A pocas semanas de la elección más relevante de los últimos 25 años, y siendo Sebastián Piñera el candidato que mayores posibilidades tiene de convertirse en el próximo Presidente de la República, los ataques contra su candidatura ya no sólo provienen de la izquierda en competencia, sino que emanan directamente desde la Presidenta hacia abajo, como si la elección se decidiera entre ambos.
Publicado el 05.11.2017
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Desde que Sebastián Piñera hiciera público su programa para Chile 2018-2022, y ante la inexistencia de toda propuesta por parte de la candidatura de Alejandro Guillier, el gobierno ha iniciado una estrategia comunicacional en la que se han involucrado tanto la Presidenta como sus ministros, dirigida contra la actual candidatura de Piñera, así como también a intentar menoscabar el éxito de su gestión  cuando fue Presidente.

Esta estrategia, que comenzó a desarrollarse con la entrevista que Michelle Bachelet concedió al diario La Tercera, tiene el propósito de distraer la atención de la opinión pública sobre la carencia absoluta de ideas y propuestas que tiene la candidatura oficialista, desviando el debate hacia una competencia de logros entre la actual Presidenta y Sebastián Piñera, como si ella fuera la candidata a la Primera Magistratura y no Guillier.

Lo que se intenta con esto es instalar la idea de que el llamado legado de Bachelet supera en todo a lo realizado por el ex Presidente en su gestión anterior, con lo cual se pretende convencer al electorado de que lo que se requiere es continuidad y no cambio, porque eso sería retroceder. Con esto instalado, ¿para qué requeriría Guillier un programa? Bastaría que en la segunda vuelta se proclame el heredero de Michelle Bachelet y su legado, prometiendo continuidad y profundización, con lo cual lograría, además, rearticular a la izquierda en torno a su candidatura, que no sería otra cosa que seguir adelante con más reformas, haciendo más de lo mismo.

Como subproducto de todo esto, se alinearían el PS, el PPD y el PC; MEO tendría que apoyarlos, porque se ha declarado admirador del actual gobierno y seguidor de Bachelet, y a la DC no le quedaría más que sumarse, porque Carolina Goic ya proclamó a Guillier el heredero de la retroexcavadora y hasta hoy, además, personeros DC como Ignacio Walker declaran que éste es su gobierno y lo será hasta el último día. Faltaría ver que actitud toma el Frente Amplio, pero por la amistad anterior entre Guillier y Sánchez no sería extraño ver un apoyo de ella hacia su candidatura.

Pero todo esto que cuadra muy bien como una posible estrategia, choca fuertemente con la realidad. Porque en esta elección no se enfrentan Bachelet con Piñera, sino que Piñera con Guillier. Y éste es débil. Su candidatura no prende, no tiene contenido, no tiene alma, no genera entusiasmo, y por mucho empeño que desde Palacio pongan en atraer la atención de la opinión pública hacia la Presidenta, el día de la votación ella no va a estar en la papeleta.

Faltando tan poco tiempo para el 19 de noviembre, todos los ataques a Sebastián Piñera, incluyendo los de la Presidenta y su gabinete, no han tenido efecto alguno en las encuestas. Porque por mucho que este gobierno pretenda autoproclamarse como una gran administración, la gran mayoría de los chilenos piensa que ha sido un gran fracaso. Un gobierno que con suerte bordea un 30% de aceptación no puede pretender que se le reconozca como exitoso ni por haber dejado un legado que pasará a la historia.

Por el contrario, el país, después de estos cuatro años de gobierno de la Nueva Mayoría, ha visto un gran detrimento en la amistad cívica, un incremento en la polarización y vive un nivel de crispación que no le hace bien a la democracia. Y esto es producto de la utilización de un inadecuado lenguaje, que comenzó en los primeros meses de esta administración, con el famoso video de la reforma tributaria, cuyo mensaje era propio de la lucha de clases. Después vino la retroexcavadora, la bajada de patines, y un incesante ataque contra “la derecha” que dura hasta hoy, como si ésta fuera una plaga que azotará el país en caso de llegar al poder.

El próximo 19 de noviembre, Chile concurrirá a elegir a su próximo Presidente y al nuevo Parlamento. La estrategia que pueda estar siguiendo la Moneda, en nada va a cambiar la decisión que tomen los chilenos, porque esta elección definirá si es Alejandro Guillier o Sebastián Piñera quien asumirá la Presidencia de la República el 11 de marzo de 2018. Esta elección definirá si los chilenos quieren seguir profundizando lo hecho por la Nueva Mayoría, o volver a retomar el camino que hasta hace tan poco, situaba a Chile como la joya de América Latina.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas

 

 

FOTO: MARIO DAVILA/AGENCIAUNO