Los violentistas usan y abusan del concepto “causa mapuche” para justificarse, para hacerle creer a la opinión pública que ellos representan a todos los mapuches, cuando eso es un gran engaño: los grupos radicalizados se representan a sí mismos, a nadie más, a sus intereses particulares y para beneficio propio.
Publicado el 23.04.2016
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Esto algo que he repetido en más de una ocasión: gran parte de los mapuches es contrario a la violencia y rechaza su uso. Hay un dato que es revelador en este sentido: en una encuesta realizada por la Universidad Diego Portales en La Araucanía, publicada el mes pasado, el 71% de los mapuches señaló que nunca es justificable la violencia. Y este dato merece ser considerado y hay que prestarle atención.

Cuando se cometen los actos de violencia no se debe generalizar en que son los mapuches, porque los involucra a todos de forma injusta. Es oportuno hacer hincapié en que quienes realizan atentados y ataques incendiarios son grupos minoritarios -pero crecientes-, algunos de ellos enquistados en unas pocas comunidades indígenas, y bajo ningún punto de vista se puede culpar a todos los mapuches. Cierto es que los radicalizados son una minoría, organizada y peligrosa, y es por tal motivo que hay que aprender a distinguir entre unos y otros. Es importante remarcar que los violentistas usan y abusan del concepto “causa mapuche” para justificarse, para hacerle creer a la opinión pública que ellos representan a todos los mapuches, cuando eso es un gran engaño: los grupos radicalizados se representan a sí mismos, a nadie más, a sus intereses particulares y para beneficio propio. El mayor daño a la imagen de los mapuches lo hacen estos mismos grupos con su actuar. Basta recordar que Celestino Córdova, un machi, fue condenado a 18 años de cárcel por el macabro crimen del matrimonio Luchsinger Mackay. Ésta debe ser una de las peores deshonras a los mapuches y provino de alguien que se presenta como una autoridad espiritual dentro de los suyos.

Lo anterior no es lo único, porque son muchos los casos de parceleros mapuches que son amenazados y atacados por los violentistas, familias que son dueñas de unas pocas hectáreas que son constantemente hostigadas y amedrentadas por comunidades vecinas que buscan quedarse con sus tierras. La consigna de los grupos radicalizados siempre ha sido “luchamos contra las forestales y la oligarquía terrateniente”, cuando eso es solamente un eslogan falso que repiten para ganar adhesión ciudadana, ya que en el fondo atacan a gente humilde y acomodada por igual.

Otro dato interesante que revela la encuesta es que el 43% de los mapuches apoya a los camioneros y un 60% a los agricultores, quizá los más afectados con los actos terroristas. Hoy se han sumado las iglesias como blanco de la insensatez, cuando la realidad nos dice que dentro de los feligreses que se han visto afectados con la destrucción de capillas hay muchas personas mapuches. Y esto también demuestra que los grupos radicalizados efectivamente mienten con sus consignas, porque con sus ataques buscan convencer que su pueblo rechaza a la iglesia católica cuando en realidad los mapuches son mayoritariamente cercanos a ésta.

Otro punto que debe ser considerado es que hay distintos tipos de violencia ejercida por estos grupos. Existe la violencia ideológica, que es aquélla que atenta contra todo lo que representa el alma del Estado chileno, y que trasunta en escuelas y casas quemadas y actividades productivas atacadas con la finalidad de producir despoblamiento e instalar lo que llaman autonomía. Por otro lado, está la violencia que busca obtener réditos económicos a través del robo de madera, extorsión y abigeato (y que en ciertas zonas está fuera de control). Finalmente, y aquí encontramos lo más paradojal de todo, es que además existe un tipo de violencia incentivada por el propio Estado que premia con compra de tierras a quienes ejecutan y promueven esa misma violencia. La Conadi, en ese sentido, es un organismo que favorece el clientelismo y prácticas poco transparentes, con un presupuesto de 90 mil millones de pesos al año, los cuales son recursos de todos los chilenos que se distribuyen pésimamente en desmedro de comunidades pacíficas y en general postergando a toda la población de nuestras regiones.

En todo lo anteriormente expuesto reside la importancia de diferenciar a los grupos radicalizados de esa gran mayoría de mapuches que está en contra de la violencia. Todos quienes rechazamos los ataques incendiarios, todos quienes queremos la paz en el sur de Chile, todos quienes creemos que sí es terrorismo lo que nos aqueja, debemos hacer el esfuerzo de hacer la distinción entre unos y otros, para de ese modo evitar la generalización que afecta a quienes ninguna culpa tienen de lo que unos pocos irracionales cometen. No caigamos en el juego de los violentistas que buscan aparecer como víctimas utilizando al mundo mapuche para seguir justificando los atentados.

 

Alejandro Martini Iriarte, Movimiento Paz en La Araucanía.

 

 

FOTO:DAVID CORTES SEREY/AGENCIAUNO.