En dos siglos de historia argentina, nunca un hecho de raíz externa ha devenido en una crisis política interna tan grave, y es posible que se trate del momento político más difícil del kirchnerismo en más de una década en el poder.
Publicado el 20.01.2015
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La muerte del fiscal Nisman pone a la Argentina frente a una crisis política de consecuencias imprevisibles. Este funcionario había realizado la semana pasada la acusación más grave contra el kirchnerismo en sus 11 años y medio de gobierno. Además, había acusado personalmente a la Presidenta de encubrir a Irán en el atentado de la AMIA.

Si bien la primera reacción del gobierno ha sido inducir que se trató de un suicidio, la sospecha de que esto podría no haber sido así está planteada, dado que la muerte tuvo lugar un día antes de que el Fiscal declarara ante el Congreso en un escenario que estaba dominado por la oposición que, a través de la legisladora del PRO Patricia Bullrich, preside la Comisión que lo había convocado.

A comienzos de la semana pasada, la orden de la Presidenta para que el canciller no participara en la marcha de París en repudio del atentado terrorista que tuvo lugar en dicha ciudad, generó una crisis alrededor de la política exterior; dos días después, el fiscal Nisman -que desde hace una década investigaba la causa AMIA-, denunció una conspiración del gobierno, encabezada por la propia Presidenta, para encubrir la responsabilidad de Irán en dicho atentado, desviando la investigación. Todo esto, unido por último a la muerte de Nisman, muestra una escalada extrema en esta crisis. Que hoy el terrorismo islámico esté en el centro de la escena mundial da al hecho gran impacto global.

Nisman había dicho públicamente horas antes de su muerte: “con esto me juego la vida” y “yo puedo salir muerto de esto”.

La declaración que el fiscal se aprestaba a realizar esta semana ante el Congreso iba a generar fuerte impacto político. La jueza María Servini de Cubría decidió no interrumpir la feria judicial para tratar la denuncia, pero el juez que la debe investigar, Ariel Lijo -el mismo que procesó por corrupción al Vicepresidente Amado Boudou-, interrumpiendo sus vacaciones, ya el lunes 19 se hizo cargo de la causa.

El kirchnerismo, coherente con su característica, redobló la apuesta y tras el impacto inicial -frente al que demostró sorpresa- salió a cuestionar la acusación y a descalificar al fiscal. La oposición le dio el escenario para que se expresara y el oficialismo reclamó que la declaración fuera pública para crear una situación de escándalo mediático que desviara la atención de la denuncia central, y había convocado a sus militantes a movilizarse en la tarde de hoy para apoyar a la Presidenta.

De ahora en más, la causa abierta por la muerte de Nisman adquiere entidad propia y judicialmente queda a cargo de un juez considerado cercano al gobierno, a diferencia del anterior. Las pruebas que reunió Nisman seguramente tendrán varias copias, que estarán en otras manos, como pueden ser los agentes de inteligencia que participaron en la investigación y que, tras ser separados de sus funciones el mes pasado, fueron pasados a retiro al día siguiente que Nisman realizó su denuncia.

En dos siglos de historia argentina, nunca un hecho de raíz externa ha devenido en una crisis política interna tan grave, y es posible que se trate del momento político más difícil del kirchnerismo en más de una década en el poder.

Se abre así un escenario imprevisible que comprende a la política exterior argentina, su situación institucional y su política interna. El hecho confirma una vez más cómo el imponderable constituye la materia de la política. Mientras se esperaba una volatilidad económica que fue inicialmente contenida, saqueos para fin de año que no se concretaron y avances en las causas de corrupción contra el gobierno o nuevas informaciones sobre bienes de la familia Kichner en el exterior, la crisis política estalló en un ámbito inesperado. Ello confirma además que el último año del gobierno de Cristina Kichner no será fácil y que la preocupación del Papa acerca de ello parece haber tenido cierto fundamento.

 

Rosendo Fraga, Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, Argentina.

 

 

FOTO: ALLISON MELER / FLICKR