Los problemas de Hillary Clinton y de toda la camada de políticos republicanos debiera ser una advertencia que la elección chilena será más entretenida que un choque de dos ex Presidentes.
Publicado el 11.02.2016
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Las recientes elecciones primarias en New Hampshire mostraron la fuerza de dos candidatos que tan solo 10 años atrás serían personajes de Men in Black, la famosa película sobre extraterrestres viviendo clandestinamente en la tierra, muchos de ellos como celebridades.

Por un lado Bernie Sanders, autodeclarado socialista, se la ha puesto difícil a lo que parecía una proclamación de Hillary Clinton, y con el hecho histórico de la primera presidenta mujer.

Hay que recordar que tradicionalmente en las elecciones de EEUU, la expresión “socialista” solía ser usada como insulto, el mismo del que se apropia el veterano senador por Vermont.

En el lado republicano, lo que parecía una más de las humoradas infinitas de Donald Trump, ha revolucionado por completo a un partido que suele ser más bien de moderados y fórmulas ganadoras para las elecciones finales.

Donald Trump ha destruido completamente las dos décadas de corrección política y teorema de votante de la mediana que solía ocupar el Partido Republicano. Habla sin metáforas de arrasar con el Estado Islámico, que vuelvan a respetar a EEUU, y parece más Vladimir Putin que político americano.

Y si bien los candidatos solían cuidar su vida familiar a cualquier costo (recuerden la escena de House of Cards sobre cómo resuelven el affaire de Claire Underwood con el fotógrafo), sus propios excesos, que incluyen romances con modelos y divorcios bullados, no lo han derrumbado en modo alguno.

Reconozcamos que después de estas elecciones, varios libros sobre política tendrán que ir a lo que queda del Vertedero Santa Marta.

¿Cuál parece ser la clave que hace distinta la elección de EEUU?

Tanto Sanders como Trump hablan sin medias tintas y no temen las polémicas. Y eso los hace más confiables que la legión de hombres y mujeres de Estado que pueblan Washington.

La generación de votantes más jóvenes que puede googlear y ver en Youtube encuentra rápidamente las constantes adaptaciones y gatopardismos de las figuras políticas tradicionales, y simplemente les da la espalda. La principal víctima de este fenómeno político es Hillary Clinton.

Más allá de la evolución que tendrá la elección americana, cabe pensar en el ciclo electoral que se abre en Chile este año y del que los analistas suelen predecir que vamos camino a una elección entre los ex Presidentes Lagos y Piñera.

De hecho, buena parte de las noticias políticas de este año tratan sobre ellos dos. Y al igual que parecía una certeza la coronación de Hillary Clinton, parecen seguros ambos en la boleta presidencial.

Pero los problemas de Hillary Clinton y de toda la camada de políticos republicanos debiera ser una advertencia que la elección chilena será más entretenida que un choque de dos ex Presidentes.

Antes que nada, ninguno de los dos supera un 40% de aprobación en la encuesta CEP, y en aprobación les gana un político que en el año 2010 era un perfecto desconocido.

Por otro lado, Chile también sufre el descrédito profundo de la clase política, acentuado además por los escándalos de financiamiento de la política al margen de la ley.

Ambos corren el mismo riesgo de que les ocurra lo que le pasó a Hillary Clinton: que su candidatura se convierta en una conversación sobre sus gobiernos pasados.

Y, peor aún, que la calificación de “hombre de Estado” que tanto Piñera como Lagos exhiben, y de las que suelen recibir elogios en columnas de opinión y foros de todo tipo, deje de ser una condecoración para convertirse en un karma electoral.

Y sobre todo en un grupo que tiene la capacidad de cambiar elecciones: los nacidos después de 1990, posterior al restablecimiento de la democracia.

Se tiende a mirar en menos a ese grupo en los cálculos electorales, por la alta abstinencia electoral que tienen. Pero por no ejercerlo, no han perdido el derecho a voto.

Su desconfianza no es de la política, sino de los políticos. Ha sido una generación activa en los asuntos públicos. Muchos de ellos estuvieron en la marcha de los pingüinos del año 2006 y en la explosión estudiantil del año 2011. Reconozcamos que las palabras “lucro”, “gratuidad” y “descrédito” les pertenecen. Y, por cierto, tienen profunda desconfianza de los hombres de Estado, Especialmente de Piñera y Lagos, a quienes enfrentaron en sus reclamos por el sistema educacional chileno.

En una elección presidencial abierta tenderán a inclinarse por los Sanders y Trump chilenos.

 

Carlos Correa, Ingeniero Civil Industrial, MBA, consultor en comunicación estratégica y ex director(s) de la Secom.

 

 

FOTO:FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO