Lo que la oposición no capitalizaba en las encuestas sí lo capitalizó ayer en las urnas. El triunfo de Chile Vamos parece innegable. El 4-0 que repetían las vocerías de la Nueva Mayoría efectivamente se produjo, pero en su contra.
Publicado el 24.10.2016
Comparte:

La sorpresa de las elecciones municipales no fue la alta abstención. ¿Quién podría haber esperado mayores niveles de participación en medio de plena crisis de confianza y descrédito de la clase política? Por lo demás, la desafección ciudadana es un fenómeno global, más del 80% de los países de la OCDE ha bajado sus niveles participación electoral en los últimos 10 años, y el promedio de participación en elecciones con voto voluntario en los mismos países no es mayor al 60%. Por lo demás, en Chile no se ha hecho nada (y el Gobierno en esto es parte responsable) por promover de manera eficaz la participación. El escándalo de la configuración de nuestro padrón electoral es una prueba de aquello.

La gran sorpresa de anoche fue la aplastante derrota de la Nueva Mayoría. El efecto mal gobierno tuvo un impacto, marcando un retroceso desde el 43% de los votos en 2012, a un 37%, con un correlato de pérdida de alcaldías de 161 a 139. En términos de población gobernada, misma tónica: la Nueva Mayoría pasa de gobernar al 47% de la población y a administrar tan solo el 38% de la ciudadanía en el ámbito municipal. En definitiva, la “verdadera” encuesta a la cual aludió el ministro del Interior Mario Fernández es tan mala como las cifras que semana a semana golpean a Palacio, pero que en La Moneda se niegan a reconocer.

Por contrapartida, lo que la oposición no capitalizaba en las encuestas sí lo capitalizó ayer en las urnas. El triunfo de Chile Vamos parece innegable. El 4-0 que repetían las vocerías de la Nueva Mayoría (particularmente el ex Vocero Francisco Vidal) efectivamente se produjo, pero en contra. Hoy Chile Vamos obtiene: 1) más porcentaje de votos en alcaldes que la Nueva Mayoría; 2) más número de alcaldías que la Nueva Mayoría; 3) más porcentaje de votos en elección de concejales y; 4) más población gobernada bajo alcaldes de centroderecha.

Pero el panorama electoral de la centro izquierda no solo se vislumbra sombrío hoy, ya que podría proyectarse al escenario presidencial. Por un lado, Ricardo Lagos optó por ser algo así como el rostro de la derrota, solidarizando con Carolina Tohá y ofreciendo explicaciones por las señales electorales. Mientras que para Alejandro Guillier los resultados no parecen mucho mejores, pues la zona norte le resultó más bien esquiva en materia de respaldo electoral.

De este modo, la Nueva Mayoría pierde inesperadamente un partido que pensaba ganar por goleada, y se encuentra jugando los minutos de descuentos de un Gobierno ya sin mayor posibilidad de recambio. La pelota se encuentra en posesión de Chile Vamos, que deberá administrar de manera inteligente esta ventaja para imponerse en el otro gran partido, el presidencial, donde a la luz de los recientes resultados, va ganando terreno.

 

Jorge Ramírez, Coordinador Programa Sociedad y Política LyD