Si la oposición piensa que apelando a la unidad del sector, y enfocando su oferta programática solo a resolver los problemas económicos, podrá volver a La Moneda, se equivocará groseramente. Estos dos aspectos son el “desde” con el cual deberá enfrentar las elecciones de fin de año, porque para sacar a la Nueva Mayoría del poder requerirá, además, reconstruir los lazos de confianza con la ciudadanía.
Publicado el 03.01.2017
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Comienzo el año esperanzado y optimista, porque aun cuando queda poco más de doce meses, estamos entrando a la recta final del que considero el peor gobierno que hemos tenido desde el retorno a la democracia.

Por estos días ha provocado sorpresa la declaración realizada por la Presidenta Michelle Bachelet a un diario, donde descartó continuar en la política chilena luego que termine su mandado. Sin embargo, la máxima autoridad del país ya hizo abandono del barco hace un buen rato, por lo que su anuncio no resulta novedoso.

Lo que sí llama la atención es que pese al profundo y prolongado rechazo que expresa la ciudadanía a la gestión de su gobierno, y al paupérrimo rumbo que ha exhibido la economía durante su administración, no exista una pizca de autocrítica por parte de la Presidenta socialista.

Esto último reafirma que a Bachelet nunca le ha importado el destino de su coalición: en su primer gobierno, si bien terminó con un respaldo mayoritario de los chilenos, no utilizó el enorme capital político que tenía el 2009 para potenciar a una figura de la Concertación; mientras que ahora anuncia su retiro anticipado, desvinculándose del tremendo lastre que le deja a la Nueva Mayoría para enfrentar la elección presidencial y parlamentaria de este año.

Pero independiente de aquellas consideraciones, y de que en la práctica queda menos para que finalice este interregno, se han comenzado a formar algunas nubes respecto a la posibilidad de que haya cambio de signo político en el próximo período presidencial. De manera paradójica, el grueso de los chilenos resistimos la actual administración, pero un grupo significativo de compatriotas está dispuesto a apostar por un candidato (Alejandro Guillier) que abiertamente dice representar la continuidad del gobierno de Bachelet.

Y lo peor de todo, es que podría llegar a La Moneda con la misma receta utilizada por la Presidenta socialista: esquivando decir lo que realmente piensa, y apelando a su condición de político-no político, una categoría con la que muchos se han dejado embaucar. Con la gran diferencia que Bachelet contó con la suficiente autonomía política para designar a sus equipos de gobierno y definir los equilibrios en cada uno de ellos; en cambio, si el senador Guillier -como independiente apoyado por los radicales- quiere lograr el respaldo de todos los partidos de la Nueva Mayoría a su candidatura presidencial, se verá obligado a colocar el botín del Estado en manos de las colectividades, para que estas se lo repartan a su antojo si es que logra llegar a La Moneda.

Como sea, a Chile Vamos también le queda menos tiempo para preparar un proyecto político consistente con los desafíos actuales que tiene el país, que se haga cargo de los anhelos e incertidumbre de los chilenos, y que sintonice con los sueños y esperanzas de una nación cada vez más diversa.

Si la oposición piensa que apelando a la unidad del sector, y enfocando su oferta programática solo a resolver los problemas económicos, podrá volver a La Moneda, se equivocará groseramente. Estos dos aspectos son el “desde” con el cual deberá enfrentar las elecciones de fin de año,  porque para sacar a la Nueva Mayoría del poder requerirá, además, reconstruir los lazos de confianza con la ciudadanía (por ejemplo, encapsulando los conflictos de interés de muchos de sus dirigentes).

Como dijo la propia Presidenta Bachelet, “ya es suficiente”. Han sido casi tres años de experimentos muy mal diseñados y peor ejecutados. Lo que está en juego en las próximas elecciones es más que el gobierno de turno; está en juego el desarrollo de Chile. Entonces, no volvamos a extender un cheque en blanco como lo hicimos con Bachelet en 2013.

 

Carlos Cuadrado, periodista

 

 

FOTO: RODRIGO SÁENZ/AGENCIA UNO