ellos y no otros los que pueden ganar y promover nuestras ideas entre los chilenos. Un poco de humildad partiría por reconocer que ellos son solo medios, herramientas de una causa mucho mayor. Para la derecha, la división siempre ha sido sinónimo de derrota. Y hoy, cuando existe una mayoría que se siente decepcionada de la izquierda, sería imperdonable que se priorice el interés individual, por legítimo que este sea, por sobre el bien común.

 

Gonzalo Müller, Profesor del Centro de Políticas Públicas de la UDD.

 

 

 

FOTO: DAVID VON BLOHN/ AGENCIAUNO