En un hipotético escenario en el que primara el rigor, lo razonable hubiese sido el rechazo definitivo de la reforma a la educación superior, considerando el cúmulo de comentarios negativos que durante ocho meses recibió tanto de parlamentarios de Gobierno como de oposición, así como de rectores, académicos y expertos.
Publicado el 24.04.2017
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A los pocos días de haberse rechazado por la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados el proyecto de ley sobre educación superior del Gobierno, éste fue aprobado en general por la sala, aunque esta vez con el voto a favor de quienes lo habían descalificado horas antes. Bastante curioso, si se considera que nada cambió entre una votación y otra que justifique un giro tan radical.

En un hipotético escenario en el que primara el rigor, lo razonable hubiese sido el rechazo definitivo de la iniciativa, considerando el cúmulo de comentarios negativos que durante ocho meses recibió tanto de parlamentarios de Gobierno como de oposición, así como de rectores, académicos y expertos. En ese sentido, cabe destacar la postura de los diputados de Chile Vamos, quienes identificaron oportunamente los riesgos que el proyecto tiene para la calidad y diversidad del sistema, y fueron capaces de resistir desde un principio la tentación de sumarse a la populista e inviable promesa de la gratuidad universal.

En el caso de los diputados afines a la Nueva Mayoría, primó la obligación de apoyar la gratuidad universal como uno de los ejes emblemáticos del programa de gobierno que les sirvió de base para ser elegidos, aun sabiendo (o debiendo saber) que no es posible ni conveniente implementarla. Con todo, el inconformismo con el proyecto en este sector tiene distintas razones, que van desde un atisbo de responsabilidad fiscal en el caso de los más moderados, hasta exigencias de cambios más profundos en cuanto a la asfixia del sector privado, en el caso del Partido Comunista o el Frente Amplio.

Así, una de las principales exigencias de la izquierda más extrema que apoya al Gobierno fue la eliminación del Crédito con Aval del Estado (CAE). Cabe recordar que ese instrumento ha permitido a 700 mil jóvenes acceder a la educación superior y que fue perfeccionado bajo el gobierno de Sebastián Piñera para evitar que quienes lo tienen sufran las consecuencias del sobreendeudamiento, lo que se concretó bajando la tasa de interés y estableciendo la seguridad deque nunca la cuota excederá del 10% de los ingresos de quien debe pagar.

La ministra de Educación ya había dicho que el CAE sería reemplazado por otro crédito —con igual propósito, pero sin la intermediación de los bancos—, siguiendo la línea de un proyecto de ley que el Presidente Piñera presentó en 2012 pero que, en ese entonces, no resultó del agrado de quienes hoy lo promueven. Para los diputados Vallejo y Jackson, lo señalado por la ministra no fue suficiente y condicionaron su voto a que se explicitara por el Gobierno la eliminación del instrumento. Lo interesante es que la ministra se mantuvo firme en su posición y el día de la votación se limitó a reiterar lo que ya había dicho, esto es que el CAE sería reemplazado, pero en esta oportunidad los diputados díscolos votaron a favor.

Si queremos ser justos con Vallejo y Jackson, debemos pensar que escucharon una cosa distinta a lo que la ministra señaló y, por eso, votaron esta vez a favor el proyecto. Pero la verdad es que esto genera una dificultad tremenda, toda vez que evidentemente se trata de posiciones contrapuestas e irreconciliables. El Gobierno, en una especie de intervalo lúcido dentro de tanta improvisación, sugiere mantener el sistema de crédito con todas sus características salvo la administración de la banca; por otro lado, un grupo de parlamentarios señala que no descansará hasta constatar su eliminación. Claro está que sin los votos de esos parlamentarios, la reforma a la educación que La Moneda promueve no verá jamás la luz. Mientras tanto, reina la incertidumbre en el sistema de educación superior.

 

Raúl Figueroa Salas, director ejecutivo Acción Educar

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO