Los países con mayor diversidad de personas, mayor diversidad de productos e interacciones entre éstos, y mayor internacionalización logran un mejor desempeño científico-tecnológico. No hay evidencia de que la creación de un Ministerio tenga efecto positivo alguno sobre la producción y adopción de ciencia y tecnología.
Publicado el 21.01.2017
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Comenzaremos con una pregunta más directa: ¿Qué hace que un país sea mejor que otro en ciencia y tecnología (CyT)?

No es fácil encontrar consenso en este campo. Sin embargo, hay algunas señales compartidas. Por ejemplo, la publicación de documentos de investigaciónes una buena medida del potencial de desarrollo tecnológico, aunque nada dice de su implementación. El número de patentes solía suplir este problema, pero ha perdido fuerza como indicador, dada la creciente tendencia “open source”, que hoy incluye no solo al software, sino también tecnología “dura” (por ejemplo, la firma Tesla en 2014 hizo públicas todas sus patentes). Otra medida del potencial científico-tecnológico es el gasto total de en investigación y desarrollo.

En estas dimensiones Chile aparece como el país mejor ubicado en algunos rankings de CyT a nivel latinoamericano, aunque a nivel global no presenta un desempeño muy destacado: el más reciente Global Information Technology Report lo ubica 38, el Business Insider lo ubica 48 y el índice SJR de publicaciones científicas lo ubica  en el puesto 45. Hay alta correlación entre estos y varios otros indicadores, tales como patentes aplicadas por país o número de artículos citados en revistas científicas, en que los países líderes son siempre los mismos, independiente del índice utilizado.

Cabe resaltar que según el Global Innovation Index2016, ha habido un notorio incremento de la internacionalización de la CyT en todos sus ámbitos. Por ejemplo, en 1996 el 25% de los artículos científicos tenía co-autoría internacional, mientras que hacia 2011 este porcentaje se elevó a 35%. Asimismo, el informe anterior destaca que el número de países más activos en publicaciones científicas subió de 37 en 1990 a 54 en 2000. Respecto del gasto asociado a investigación y desarrollo, Chile gasta el 0,38% del PIB en I+D, menos de la mitad de lo que gasta Kenia, por debajo de Mozambique y a la par de Ghana. Los países top 10 de esa lista son los mismos que encabezan varios de los rankings relativos a CyT.

Frente a desempeños poco auspiciosos, la tendencia natural es cambiar las reglas del juego interno, abrigando la esperanza de que un nuevo marco administrativo otorgue las condiciones necesarias y suficientes para dar un salto histórico en esta materia. Muchos países, en especial nuestros vecinos, han optado por esta vía, creando ministerios exclusivamente dedicados a la CyT. Por ejemplo, Argentina en 2007 creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Brasil lo hizo en 1985, Costa Rica en 1990. Venezuela sufrió varias transformaciones hasta llegar al actual Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología.

Alrededor del mundo hay una variada gama de aparatos públicos dedicados a esta materia. España por ejemplo, mantuvo un Ministerio de Ciencia y Tecnología entre 2000 y 2004, agregando Innovación en 2008 y luego lo hizo desaparecer en 2011. Hay casos emblemáticos, como Estados Unidos y Corea, en que ninguno de los dos tiene ministerio de ciencias/tecnología, sino que agencias similares a nuestro Conicyt. El Reino Unido tiene más de 120 ministerios y uno de ellos es el Ministry of State for Universities, Science, Research and Innovation, que sería más parecido a nuestro actual Ministerio de Educación. En esta variedad de aparatos públicos, parece imposible inferir una correlación directa entre la existencia de un Ministerio de Ciencia y Tecnología y el éxito de un país en ese campo.

Una mirada más amplia a los países exitosos en CyT e innovación revela que hay ciertas claves que se repiten. La primera de ellas es la diversidad cultural. En efecto, hay países que históricamente se han beneficiado de una buena política migratoria. Un ejemplo de ello es EEUU, cuya producción científico tecnológica despegó gracias a la fuerte inmigración en el siglo XIX y comienzos del XX. Inmigrantes como el escocés Alexander Graham Bell, el Serbio Nikola Tesla, el alemán Albert Einstein, el italiano Enrico Fermi o el danés Niels Bohr, fueron determinantes en el surgimiento de la ciencia y su aplicación a desarrollos innovadores.

El segundo elemento que tienen en común esos países es la complejidad de su estructura productiva (concepto acuñado por el chileno César Hidalgo y el venezolano Ricardo Haussman). Los países con mayor desempeño científico-tecnológico tienen un mayor índice de complejidad económica. Esta complejidad refleja cuán interconectada es su producción y cuán ubicuos son su productos. En el último ranking, publicado por el Observatory of Economic Complexity, se aprecia que los países de mayor complejidad suelen ser además los de mayor adopción de CyT. Chile en ese ranking aparece en el lugar 58 de 144 países (por debajo de México, Brasil y Argentina).

El tercer rasgo compartido entre los países exitosos es un gasto sostenido en I+D. El Global InnovationIndex2016 muestra que a pesar de las crisis económicas, los países exitosos en CyT han mantenido altos niveles de gasto en I+D respecto de su PIB, tal como Israel (4,2%), Corea  (4,1%), Japón y Finlandia (3,5%) o Alemania (3%). El cuarto rasgo común es la internacionalización de la CyT, tanto a nivel de patentes, como publicaciones, aplicaciones y otros, que surge como resultado de la interdependencia del conocimiento (motor de la innovación y el desarrollo).

Tomando en cuenta estas cuatro características comunes de los países exitosos en CyT, ya podemos responder a la primera pregunta enunciada: los países con mayor diversidad de personas, mayor diversidad de productos e interacciones entre éstos, y mayor internacionalización logran un mejor desempeño científico-tecnológico. Esta misma respuesta nos ayuda con la interrogante del título de esta columna: No hay evidencia de que la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología tenga efecto positivo alguno sobre la producción y adopción de CyT.

Finalmente, si deseamos impulsar la CyT con miras a incrementar el desarrollo de Chile debemos mejorar las condiciones para que se dé mayor diversidad, mayor internacionalización y mayor participación de distintos sectores productivos en esta cadena. Esto puede lograrse empoderando al actual Conicyt para gestionar un presupuesto mucho mayor e incrementar los instrumentos de internacionalización de CORFO u otros organismos públicos.

 

Rodrigo Garrido Hidalgo, decano Facultad de Ingeniería y Ciencias Universidad Diego Portales

 

 

FOTO: JUAN GONZALEZ/AGENCIAUNO