La población chilena envejece, lo que supone múltiples desafíos que otorguen calidad de vida y condiciones laborales a los adultos mayores.
Publicado el 03.07.2016
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Chile se encuentra en un proceso de cambio profundo en cuanto a su distribución demográfica. Hoy, los adultos mayores sobrepasarían el 15,6% de la población y esa cifra va en aumento. Eso nos habla de una sociedad que va cambiando y a la que debemos adaptarnos.

Actualmente, 2.005.684 personas en Chile tienen más de 60 años; de ellas, 56% son mujeres (1.122.547) y 44% hombres (883.137).  Se ha señalado que, aproximadamente, para 2025 la cantidad de menores de 15 años y de adultos mayores se igualarán en términos absolutos y porcentuales (20%) en todas las regiones del país.

¿Estamos preparados como país para esta nueva realidad? El primer desafío que tiene Chile es generar una práctica de cuidado especializado y a largo plazo para personas mayores. Este sistema tiene que reconocer las características distintas de las personas mayores. Otro de los desafíos que supone el envejecimiento en Chile es cómo agregar calidad a esos años de vida a quienes deseen permanecer en su hogar, pero también cómo generar posibilidades a los que deseen continuar desarrollando actividades profesionales, más aun considerando el tema de las pensiones para el adulto mayor, por todos conocido.

Fomentar políticas públicas que promuevan las opciones laborales para el adulto mayor, en la medida de sus posibilidades, resulta fundamental, teniendo en cuenta la tendencia en la población de muchos países del mundo. Los adultos mayores van evidenciando las diferentes formas de envejecer. Cada vez hay más personas mayores realizando distintas actividades que los motivan, emprendiendo, participando en organizaciones, estudiando, trabajando, realizando un voluntariado, incorporándose a la tecnología. Hay muchos adultos mayores que tienen las capacidades físicas y psíquicas para seguir trabajando, por lo que es digno de análisis cómo utilizar esta capacidad productiva y su experiencia para mejorar sus condiciones de vida.

Sin embargo, el gran desafío sigue siendo cómo generar una sociedad con más oportunidades y más inclusiva e incorporar a todos a estas oportunidades. Mientras no estén debidamente estimuladas y fomentadas este tipo de políticas públicas, Chile no es país para viejos.