La que muchas veces se utiliza como una frase de marketing político se ha llenado de realismo en la medida que se implementan las diversas reformas de la izquierda gobernante.
Publicado el 20.01.2016
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El domingo 17 de enero de 2010 se celebró la segunda vuelta presidencial que eligió a Sebastián Piñera como presidente de la República. Esto representó un importante hecho en la historia política del país puesto que ponía fin a 20 años de gobierno concertacionista y los ciudadanos elegían por primera vez desde 1958 a un candidato de centroderecha para el sillón de O’Higgins. La alternancia en el poder también era una buena manera de fortalecer la democracia.

Han pasado seis años desde el triunfo de la Coalición por el Cambio y nos encontramos a pocos meses de cumplir dos años de un nuevo mandato de la Presidenta Bachelet. Frente a esto conviene destacar algunas cosas.

La primera, es que los chilenos hemos descubierto que definitivamente no da lo mismo quién gobierne. La que muchas veces se utiliza como una frase de marketing político se ha llenado de realismo en la medida que se implementan las diversas reformas de la izquierda gobernante, que han detenido el crecimiento económico, disminuido la confianza, introducido diversas políticas discriminatorias o aumentado la polarización social entre otras cosas. Estamos frente a un mal gobierno, y así lo percibe la población en diversas encuestas de opinión.

Un buen ejemplo de esto es lo que se ha hecho en educación. Durante el gobierno del Presidente Piñera se crearon en distintas ciudades y regiones los “Liceos Bicentenario” -muchos de los cuales se encuentran ya dentro de los 100 mejores colegios públicos del país- o se implementaba la beca “Vocación de Profesor”, con importantes incentivos para trabajar en la educación subvencionada, en los sectores más vulnerables, como una forma concreta de mejorar la educación pública del país. Por el contrario, la política educacional de la actual Jefa de Estado se ha concentrado en cambio en “quitar los patines” a colegios subvencionados donde estudia parte importante de la población escolar del país, principalmente de clase media y vulnerable, y no ha presentado políticas concretas para mejorar la situación de la sala de clases de miles de colegios públicos a lo largo de todo Chile.

Mientras el gobierno anterior fijó reglas iguales de financiamiento para todos los estudiantes con una tasa de interés equivalente para alumnos de universidades del Cruch y de universidades privadas no tradicionales, el gobierno actual consagra una formula discriminatoria, estableciendo estudiantes de primera y segunda categoría.

Todo esto sin considerar las diferencias en tasa de crecimiento, inversión, número de hospitales construidos, reconstrucción del país luego del terremoto, entre muchas otras cosas.

En segundo lugar,  la administración del Estado no sólo es un instrumento privilegiado para implementar políticas públicas que contribuyan a que los chilenos vivan mejor, sino también sirve como una verdadera escuela de aprendizaje político, donde diversas generaciones confluyen aportando con su experiencia y formación profesional.

El gobierno pasado representó una oportunidad inmejorable para que muchos jóvenes profesionales profundizaran su vocación de servicio público desempeñándose como subsecretarios, jefes de servicio, asesores y en diversas labores que ofrece el Poder Ejecutivo. Muchos de ellos descubrieron un interés por lo público y la importancia de la política, lo que seguro será un gran aporte para el próximo gobierno.

Por último, y como aún quedan dos años para la próxima elección presidencial, estamos a tiempo para reflexionar sobre lo que se hizo bien, mal y qué se puede hacer mejor respecto al gobierno de la centroderecha En ese sentido, temas como la incorporación de voces regionales, una mayor diversidad social en ministerios y subsecretarías o la valoración del rol de las instituciones políticas por sobre la mera administración son temas cruciales para el éxito de un futuro gobierno.

Todo esto es necesario pensarlo desde ya, para asumir en marzo del 2018, desde el primer minuto, el desafío de gobernar para todos los chilenos, de recuperar la dinámica del crecimiento económico y la justicia social, y de fortalecer las libertades personales.

 

Julio Isamit, coordinador de Republicanos.

 

FOTO: RODRIGO SÁENZ/AGENCIAUNO

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