Bachelet y/o sus asesores insisten en la victimización que daba frutos hace una década, cuando el escenario actual exige liderazgo heroico.
Publicado el 29.01.2016
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Hoy, tras las primeras formalizaciones del caso Caval y que dejaron a la nuera de la Presidenta Michelle Bachelet con arraigo nacional y firma mensual, nadie en Chile esperaba que la Presidenta saliera a hablar públicamente del caso, más aún estando todo el país acostumbrado a una política comunicacional de silencios y declaraciones antojadizas y, buena parte de la nación, ad portas de iniciar sus vacaciones de verano.

Sin embargo, a las 16:15 horas la Mandataria hizo uso de la palabra en una declaración pública para referirse a dicha contingencia (ver video de la declaración al final de la columna). Salió, papel en mano, y le habló al país 64 segundos para referirse sólo los primeros 24 segundos al valor de que la justicia actúe con imparcialidad y el tiempo restante para confirmar, con la voz quebrada, que su juicio no se ha visto nublado en su actuar como Presidenta y en los objetivos de su gobierno.

Pues bien, a menos de dos horas de que buena parte del país bote el lápiz sobre sus escritorios y no lo vuelva a alzar hasta marzo, la autoridad del país nos regala una imagen para irse de vacaciones con un sentimiento de angustia aún más profunda de la que ya se podía tener luego de un año de errores.

A estas alturas, parece legítimo dudar si es el equipo comunicacional en su inexperiencia política o la propia Bachelet en su grave desgaste humano y profesional los que toman una decisión como la de dar semejante declaración al país.

¿Por qué dar una declaración, que se sabe será en cadena nacional, a las 16:15 de la tarde? ¿Por qué Bachelet sale con un papel doblado en la mano pero habla fijamente a la cámara en todo momento? ¿Por qué exponer a la máxima autoridad en un encuadre de debilidad, con la voz quebrada y los ojos brillosos cuando la victimización es un recurso que hace meses no tiene efecto sobre el juicio que los chilenos tienen sobre ella? La respuesta es sólo una: falta de profesionalismo de parte de su equipo y ausencia absoluta de coraje de parte de sus cercanos para proteger su imagen. Por majadero que pueda parecer, nuevamente La Moneda ha hecho actuar a Bachelet 2016 como si fuera Bachelet 2006.

En el escenario actual, con todo un año de secretismos, rumores, mala relación con la prensa, creciente impopularidad y en medio de un ambiente país de desconfianza y bronca ciudadana, Bachelet tenía hoy dos opciones de manual.

La primera, la de salón y a la que ya nos tiene acostumbrados. Guardar silencio, irse de vacaciones y, si cabe en algún momento, felicitarse de que pese al dolor personal la justicia está funcionando imparcialmente.

La segunda opción, la para verdaderos líderes políticos, era la de dar una cadena nacional pura y dura, a las 21 horas, y, con toda la voz quebrada que quiera y que lógicamente merece tener, pedir de verdad perdón al país por las responsabilidades que ella pudiese tener en todo este proceso que ha empañado a su familia, a La Moneda, a la política y al país, durante los últimos 365 días y cuya fuerza explosiva a tenido directa relación a su inmovilismo personal y político.

Bachelet y/o sus asesores insisten en la victimización que daba frutos hace una década, cuando el escenario actual exige liderazgo heroico.

Con estas nanodeclaraciones, mejor, ni hablemos en marzo.

 

Alberto López-Hermida, doctor en Comunicación Pública, académico UANDES.

 

 

PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO