Gobernar es mucho más que generar transparencia. Es identificar las prioridades de la ciudadanía y ofrecer respuestas concretas que sean, además, consistentes con las capacidades y recursos del país. De hecho, la ciudadanía lo está pidiendo. Una de las explicaciones que se ha dado para el triunfo de Sebastián Piñera fue su capacidad de conectarse con las demandas de solución de problemas cotidianos de las familias en materia de empleo, sueldos, salud, seguridad ciudadana y transporte, entre otros.
Publicado el 13.02.2018
Comparte:

No cabe duda que el avance en transparencia en Chile ha sido importante. Desde la instalación de la nueva institucionalidad para la transparencia hace ya una década, nuestro país ha tenido avances significativos en el acceso a la información para los ciudadanos y en la apertura al público de las actuaciones e intereses que pueden afectar a las autoridades.

Se han hecho hartas cosas: se creó el Consejo para la Transparencia, se estableció una legislación con principios constitucionales incluidos, se definieron nuevos estándares de probidad exigibles a las autoridades, se permitió y consagró el acceso a la información a la ciudadanía con plazos y sanciones, se definieron nuevas declaraciones de patrimonio e intereses, se elevaron los estándares para evaluar posibles conflictos de interés en las autoridades, se establecieron nuevas normas de financiamiento de la política y de las campañas electorales, y en general aumentó el escrutinio público y control de los funcionarios y autoridades electas en su actuar público (y también privado).

¿Por qué se hicieron estos cambios? En parte, por un proceso de evolución y avance de la democracia, a través de dar nuevos pasos que implican mayor información y empoderamiento ciudadano. Pero los cambios se explican en parte, también, por dos crisis institucionales muy fuertes que demandaron del poder político una “renuncia” a esferas de influencia y control para cederlas a la ciudadanía. La primera fue la crisis de 2007, asociada a los escándalos de Chiledeportes y los programas Pro Empleo. La segunda fue en 2014 (y nos acompaña hasta ahora), sobre el financiamiento irregular de la política.

En esta combinación de razones para hacer los cambios la balanza se cargó hacia el lado de las crisis institucionales. Fueron ellas las que más pesaron en la decisión y contenido de las reformas pro transparencia. Estuvieron diseñadas no sólo para progresar en términos democráticos, sino sobre todo para calmar y contrarrestar una opinión pública que exigía “renuncias” de poder por parte de sus autoridades.

Este ejercicio llevó, a mi juicio, a que gran parte de la energía del sistema político estuviera dedicada a la transparencia y a evitar conflictos de interés, y mucho menos a exigir un buen resultado en la gestión y provisión de los servicios públicos. Así, por ejemplo, son muchísimos los casos donde avanza significativamente la transparencia, pero no se avanza nada —o muy poco— en excelencia y calidad. Educación, salud, seguridad ciudadana son tal vez los mejores ejemplos de las materias donde lo sustantivo, la calidad de servicio, la provisión de soluciones, ha quedado postergado o relegado en el orden de las prioridades.

El problema de este esquema, especialmente cuando la opinión pública centra su atención en estos elementos, es que las autoridades empiezan una “espiral” de cuidarse de no infringir normas de transparencia, pero olvidan o dejan en bajo nivel de prioridad el proveer a la ciudadanía con servicios públicos de excelencia. Total, dicen, casi nadie evalúa los resultados, y lo que hay que hacer es cuidarse de no cometer errores en materia de probidad y transparencia. Así, se genera una dieta desbalanceada: mucha transparencia y poco accountability o rendición de cuentas.

Se ha argumentado que aumentar los niveles de transparencia es clave para mejorar la deteriorada confianza que la ciudadanía tiene en sus instituciones y autoridades. Sin embargo, no es claro que mayor transparencia haya contribuido a mejor evaluación de las instituciones. De hecho, los resultados de las encuestas del CEP muestran una baja en dicha evaluación en los últimos años, justo cuando la nueva institucionalidad para la transparencia fue instalada en Chile. Sería un poco aventurado decir que la transparencia ha incidido negativamente en la evaluación de las instituciones, porque hay muchas otras cosas que están pasando y que pueden incidir en el juicio que los ciudadanos tengan de las instituciones chilenas, sean políticas, militares, religiosas o de otro tipo. Pero lo que sí pareciera estar claro es que con pura transparencia no basta para mejorar la evaluación y confianza de la gente en sus autoridades y en las instituciones.

Gobernar es mucho más que generar transparencia. Es identificar las prioridades de la ciudadanía y ofrecer respuestas concretas que sean, además, consistentes con las capacidades y recursos del país. De hecho, la ciudadanía lo está pidiendo. Una de las explicaciones que se ha dado para el triunfo de Sebastián Piñera en la reciente elección presidencial fue su capacidad de conectarse no tanto con las demandas de transparencia, sino con las demandas de solución de problemas cotidianos de las familias en materia de empleo, sueldos, salud, seguridad ciudadana y transporte, por mencionar algunos ejemplos.

Nuestro país es hoy un país de clase media, y esa clase media demanda cada vez mayores niveles de ingreso para su familia y mejor calidad en los servicios que provee el Estado. ¿Se logra eso con mayor transparencia? No basta. Se necesita excelencia en la gestión y orientación a buenos resultados.

¿Significa esto que hay que olvidarse de la demanda por transparencia? Para nada, pero sí hay que tener claro que ésa no puede ser la única cuestión a lograr. Es tiempo de balancear la dieta y revisar las prioridades. Es momento de iniciar una nueva etapa de excelencia en los servicios públicos y un empoderamiento ciudadano por mayor rendición de cuentas.

 

Ernesto Silva, abogado, master en Políticas Públicas (U. de Chicago) y doctor en Ciencia Política (U. Autónoma de Madrid)

 

 

FOTO: VICTOR PEREZ/AGENCIAUNO