La política y la economía son cosas muy serias. No se supera con voluntarismo lo que se ha provocado con ideología y malas decisiones.
Publicado el 06.04.2016
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A las 7.30 de la mañana comenzó el pasado lunes el Consejo de gabinete de la Presidenta Michelle Bachelet para planificar la segunda parte de su gobierno. Durante la reunión exhortó a sus ministros a trabajar para dar sustento a los cambios que se están realizando, especialmente en medio del impulso que tomará el proceso constituyente. La Presidenta recalcó la importancia de una agenda de crecimiento y de productividad, así como aumentar la presencia en terreno, trabajar en equipo y comunicar de buena manera los logros gubernamentales.

Por estos días también se han escuchado las declaraciones de ministros sosteniendo que la “obra gruesa” del gobierno ya está concluida y que ahora solo resta consolidar lo construido. Detrás de estas declaraciones y de las instrucciones presidenciales se encuentran los intentos de la coalición gobernante de tranquilizar a la ciudadanía de cara a las próximas elecciones municipales, una especie de “no se preocupe, ya terminamos”.

Recuperar la confianza de los chilenos -el apoyo y quizás su voto no será fácil para la izquierda, más todavía cuando estos anuncios de obra gruesa terminada no resultan creíbles-.

El primer desafío que tendrá este nuevo mensaje es ver si la Presidenta Bachelet lo cree sinceramente o si simplemente estamos frente a una articulación comunicacional que carece del apoyo presidencial. Una nueva versión del “realismo, sin renuncia”, que sirve para titulares de prensa pero que poco contribuyó a recuperar la confianza ciudadana.

Si la Presidenta de verdad está convencida de que la “obra gruesa” ya está completada y que se debe disminuir el ritmo de las reformas, el nuevo mensaje presidencial tendrá que contar con un nuevo equipo de emisores para ser creíble. Igualmente, habría que dejar de lado la obsesión constituyente, salvo que se crea que la nueva Constitución prometida solo viene a afinar algunos detalles menores de las reformas aprobadas en estos dos años de administración.

En cuanto a los emisores, es muy difícil que las familias chilenas le crean a la ministra de Salud que ahora sí se va a mejorar el sistema público cuando entre 2014 y 2015 se duplicaron las atenciones AUGE retrasadas y el plazo de espera para optar a una consulta pasó de 65 a 86 días.

Del mismo modo, es poco creíble que los estudiantes y sus familias estén dispuestos a escuchar a la ministra de Educación cuando les explique que por quedar fuera de la política de gratuidad tendrán que optar por el Crédito con Aval del Estado, ya que en el último presupuesto disminuyeron los recursos destinados al Fondo Solidario de 77 mil millones a poco más de 6 mil millones.

Por último, la tarea del Gobierno es difícil. Recuperar las confianzas perdidas requiere más que declaraciones en un foro empresarial o las expresiones del vocero apelando a la ciudadanía. Como se dice por ahí, del dicho al hecho hay mucho trecho. No por nada pasamos de un 13% en marzo de 2014 a un 65% de chilenos en abril de 2016 que cree que el país está estancado y un 21% que cree que el país está retrocediendo (PLAZA CADEM, Marzo 2014-Abril 2016). Parte importante de esta crisis de confianza en el progreso del país es responsabilidad del Gobierno y sus reformas, no por nada a dos años del término de la administración han tenido que salir a decir que su labor ya está concluida.

En otros planos, es relevante considerar que el Indicador Mensual de Confianza Empresarial (IMCE) está en el 42,76% a marzo de 2016, en circunstancias que hace tres o cuatro años se empinaba incluso sobre el 60%. En cuanto a la confianza de los consumidores, cerró el 2015 con ocho puntos menos que el año anterior, lo que llevó al Índice de Percepción de la Economía (IPEC) a modestos 37 puntos en diciembre del año pasado. Todo esto es coherente con otros datos, como la baja en el crecimiento proyectado para este año, así como la disminución de posibilidades laborales para los chilenos.

La política y la economía son cosas muy serias. No se supera con voluntarismo lo que se ha provocado con ideología y malas decisiones. Es justo preguntarse algunas cosas si ahora el gobierno se concentrará en crecimiento y productividad. Por ejemplo: ¿cuánto más crecerá Chile con este nuevo impulso gubernativo? ¿Cuántos empleos se crearán? ¿Cómo se medirá la gestión de los distintos ministros? ¿Veremos resultados concretos o solo promesas propias de los cónclaves oficialistas?

 

Julio Isamit, Coordinador General Republicanos.

 

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO

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