Las utilidades son necesarias y deseables en cualquier tipo de empresa o institución. Lo relevante es que si hay un proyecto social o sin fin de lucro, esto sea de verdad así para garantizar que la generación de utilidades permita la sustentabilidad de una actividad y que los excedentes sean reinvertidos en la razón de existencia.
Publicado el 24.11.2016
Comparte:

Al leer la información aparecida el martes recién pasado donde se consigna que las isapres obtuvieron utilidades por casi 29.000 millones de pesos en los nueve primeros meses del año, recordé la eterna discusión respecto del servicio que entregan y el rol que tienen en el sistema de salud chileno. Los unos que describen el sistema cómo perverso y abusador; los otros… callan.

En mi recuerdo sobre el sistema de salud cuando era niño, tengo en la mente una imagen perturbadora de los problemas que vivían mis padres cada vez que había que pedir hora en el Sistema Nacional de Salud, los bonos nivel 1 o 4 y la prestación que no tenía código, todas características del viejo sistema administrado íntegramente por el Estado (perdón, me corrijo, igual que hoy en el sistema Fonasa).

Pero para provocar, hagamos una locura. Expropiemos todas las utilidades del sistema de isapres y con eso rebajemos el costo de los planes que pagamos mes a mes (recuerde el lector que solo el 39,4% cotiza en el sistema privado). ¿Cuánto se reduce el pago mensual? Ni más ni menos que $941 por beneficiario (cotizante y cargas), lo que no parece una rebaja que justifique un cambio estructural tan profundo.

En la problemática de las AFP existió un problema de comunicación para explicar que aún no hay pensionados 100% AFP y por eso, en parte, las bajas pensiones. De igual manera, en el caso de las isapres el problema es que pocos entienden que es un seguro de salud del mismo tipo que uno contrata para asegurar el auto. Esto es relevante, porque lo pagado a las isapres no se acumula en un fondo del cual se puede girar en función de los recursos sumados en una especie de cuenta individual, sino que el sistema está diseñado como un seguro que cubre eventos con un copago.

En resumen, los dos pilares de las leyes sociales en nuestro país, isapres y AFP, están bajo la mira de una sociedad que observa con lupa los movimientos que hacen las empresas, las utilidades que generan y los modelos de atención. En particular, debido al movimiento estudiantil se demonizó el concepto del lucro y se convirtió en algo malo la idea de generar excedentes, en condiciones que si no se generan, las actividades no tienen sustentabilidad en el largo plazo y desaparecen.

Entendamos también que hubo un grupo de inescrupulosos que en vez de retirar las legítimas utilidades, terminaron buscando subterfugios para extraer más de lo que correspondía, atentando contra un modelo de calidad y otras prestaciones, lo que dio motivo para que se levantara el reclamo social del lucro.

Soy un convencido de que las utilidades son necesarias para que un negocio funcione, y no solo los privados, sino que con mayor razón los emprendimientos sociales, ya que ello implica que las utilidades pueden ser reinvertidas en  el mismo proyecto social sin necesidad de recurrir a la beneficencia.

Entonces, hagamos lo posible por comprender que las utilidades son necesarias y deseables en cualquier tipo de empresa o institución. Lo relevante es que si hay un proyecto social o sin fin de lucro, esto sea de verdad así para garantizar que la generación de utilidades permita la sustentabilidad de una actividad y que los excedentes sean reinvertidos en la razón de existencia. Y si es un proyecto privado, ojalá que gane lo más posible, porque eso maximiza la recaudación de impuestos, ayudando así a financiar los programas sociales orientados a quienes más los necesitan.

 

William Díaz, economista

 

 

 

FOTO:MARIO DAVILA/AGENCIAUNO