Estamos viviendo un complejo escenario político y económico, donde probablemente el segundo esté siendo víctima del primero, y se necesita que la renvación de las autoridades sea con la mayor de las legitimidades posibles.
Publicado el 13.10.2016
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Nunca da lo mismo quiénes son los responsables de guiar los destinos de un país o una comuna, porque esa displicencia oculta en aquello a lo que nos acostumbró el Chino Ríos, “no estoy ni ahí”, esconde la mayor de las irresponsabilidades, dejar que otros decidan por mí.

Estamos viviendo un complejo escenario político y económico, donde probablemente el segundo esté siendo víctima del primero, y se necesita que la renovación de las autoridades sea con la mayor de las legitimidades posibles.

El 23 de octubre debemos ir a votar todos los que estamos habilitados en el padrón electoral y romper con esa larvada apatía que se siente en el ambiente. Yo hago una defensa de la función política, a pesar de la desacreditación de la cual es objeto, porque cuando uno escucha en una conversación “es que los políticos aquí, los políticos allá, etc.” y hace una interpelación sobre quién haría esa pega, todos miran para el techo en un actitud de irresponsabilidad máxima de criticar sin aportar.

Creo que hay de todo en la política, de la misma forma en que en las empresas hay flojos y trabajadores, hay quienes sacan la vuelta y quienes trabajan con esfuerzo, la política tiene de lo mismo, pero los políticos son mucho más expuestos comunicacionalmente, lo que los hace blanco de todo tipo de críticas y cuestionamientos.

Las elecciones municipales del 23 de octubre son demasiado importantes porque elegimos a la autoridades más cercanas a resolver los problemas reales de las personas. Los alcaldes y concejales tienen una misión muy relevante en la sociedad, ya que son el primer círculo de protección de las familias y vecinos. Sus decisiones afectan el día a día de las personas y, con ello, afectan su calidad de vida.

Pero también es una medición de fuerzas para la elección que viene, presidencial y parlamentaria, ya que será el barómetro de la sanción social respecto de lo bien o mal que lo está haciendo la coalición gobernante. Decir lo contrario es una ilusión política, ya que las personas votan por cómo son percibidas las coaliciones o grupos políticos, dando su preferencia a quienes los representan de mejor forma.

También hay que reconocer que haber dejado el voto voluntario y haberlo contrastado en la discusión con el voto obligatorio fue un error, ya que la dicotomía no era el primero sobre el segundo, sino que la inscripción voluntaria versus la obligatoria.

En fin, estas líneas son para invitar a que vayamos a votar el 23 de octubre, por quién quiera, pero vote. No deje que otros decidan por usted.

 

William Díaz, economista.

 

 

 

FOTO:PABLOOVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO.