Es preferible ser desigualmente ricos que igualmente pobres; el punto es que los que se encuentran en los quintiles más bajos tengan recursos para poder acceder a una movilidad social ascendente y salir de la situación de pobreza.
Publicado el 18.07.2015
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Hoy existe la creencia que a mayor desigualdad hay mayor pobreza, lo cual es rotundamente falso. A principios de la década del ´90, la pobreza en Chile rondaba el 30%, reduciéndose a un 7,8% para el 2013. Si se analizan los datos de la pobreza extrema publicados por el Ministerio de Desarrollo Social en la encuesta Casen, se observa que ésta rondaba el 13% en 1990 para caer a un 2,5% en el 2013.

El preocuparse por combatir la pobreza implica estudiar la movilidad social y no la desigualdad. Es decir, enfocarse en las personas que logran salir de la pobreza luego de un determinado período de tiempo. El hecho de que Chile haya logrado reducir la pobreza en más de un 20% en un lapso de 20 años muestra que estuvo generando movilidad social ascendente. Este enfoque es el que deja de lado el famoso índice de Gini, el cual sólo se preocupa por comparar la diferencia entre los quintiles más altos y los más bajos. Sin embargo, nada dice acerca de si los quintiles más pobres lograron salir de la situación de pobreza.

Poner el foco en la desigualdad no hace más que desviar la atención en el principal objetivo de la política económica, que debería ser eliminar la pobreza. Incluso, las conclusiones que se esgrimen acerca de la desigualdad suelen ser erróneas. Podría ocurrir que haya una mayor inequidad pero que las personas tengan un mayor poder adquisitivo. En otras palabras, es preferible ser desigualmente ricos que igualmente pobres; el punto es que los que se encuentran en los quintiles más bajos tengan recursos para poder acceder a una movilidad social ascendente y salir de la situación de pobreza.

Si la riqueza mundial no creciera, entonces la desigualdad sí sería un problema, ya que los recursos serían fijos y nos encontraríamos en un juego de suma cero. Sin embargo, la economía no funciona así. La historia ha demostrado que la riqueza sí ha crecido a lo largo del tiempo. El mejor ejemplo es la Revolución Industrial, eliminando una pobreza generalizada de 80% de la población mundial para reducirla a la cifra de 21% según datos del Banco Mundial.

La movilidad social es independiente de la desigualdad. Depende de que una economía ofrezca reglas claras de juego. Esto es respeto a las instituciones y a la propiedad privada. También implica menos intervención estatal, intentando realizar reformas sin el dinero suficiente para hacerlo. Esto último termina por estancar la economía y asustar las inversiones privadas por los niveles de incertidumbre. Contrariamente a lo que promueve Bachelet, es necesario fomentar la inversión privada para que vuelvan a generarse oportunidades y nuevos puestos de trabajo generando una movilidad social ascendente y continuar reduciendo la pobreza. El verdadero desafío de Chile consiste en continuar disminuyendo la pobreza y ser referente para América Latina en cuanto a combatirla.

 

Iván Cachanosky, Investigador Fundación para el Progreso.

 

 

FOTO: JONAZ GOMEZ/SANTIAGO